En un lunes cargado de especulaciones por los vaivenes económicos y las señales que no terminan de consolidarse, los argentinos vuelven a mirar de reojo al dólar. Mientras el mercado se acomoda entre rumores, posteos y pantallazos de casas de cambio, en los barrios también se vive otra clase de cotización: la del sentido común, la incertidumbre y hasta el humor involuntario.
Natacha Palomo, abogada, es vecina de un barrio donde los intercambios monetarios se dan, en parte, a través de un grupo de WhatsApp que se llama “Dólar u otra moneda valor intermedio”. Allí, con total honestidad, este lunes preguntó: “¿Me dirían a cuánto está el dólar hoy? Necesito vender 1.000”. Luego ofreció los billetes a valor intermedio: 1.270 pesos.
Pero lo más valioso no fue la cifra, sino la reflexión que le despertó esta dinámica. “¿Qué te puedo contar desde la mirada humana en medio de esta situación del país? La verdad es que llega un momento en que parece que se está jugando una partida en el estanciero, porque es una apuesta constante, sobre todo para alguien que no está dentro del tema”, arranca su testimonio con una mezcla de perplejidad, humor y resignación.
“Hay cantidad de gente que está metida con el cambio, con esto, con aquello, con la cosa financiera. Y la verdad es que una, cuando está afuera, lo vive... con adrenalina. Ya roza lo grotesco, gracioso. Yo, por ejemplo, desde que vivo acá en el barrio, me informo un poquito más porque existe el grupo. Ves la gente que comenta, que dice que el dólar, que esto, que aquello, que vende, que compra, que ofrece. Te vas a un café y escuchás los grupos de personas hablando de Milei, del dólar, de Cristina... y están los que dicen que se está destruyendo el país, otros que dicen que se va al carajo el dólar y otros que dicen que éste va a arreglar todo. Es como una apuesta constante”, reflexiona.
"Lo tomo como si fuera un juego"
Con tono descontracturado, Natacha comparte cómo lo vive ella, desde una situación muy concreta. “He estado en medio de unas operaciones y realmente es como decir: a ver, si uno no se lo toma como si fuese literalmente un juego… yo siento que estoy en el casino. Aposté y dije: ‘Ah, bueno, no, mejor cambio el dólar… no, mejor no lo cambio. Voy a esperar un poquito porque está subiendo…’. Todo el mundo dice que va a subir. Y resulta que al otro día te encontrás con que no es que bajó dos puntos, ¡se reventó! Y al otro día subió, de repente, triplicó la placa. Si hubieses cambiado, tendrías dos veces más. Y es tan delirante que mientras más te metés, más loco quedás”, reflexiona.
Frente a este panorama, su conclusión tiene algo de sabiduría cotidiana: “Entonces yo opto por sentir que es una especie de juego, que estoy jugando al estanciero, que estoy metida en un casino. Aposté, y bueno, perdí. ¿Qué voy a hacer? ¿Voy a suspender la vida? ¿Voy a dejar de hacer las operaciones que tengo que hacer? ¿Voy a quedar congelada hasta que me digan ‘esto va a seguir así’? Cosa imposible en este país”.
Y cierra, con una especie de guiño filosófico: “Es como entrar en esa especulación, es un delirio, literal, una apuesta. Es una decisión personal y por eso me imagino que estoy jugando y lo tomo como tal. Soy ignorante en economía y mientras más me meto, menos entiendo”.



