El reciente descubrimiento de un yacimiento arqueológico en Annay-sous-Lens, en la región de Pas-de-Calais, aportó datos novedosos sobre la organización rural en la antigua Francia. Los trabajos, liderados por expertos del Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (Inrap), sacaron a la luz una vasta necrópolis y una vía de comunicación que perteneció al Imperio Romano. Estas estructuras permiten comprender mejor cómo se estructuraba el territorio durante los primeros siglos de nuestra era.
Descubrimiento de un pasado remoto en Francia: una necrópolis romana
Las excavaciones preventivas en el norte del país llevaron al descubrimiento de una importante zona de entierros y una calzada del siglo I en excelente estado
La investigación en el sitio denominado Le bois des mottes comenzó tras un diagnóstico realizado en el año 2022. La necesidad de construir nuevas viviendas en un terreno de casi diez mil metros cuadrados motivó la intervención de la arqueología preventiva. Durante la primavera de 2024, un equipo de especialistas trabajó en el área para rescatar los vestigios antes de que las obras modernas los afectaran. Los hallazgos confirmaron que el lugar funcionó como un centro de actividad humana desde la época de Roma.
Una calzada que conectaba asentamientos rurales
Entre los elementos más destacados de este descubrimiento figura una ruta de 155 metros de longitud. Esta vía secundaria facilitaba el tránsito entre las granjas locales y la carretera principal que unía las ciudades de Lens y Tournai. Aunque el paso del tiempo desgastó la superficie superior, todavía se observan las capas de piedra caliza compactada que servían de base. Las zanjas laterales, destinadas al drenaje de agua, muestran señales de limpieza constante por parte de los antiguos habitantes de esta zona de Francia.
En el sector este de la calzada, la arqueología identificó un cementerio con 38 estructuras dedicadas al descanso de los difuntos. La mayoría de los enterramientos consistieron en cremaciones del siglo I, donde las cenizas descansaban en fosas cuadrangulares junto a piezas de cerámica y ofrendas de alimento. Resultó llamativa la ubicación de dos piras funerarias dentro del mismo recinto, una práctica poco habitual en los asentamientos de Roma, ya que estos focos de fuego solían instalarse a mayor distancia de las tumbas por motivos de seguridad y salubridad.
Un hallazgo particular rompió la uniformidad del sitio: una tumba de inhumación aislada que data de los siglos III o IV. En este caso, el cuerpo se encontraba en un ataúd de madera del cual solo sobrevivieron los clavos de hierro. El ajuar incluía calzado, vasijas y dos monedas colocadas sobre los restos, siguiendo las costumbres tardías de la época imperial. Este entierro solitario plantea interrogantes sobre la ocupación del suelo en ese periodo específico.
Huellas de la historia moderna en el paisaje
El estudio del terreno también detectó cicatrices de conflictos más cercanos en el tiempo. Gran parte de las perturbaciones en el suelo correspondieron a pozos con escombros y alambre de espino de las guerras mundiales del siglo XX. Estas alteraciones dañaron algunos estratos antiguos, pero no impidieron la recuperación de la información valiosa sobre el pasado gálico. La presencia de antiguas excavaciones para la fabricación de ladrillos también modificó la topografía original del área.
Las tareas de análisis en el laboratorio continúan para precisar la cronología exacta de cada pieza recuperada. Los expertos buscan determinar si existieron otros caminos que se cruzaban en este punto estratégico. Los resultados obtenidos hasta ahora transformaron la visión que se tenía sobre este rincón del norte francés y su integración en las redes comerciales y sociales del mundo antiguo.



