Ya es un lugar común y frase remanida decir que la pandemia llegó para cambiar nuestros hábitos, pero por sobre todo, es vigente y pertinente. Este es un domingo de Día de la Madre inédito, ya que las restricciones y distanciamiento social no permiten la reunión hogareña para agasajar a la mamá. Sí están habilitados los restaurantes, con un límite de hasta seis personas por mesa, y hacia allí volcaron muchas familias para almorzar con quien les dio la vida. Desde hace varios días las obligadas reservaciones se agotaron, y los establecimientos gastronómicos se ven en esta fecha a pleno, ya que sólo pueden ocupar la mitad de su capacidad real.

Cerca de las 12 ya se veían muchas familias mendocinas haciendo un desayuno tardío, y ocupando a pleno sol las mesas de las veredas y agasajando a las mamás en su día. La jornada se presentó ideal para la salida, con un tiempo luminoso y con un calor agradable. Las flores abundaron en las mesas y le dieron colorido al mediodía primaveral.

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Respecto a los almuerzos, los mozos y encargados de los restaurantes de la ciudad capital confirmaron que tienen "el 100% de las reservas tomadas", pero en su gran mayoría desde las 14. Poco a poco se fueron llenando las mesas dispuestas y en la ciudad se volvió a ver un marco festivo en las calles.

Quienes fueron previsores pudieron elegir el establecimiento de su preferencia, y con el correr de las horas, por ejemplo el viernes, ya no quedaban muchas elecciones, y tuvieron que conformarse con lo que hubiera disponible.

En líneas generales, la mayoría respetó las medidas sanitarias, no superando los límites de cantidad de comensales por mesa, y el uso del barbijo, sacándoselo sólo para comer o beber, usando nuevamente en la previa y la sobremesa el tapaboca y aprovechando los dispensers de alcohol en gel para desinfectar sus manos.

Producción fotográfica: Martín Pravata.