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El comedor Horneritos, una iniciativa solidaria para que coman 200 familias de Las Heras

Gabriela Carmona es la fundadora del comedor Horneritos, en Las Heras. Empezó con esta tarea social en plena pandemia. Hoy no da abasto con las viandas

Cuando en marzo del 2020 el país entró en la cuarentena estricta por la pandemia de Covid-19, Gabriela Carmona trabajaba como celadora en una escuela. Supo que su trabajo se suspendería unos meses y sintió que no podía quedarse de brazos cruzados, que tenía que colaborar. Lo que decidió fue darle una mano a familias de El Algarrobal, Las Heras. donde ella también vive. Así, a través del comedor Horneritos asistió a personas que no pudieron seguir con sus trabajos, porque muchas de ellas se desempeñaban en los hornos de ladrillos, y se quedaron sin la entrada de dinero diaria con la que subsistían, ya que la construcción paró y los ladrillos dejaron de venderse.

Pero también se encontró con otras, muchas historias.

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La gente del Horneritos trabajando duro, porque el hambre es urgente, es ahora.

La gente del Horneritos trabajando duro, porque el hambre es urgente, es ahora.

Hombres que hacían changas y ya no tenían a quién ofrecérselas, y no podían viajar en colectivo.

Mujeres que trabajaban como empleadas domésticas y con la pandemia, los dueños de las casas les dijeron que no fueran más, que era peligroso.

Niños y niñas para los que el confinamiento fue más desamparo y más hambre.

En esos tiempos, Gabriela abrió en su casa el comedor Horneritos, solo para ayudar a diez familias que no llegaban a cubrir los alimentos del mes con el dinero que conseguían para vivir. Sin embargo, una vez que la gente comenzó a contar lo que recibían en el comedor, se les sumaron muchas familias. Así, de ese humilde proyecto de ayudar a unas pocas personas, dos veces por semana, hoy Gabriela y los otros once integrantes del comedor Horneritos, cocinan para dar asistencia alimentaria a 200 familias de El Algarrobal es decir, unas 800 personas de las barriadas cercanas a la suya. Esto sin ningún tipo de ayuda estatal o de ONG. Solamente con el propio esfuerzo de Gabriela, su familia, y un grupo de vecinos y vecinas.

"Tenemos un grupo de colaboradores, que nos aportan los alimentos para preparar las viandas, pero todo es poco en esta época, hay muchísima necesidad".

Lo que ella pide para el comedor es que el Estado -provincial o municipal- se comprometan a donar los alimentos en forma periódica, para que ella pueda cocinarles, como siempre lo hace, pero evitando la angustia de no saber con qué le dará de comer a tanta gente.

Hay anotadas 800 personas que se van a llevar viandas. Tengo un grupo de Whatsapp para ver quién va a retirar la comida, pero todos los martes y jueves me llega más gente de la que teníamos registrada. A ellos los tenemos que hacer esperar para entregarles la comida. Hay anotadas 800 personas que se van a llevar viandas. Tengo un grupo de Whatsapp para ver quién va a retirar la comida, pero todos los martes y jueves me llega más gente de la que teníamos registrada. A ellos los tenemos que hacer esperar para entregarles la comida.

Un desafío diario

Para Gabriela, cada martes y jueves son nuevos desafíos que afrontar. "A veces pienso con qué le voy a hacer de comer a toda la gente que viene. Hubo momentos en los que parecía que no íbamos a poder seguir, pero hasta ahora hemos podido hacerlo"

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Gabriela Carmona, el alma máter del comedor

Gabriela Carmona, el alma máter del comedor

Cuenta, además, que para armar las viandas, cada semana le piden diferentes productos a una parte de los colaboradores, mientras que a otro grupo se lo deja descansar para que colabore durante la próxima semana.

"Nos traen leche, azúcar, harina y verduras. Hace poco nos donaron muchas bolsas de harina, y ahora hemos conseguido que tres panaderías nos ayuden a cocinar las tortitas y el pan que consumen los niños, porque es mucho y no damos abasto ni tenemos suficiente lugar para cocinarlo"

Aunque es muy optimista, Gabriela reconoce que muchas veces se ha sentido desalentada. "Una vez con mi compañera Andrea -una de las personas que la asiste en el comedor- nos pusimos a llorar, no teníamos nada para cocinar. Así estuvimos tres semanas. Pero no nos dimos por vencidas".

En esa oportunidad tan desesperante, Gabriela no dejó de colaborar con la alimentación de las familias con las que se ha comprometido.

Como no podíamos repartir las viandas, salimos a buscar a la gente más necesitada en El Algarrobal, a los que hacía meses que no trabajaban por la pandemia. Fuimos y les llevamos lo que pudimos

Es que para Gabriela, lo más importante es que antes de dormir, las familias con las que colabora hayan comido algo. y esto no es una simple metáfora ni una afirmación retórica: "Yo decidí repartir las viandas a la noche, porque es la hora que está toda la familia en la casa, cuando los niños hacen las tareas y no puedo pensar en que la gente se acueste sin comer. Más en invierno. Hacemos esto para que tengan una comida caliente a la hora de la cena".

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Comidas milagrosas

La mujer que convirtió su casa familiar en un lugar en donde la solidaridad se cocina a fuego lento, transformada en sopas y guisos, grandes ollas de mate cocido y montañas de panes y tortitas, no para de sumar anécdotas a la experiencia que hace más de un año decidió llevar adelante, y que ahora se transformó en un compromiso ineludible con más de 200 familias de El Algarrobal.

"Aunque la incertidumbre nos ponga a prueba cada semana, a veces nos pasan cosas que solamente podemos explicar pensando en que son milagros".

Gabriela recuerda dos de estos instantes que para ella fueron eternos.

"Una vez vino el cantante Cristian Estrella y nos donó 10 bolsas de harina. No lo podíamos creer, ese día hicimos 600 canelones. Pasamos de tener 8 o 10 familias a las que entregarles una vianda, a tener 200, en un solo día"

También contó acerca del día en que, como en el relato bíblico, "se multiplicaron los panes y los peces".

"En otra oportunidad, nos donaron 150 kilos de pescado. A esto, se le sumó el apoyo del panadero Cristián Di Betta, que nos donó el pan. Ese día fue una fiesta, la gente estaba tan contenta, no lo podían creer".

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El hambre tiene el rostro de un niño

"Es honra de los hombres proteger lo que crece, cuidar que no haya infancia dispersa por las calles, evitar que naufrague su corazón de barco, su increíble aventura de pan y chocolate poniéndole una estrella en el sitio del hambre. De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo ensayar en la Tierra la alegría y el canto, porque de nada vale si hay un niño en la calle", escribió el poeta Armando Tejada Gómez. Esta es la realidad que, día a día, personas como Gabriela y toda la gente del Horneritos, busca combatir.

"Acá vemos gente con hambre, no es una frase hecha, es la realidad de todos los días" cuenta Gabrierla e inmediatamente recuerda a los 7 hermanitos que trabajan.

No sabe sus nombres. ni la dirección exacta en donde viven. Sabe que están cerca del comedor, porque vienen todos, desde el más grande al más chiquito, a buscar la comida.

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"Siete, son. siete -repite Gabriela como quien quiere remarcar la realidad para terminar de creerla- viven con los tíos. Todos trabajan, venden tortitas, bah, lo que pueden. Ya les he dicho yo a los grandes que no manden a los chiquitos a buscar la comida, ¡a mí me da un miedo que se quemen!. Pero vienen igual, vienen porque tienen hambre"

También explicó que viene mucha gente a buscar lo que sea que se pueda comer. Literalmente, lo que les hayan donado.

"Así sepan que solamente vamos a repartir camotes, vienen. Y no solo los de nuestro barrio, vienen de 9 barrios cercanos, a veces caminan tres o cuatro kilómetros, solo para buscar una vianda. o cuando no hay nada, se ponen en lista de espera para ver si alguien falta, y se llevan esa comida. Nos da pena porque algunos no quieren que otra gente se entere del comedor, porque tienen miedo de que les falte comida para ellos. Cuando no les podemos dar nada, les damos fideos y una salsa. Lo que tenemos".

No siempre pasa, pero cuando en el Horneritos hay cosas para merendar, también preparan el té.

"Lo hacemos porque sabemos que a esa hora llegan los chicos de la escuela. Hacemos unas ollas grandes de yerbeado, les damos en una botella de plástico para que se lo lleven a su casa y puedan tomarse algo calentito. Les damos las tortitas, el dulce, lo que hay. y la gente se va muy agradecida".

Gabriela piensa mucho en el hambre de los chicos.

En que con hambre no pueden hacer las tareas.

Ni ver los dibujitos.

Ni reírse fuerte.

Con hambre no hay imaginación que valga. El ruido que la panza hace cuando está vacía espanta a los sueños.

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La ayuda tiene que llegar

Por todo esto, para la gente a la que ayuda, Gabriela ha armado un tremendo "dream team", son superhéores. Pero como todos los seres extraordinarios, también necesitan ayuda.

Si bien no dejó de reconocer a la gente que colabora con el comedor -al menos son 20 colaboradores, algunos asisten al Horneritos en forma permanente, y otros donan esporádicamente, según lo que tienen y pueden- también explicó que la incertidumbre de no saber qué cocinarán cada semana, les tiene el corazón en vilo.

El municipio nos da una mano con la merienda, nos donan dulce, leche, azúcar, yerbitas y té. Pero lo que nos donan nos alcanza para una o dos meriendas, lo que necesitamos es una asistencia constante, porque nosotros no le podemos negar la comida a nadie El municipio nos da una mano con la merienda, nos donan dulce, leche, azúcar, yerbitas y té. Pero lo que nos donan nos alcanza para una o dos meriendas, lo que necesitamos es una asistencia constante, porque nosotros no le podemos negar la comida a nadie

Destacó, además, que el comedor no es idea ni iniciativa de ningún partido político, solamente de ella, su familia y un grupo de vecinos del barrio El Portal.

"Nosotros les pedimos que vengan y que vean lo que hacemos, que nos ayuden, y que vean las dos cuadras de cola que se forman los días que entregamos viandas. Les decimos porque entendemos que muchas personas han perdido la confianza y no quieren o no se animan a donar. Por eso, queremos que compartan con nosotros lo que se siente al ver que la gente que viene con hambre, se va con su comida a la casa, y sabe que esa noche, no se acuesta sin cenar".

Para colaborar

Quienes puedan y quieran donar su tiempo, alimentos o algún tipo de sostén económico, pueden comunicarse con Gabriela Carmona, por teléfono o whatsapp. El número es 2613136783 y a través de la página de Facebook

Comedor y Merendero Hornerito. Mendoza

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