Arqueología

Descubrimiento de un entierro nunca antes visto cerca del Mar Negro

Un asombroso descubrimiento arqueológico sacó a la luz un entierro sin precedentes. El suceso ocurrió en Turquía, cerca del Mar Negro

Un equipo de arqueólogos protagonizó un descubrimiento extraordinario en la antigua ciudad de Hadrianópolis. Los investigadores desenterraron una asombrosa tumba con mil setecientos cincuenta años de antigüedad durante las recientes tareas de excavación desarrolladas en la zona histórica.

La singular sepultura representa el primer caso documentado de una práctica funeraria muy particular en la región occidental interior del Mar Negro. Los expertos catalogaron el suceso arqueológico como un hito verdaderamente histórico para el territorio provincial de Karabük, ubicado en el interior de Turquía.

Un descubrimiento milenario

Los especialistas identificaron la tumba bajo la misteriosa categoría pithos. La modalidad consistía en depositar los restos humanos mortales dentro de una gigantesca jarra de almacenamiento, junto a diversas ofrendas ceremoniales. El esqueleto de la persona descansaba en perfecto estado rodeado por antiguos obsequios fúnebres.

El profesor Ersin Celikbas, director de las excavaciones arqueológicas, aportó valiosas precisiones sobre el particular hallazgo. "La tumba, al ser de tipo pithos, cobra mayor importancia porque no se encontró ninguna tumba de estas características en ningún estudio de superficie o excavación realizada hasta el momento en la región, especialmente en las zonas del interior del oeste del Mar Negro. Por lo tanto, la tumba también puede considerarse como una primicia", afirmó.

Algo nunca visto en el área

Uno de los artefactos que formaban parte del descubrimiento.

Uno de los artefactos que formaban parte del descubrimiento.

El interior del recipiente de arcilla milenario guardaba siete vasijas menores de estilo Terra Sigillata Póntica, una lámpara de aceite intacta, un cuchillo metálico, una antigua moneda romana, sumado a dos pequeñas horquillas talladas delicadamente en hueso animal.

La moneda recuperada facilitó enormemente el complejo trabajo de datación temporal. La pieza perteneció al emperador romano Probo, un mandatario de finales del siglo tercero. Además, los investigadores dedujeron a partir de las pequeñas horquillas para el cabello que el sorprendente entierro correspondía muy probablemente a una mujer.