Quienes por nuestro trabajo hemos podido vivirlo en carne propia, sabemos de la belleza que se disfruta y la emoción que se vive en un hipódromo. Ni hablar de quienes lo hacen por pasión. Nada se iguala al final cerrado de un clásico, al paseo y a la premiación. Pero esa belleza estética es sólo la punta del iceberg de una actividad que por sí sola genera sustento a cientos de familias en forma directa o indirecta. Hoy esa actividad vive uno de sus peores momentos debido a la pandemia, y al cierre primero, y luego a la apertura parcial -sólo para entrenar- del hipódromo, donde muchos han visto reducidos al mínimo sus ingresos, y otros, a cero.
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Cuando el Estado Nacional decretó el 20 de marzo la cuarentena obligatoria con el DNU 297/2020, de inmediato tuvo eco en Mendoza, y el Instituto Provincial de Juegos y Casino (IPJyC) dio por cerrado el hipódromo de calle Montes de Oca, Godoy Cruz, permitiendo sólo "una guardia mínima para la alimentación y cuidado de los animales".
"Nuestra situación es muy difícil, los cuidadores tenemos un mínimo ingreso, por la pensión que pagan los dueños de los caballos, pero lo que son jockeys y peones, no tienen forma de cobrar un centavo, ya que viven de los premios", explicó el conocido jockey (y también cuidador) Sergio Gringo Fernández, ganador de la "estadística" (jinete con más triunfos en el año) en 11 oportunidades.
El mundo del turf, del que subsisten -vivir es un eufemeismo- muchas familias en el país y en Mendoza, tiene muchos trabajadores involucrados. De parte del equino, se cuentan, el cuidador, el peón, el varedor, además del veterinario y el herrero. También, ya en la competencia está el jockey (a veces hace también de vareador); y luego está la gente del hipódromo en sí: administración, Comisión de Carreras (Comisariato), vendedores de boletos, seguridad, limpieza, locutor, relator oficial, sistema de circuito cerrado de TV, entre los principales.
Los trabajadores del hipódromo, tienen un sindicato, que es la UTTA (Unión de Trabajadores del Turf y Afines) y que tienen como delegado -es miembro del Consejo Directivo)- a un referente de la actividad, y que este año cumple 41 años en la arena de la Catedral: Rodolfo Tito Guayama, que comentó su visión.
Los que están en el entorno del turf
"Esta cuarentena los está matando", expresó lacónico Tito Guayama, respecto a la situación de los trabajadores. "Del gobierno les dieron una ayuda con unos bolsones de alimento. Nosotros desde la UTTA, a los empleados de los domingos (trabajan eventualmente cuando hay reuniones), que trabajan en el pesaje, vendiendo boletos, están en las gateras, y que están afiliados, les dimos también un bolsón de alimentos", agregó el también integrante de la Comisión de Carreras.
"Esta gente ya lleva casi tres meses sin reuniones y no cobran. Ellos están tercerizados, no son empleados del Instituto, y aunque deberían cobrar, no les pagan. Esto es algo que la UTTA va a reclamar, pero la situación está difícil para todos y es complicado exigir eso", detalló el representante de este sector de empleados del turf.
"Empleados del Hipódromo y del Instituto de Juegos y Casino sólo somos cuatro, y que estamos desde la época en que administraba el hipódromo el Jockey Club. Quedamos Jorge Domínguez, el anunciador; dos de mantenimiento, y yo. Nosotros seguimos cobrando un sueldo, y por eso estamos más aliviado", explicó Guayama.
Por otro lado, un especialista y veterano en la actividad analizó la situación del "deporte de los reyes". "La situación es complicada, nada fácil. Ya se llegó a un tope, y hay que pensar en el camino de regreso; en cómo volver a la actividad. Hay que sentarse en una mesa con todos los que tienen que ver con el turf y hablar de esto”, dijo el periodista y asesor del hipódromo, Sebastián Cutugno.
"Somos muchos los que queremos que vuelva la actividad, pocos los que toman decisiones, y si se equivocan, puede salir muy caro. En Buenos Aires están más complicados que acá, y estamos más cerca nosotros de retomar la actividad que los hipódromos centrales (Palermo y San Isidro). Los que han trabajado en un protocolo autorizado por la Municipalidad y están listos para dar el puntapié inicial son los del hipódromo de Río Cuarto. Les falta sólo la autorización del Comité de Emergencia de la provincia (de Córdoba) para arrancar", informó el director de la revista Alma Burrera.
La angustia que se vive desde los studs
Hay otros actores, los principales de la historia que vive esta industria sin chimeneas que es el turf, y son los que trabajan directamente con el animal, están en el día a día, y son los cuidadores, quienes tienen la responsabilidad de mantener sano y competitivo al montado. Viven -y se han criado- en el propio circo hípico, y tienen en los boxes de sus studs a los pensionistas de cuatro patas. Hoy viven con angustia la inactividad, ya que les reporta la mengua de sus ingresos y proyecta oscuras sombras sobre el futuro, en caso de que no se retome la actividad pronto.
El apellido Rivamar es sinónimo de turf, y también de éxitos. Del cuidado del ex encumbrado jockey y actual entrenador Enrique Rivamar, salen muchos ganadores de los grandes clásicos. "Gracias a dios, tenemos la suerte que los propietarios nos ayudan al seguir pagando las pensiones (costo por el alojamiento, comida y cuidado del equino). Se han portado bien y no se han llevado los caballos al campo y confían en el trabajo de nosotros", comenzó contando Enrique.
Sin embargo, los ingresos son mínimos y así lo explica el entrenador del recordado Pixar: "El caballo de carreras nos deja a cada uno cerca de 1.300 pesos en limpio (por mes) por lo que llamamos la pensión. De ahí nosotros pagamos al peón, el herraje, la cama, la viruta, la avena y el pasto, y el seguro del peón. Esto no es nada; nosotros vivimos de la comisión y un porcentaje de los premios cuando gana el caballo, que es del 30%. Si entra segundo, tercero cuarto, tenés también algo para cobrar; vos el peón y el capataz. Estamos pasando una situación muy jodida", dijo Rabanito Rivamar.
Luego Enrique tuvo una crítica muy aguda respecto a la conducción del hipódromo mendocino. "Tenemos otro problema. La gente del Casino (IPJC) sólo dejan entrar a 11 jockeys, y les tenemos que pagar el seguro nosotros los cuidadores, dijeron que podían entrar sólo a varear, pero nos teníamos que hacer responsables nosotros. Nos pareció una medida arbitraria y cara: cada jockey nos costó 19.800 pesos cada uno", detalló el especialista.
"Estamos muy disconformes con estas autoridades, ya llevamos ocho años y no vemos ningún crecimiento. Está bien que hay problemas, pero los dirigentes nos tienen que defender, tienen que defender la actividad", concluyó Rivamar.
Otro referente en cuanto a los establecimientos donde se cuidan y preparan los grandes campeones de nuestro turf, es Ramón Abrales, quien coincidió con su colega en cuanto a lo dramático de la situación.
"Resulta que nos ponen miles de trabas para poder entrar a trabajar al hipódromo, donde tenemos la actividad al aire libre y muy poco contacto con otras personas, nada que ver, por ejemplo, con los supermercados o negocios, donde se amontonan como cien personas”, se quejó el reconocido cuidador.
"Hay otro problema más grave, y es el que no les permiten la entrada a los propietarios, que son los que ponen el dinero para que esta actividad funcione. Si se van, esto se cae", dijo Ramón.
"La situación está jodida. Yo el año pasado tenía 30 caballos para cuidar, con una pensión de unos mil pesos cada uno. Ahora me han quedado 16, Hay que sacar la cuenta si se puede vivir con 16 mil pesos. Encima somos dos familias, ya que yo trabajo con mi hijo a la par. Encima no tenemos ingresos de comisiones (por premios)", explicó Abrales, quien trabaja desde 1963 en esta actividad. Luego agregó: "No es culpa del gobierno ni del Casino esta situación, no vamos a ser tan necios de pensar eso, pero creo que la dirigencia del hipódromo tiene que usar más la imaginación y buscarle una salida a esta situación. Para eso estamos los que llevamos mucho tiempo en esto, que nos pregunten, y entre todos podemos buscar ideas y soluciones. Me parece que desde el gobierno no le dejan mucho para hacer al gerente del hipódromo de todos modos", cerró.
Sólo trabajan 10 jockeys vareando
Otro referente, y que tiene una amplia visión sobre la situación, en su doble función como jockey y entrenador, es Sergio Fernández, múltiple ganador de la estadística (años 2003/05/07/09/10/12/13/14/15/16 y 2019), con un total de 267 triunfos.
La situación, como yo la veo, está mala para todos, y sin carreras, más nosotros los del turf. Tenemos que trabajar en malas condiciones, ya que nos sacaron jockeys, personal del stud, nos achicaron las horas de trabajo (de 9 a 16), no dejan entrar a los patrones (propietarios) y así. Yo lo vivo de las dos maneras, como jockey y como cuidador.
Los cuidadores lo vivimos de una forma malísima. He charlado con la gente del Casino, con (José Luis) Sgroy (gerente del hipódromo) para que nos den bola, y la verdad es que es muy poca la que nos dan. Me parece que a la gente del hipódromo les han sacado poder y no pueden decidir nada", especuló el Gringuito.
"Nos han prohibido la entrada de los patrones. Ponen plata en algo que no pueden ver, gastan lo mismo que si estuviéramos corriendo, y no corremos. Se abren los negocios del centro, los shoppings, los supermercados, pero el hipódromo, para que entren, con todos los cuidados y por número de documento, ¡y así tampoco se puede!", se quejó el encumbrado jinete.
"Solo permiten viernes y sábado, una hora. Así se les hace muy difícil venir, y para nosotros cobrarles. Tampoco les podemos mostrar sus caballos. Van a pensar que están tirando la plata", agregó preocupado Fernández.
"Desde el punto de vista de los jockeys, estamos realmente muy mal. Son los que peor están. Ellos viven de comisiones. No tienen sueldo la mayoría -somos dos o tres los que tenemos suelo-. Trabajamos en forma particular", informó Fernández sobre la situación de sus colegas.
"Cuando comenzó la pandemia dijeron que iban a parar diez o quince días hasta que pasara. Pasó mucho más tiempo, y cuando volvimos (hace casi un mes y medio), nos redujeron el personal a diez y las horas de cancha. Trabajamos más y peor", disparó Sergio.
"La mayoría cobra por entrenar cerca de 200 pesos por semana, por caballo. Hacen el vareo de diez y 15 caballos, y con eso, por lo menos se llevan 2.000 pesos a la casa. Pero ahora sólo entran diez, y el resto no puede ganar nada. Eso es muy malo ya que no tienen otra entrada la mayoría, y si se van a trabajar a otra cosa, no pueden correr, ya que hay que varear para correr", concluyó el jockey y entrador Sergio Fernández, quien como sus colegas y toda la gente del turf espera el reinicio de las competencias.



