Literalmente pasamos de que el matrimonio fuera considerado un vínculo indisoluble donde la idea de separarse legalmente no solo era mal vista, sino que directamente no existía, al divorcio y ahora a que incluso pocas personas elijan casarse.
Pese a ese tránsito cultural y social que sin duda es inevitable, hubo un momento clave en la historia en que ese paradigma empezó a romperse. El día en que el divorcio se volvió legal marcó un antes y un después en la vida de muchas personas.
El divorcio, un pedido incómodo para la época, pero se hizo historia
Durante gran parte del siglo XX, en Argentina, las parejas que querían separarse no podían volver a casarse. Existía la figura de la “separación personal”, pero no el divorcio vincular, es decir, la posibilidad de disolver legalmente el matrimonio.
Para muchos, permitir el divorcio era visto como una amenaza a la familia tradicional. Sin embargo, la realidad mostraba otra cosa: relaciones rotas, vidas paralizadas y personas obligadas a permanecer unidas solo por una imposición legal, mala vida, poca felicidad y así podemos seguir infinitamente.
El cambio llegó en 1987, cuando se sancionó la Ley de Divorcio Vincular en Argentina durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Entonces, por primera vez, las personas podían "romper" legalmente su matrimonio y volver a casarse.
Si bien la medida fue un gran progreso para el país, algunos la celebraban como un avance en libertad individual, pero otros la seguían viendo con malos ojos por considerarla un golpe a los valores tradicionales.
A pesar de su polémica, la ley avanzó y literalmente cambió para siempre la vida de millones de argentinos. Con el tiempo, incluso se simplificaron los procesos. Hoy, es posible divorciarse de manera más rápida y con menor conflicto y además, sentó las bases para nuevas reformas en materia de derechos civiles y de familia, como la ley de matrimonio igualitario en 2010 y el nuevo Código Civil y Comercial de 2015, que incorporó el divorcio express y amplió los derechos de los convivientes.
Así es como este día que hizo historia transformó un simple pedido en un derecho que entiende el matrimonio como una elección y no como una imposición permanente.






