Expertos analizaron los restos de un pequeño neandertal en la cueva de Amud, situada en el norte de Israel. Este individuo, conocido como Amud 7, conservaba piezas del cráneo, costillas y extremidades que permitieron un descubrimiento sobre la evolución de la especie. Los científicos determinaron la edad exacta mediante las líneas de crecimiento de los dientes, las cuales funcionan como un reloj biológico preciso.
El descubrimiento de cómo cambiamos: los bebés neandertales crecían mucho más rápido que los actuales
Un reciente descubrimiento revela que los lactantes neandertales alcanzaban el tamaño corporal de un niño moderno de un año con apenas seis meses de vida
Aunque la dentadura indicaba una edad de seis meses, el tamaño de sus brazos y piernas coincidía con el de un humano actual de catorce meses. Este hallazgo sugiere que el desarrollo físico acelerado era una característica común en estos parientes extintos. El volumen del cerebro también mostraba un avance superior al esperado para un tiempo tan corto de vida fuera del útero materno.
Necesidades energéticas en los niños
El crecimiento veloz de los niños neandertales implicaba un alto costo de energía para sus familias. Un cerebro en expansión junto a un cuerpo que gana volumen rápidamente requiere una alimentación constante y calórica. Investigaciones previas señalan que estos lactantes comenzaban a probar alimentos sólidos apenas cumplían los cinco meses. La leche materna dejaba de ser suficiente debido a las altas exigencias del metabolismo.
El clima frío de la época pudo favorecer este proceso físico. Los cuerpos más grandes retienen mejor el calor, una ventaja vital para los niños que enfrentaban temperaturas extremas. Sin embargo, esta condición obligaba a los cuidadores a buscar comida de forma más intensa. La supervivencia dependía de un equilibrio delicado entre el desarrollo biológico y la disponibilidad de recursos en el entorno.
Diferencias en la evolución humana
Los neandertales poseían un ritmo de vida muy distinto al de los humanos modernos. Mientras que nuestra especie apuesta por una infancia larga y lenta, ellos invertían mucha energía durante los primeros meses. Este camino evolutivo permitía que los jóvenes estuvieran listos para las demandas de un paisaje hostil en menos tiempo. Las diferencias en la crianza marcaron el destino de cada grupo.
El análisis de otros restos en España refuerza la idea de que los neandertales tenían tiempos de maduración particulares. En El Sidrón, algunos esqueletos juveniles mostraron que el desarrollo del cerebro continuaba incluso después que en el humano moderno. Estos datos impiden afirmar que simplemente crecían más rápido en todas las etapas, sino que su calendario biológico seguía reglas propias.






