El 3 de enero de 1833, el colonialismo inglés invadía por tercera vez nuestro territorio, aunque esta vez ya no pisaba una colonia española, sino un país soberano. Fuerzas británicas desembarcaban en las Islas Malvinas para su ocupación y posterior ocupación, sin declaración de guerra o explicación alguna. Hoy continúa atentando a la soberanía argentina a 187 años de esta acción criminal. A pesar de los reclamos diplomáticos, la dolorosa guerra, las reiteradas protestas ante los organismos internacionales que siguen sin respuestas.
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Aquel 3 de enero de 1833, la corbeta Clio de la Marina Real británica, apoyada por otro buque de guerra que se encontraba en las cercanías, mediante el uso de la fuerza y al ser superiores en número, exigieron la rendición y entrega de la plaza. Concretada la expulsión de las autoridades argentinas, el comandante Onslow de la nave británica dejó a uno de los pobladores de Puerto Soledad a cargo del pabellón y zarpó de regreso a su base. En 1834, el gobierno inglés asignó a un oficial de la Armada para que permaneciera en las islas y en 1841 tomaría la decisión de "colonizar" las Malvinas nombrando un "gobernador".
Esta usurpación de parte de un gobierno considerado "amigo" de nuestra república, fue inmediatamente rechazada y protestada. El 16 de enero de 1833, el gobierno argentino pidió explicaciones al Encargado de Negocios británico, que no estaba al tanto de la acción de los buques de su país. El 22 de enero, el Ministro de Relaciones Exteriores presentó una protesta ante el funcionario británico, que fue renovada y ampliada en reiteradas oportunidades por el representante argentino en Londres. Las presentaciones argentinas recibieron respuestas negativas de parte del gobierno del Reino Unido.
Aquí comenzó el peregrinaje de nuestra cuerpo consular buscando arbitrajes o la acción de organismos internacionales que tomaran carta en un asunto de probado ultraje, sin que encontrara respuesta hasta el día de hoy.
Desde 1810 nuestra naciente nación utilizó el concepto de uti possidetis iure que definía que las antiguas posesiones coloniales pasaban a ser parte del territorio de las naciones independizadas. La continuación del dominio de las islas, por la tradición de los títulos jurídicos de España en favor de las Provincias Unidas, habilitan a éstas a disponer esas medidas de administración y gobierno. Las diferentes provincias delegaron a la de Buenos Aires en las representaciones internacionales, y al mismo tiempo las Malvinas continuaban bajo administración de su gobernador, pese al abandono español.
Durante finales del siglo XVIII y comienzos del XIX las islas fueron el centro de un comercio lucrativo, pero a la vez ilegal, de caza de ballenas y focas llevado a cabo por marineros de Nueva Inglaterra, Gran Bretaña y Francia. Los cazadores de ballenas acampaban en las islas adyacentes, particularmente en la Isla de Goicoechea, donde carneaban gansos y otros aves para tenes provisiones, y a veces mataban ganado en la isla Soledad, reparaban sus barcos y trataban las carcasas de focas, lobos marinos, ballenas y pingüinos para obtener aceite.
El 2 de febrero de 1825, el Reino Unido firmó un tratado de amistad y comercio mediante el cual reconoció la independencia de las Provincias Unidas y, naturalmente, la existencia de un ámbito territorial propio de ella, incluyendo las Malvinas, que habían tomado posesión en 1820, y ejercido otros actos de soberanía incluyendo el nombramiento y la instalación de autoridades.
