¿Qué tan demente tenés que estar para darle un hachazo en la cabeza a una persona?

¿Qué nos está pasando como sociedad, viejo? ¿Qué nos pasa que nos calentamos por cualquier pavada? Nos calentamos por una mala maniobra en la calle, por una discusión política, por un partido de fútbol, dejamos de hablarnos por cualquier estupidez... estallamos por un mal arbitraje en un partido amateur y profesional o porque nos spoilearon una película. Pero más grave aún... ¿qué nos está pasando que no tenemos ni noción del daño que podemos hacer y hay gente que anda con un hacha, sí, con un hacha atacando a personas para robar?

¿En serio hay gente intentando asaltar con hacha en mano? Sí, en serio. Lo sufrió Andrés Gabrielli, periodista de Canal 7 y Radio Nihuil y columnista de este diario. Le podría haber pasado a cualquiera. Quizás también le pasó a otra gente y, si bien hallaron a los agresores (4) y fueron demorados, debieron ser liberados. ¿Pero qué tan falto de materia cerebral podés estar para tirarle un hachazo en la cabeza a otra persona? ¿Cómo se llega a semejante nivel de violencia?

Se sabe que la soga está al cuello para todos, con aumentos todos los días, con la guita que no alcanza, con el sueldo que se evapora cual agua en la pava, con la desesperanza que acecha y nos hace enojar cualquier estupidez. A veces sólo hace falta una chispa y explota la bomba. Pero pensemos dos segundos antes de estallar.

Y estas líneas no van porque le pasó a Gabrielli, una figura reconocida en Mendoza y un compañero de esta redacción. Podría haber sido Pepe Honguito o Juana Doe. No importa quién haya sido, pero todo tiene un límite.  

Da la sensación de que están volviendo a romper los códigos. Como alguna vez lo hicieron cuando mataron a la maestra Claudia Oroná, allá por 2004.  

Paremos un poco viejo. Piensen, señores amigos de lo ajeno y reflexionemos todos como sociedad. El que está enfrente también es un padre, un amigo, un tío, un abuelo, un primo o un hijo. Una madre, una amiga, una tía, una abuela, una prima y una hija. Es un ser humano y ni una bici, como la que le querían robar a Andrés ni un auto (como le quisieron robar a Claudia en 2004), ni 100 mil dólares valen una vida.  

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"Cuatro personas son una banda, y en esa zona (Dique Cipolletti hacia la rotonda de los bomberos de Luján) por la cantidad de gente que hay las personas andan relajadas. Cuento el modus operandi para que estén alerta. No es que me iban a robar, me iban a liquidar, son chacales", expresó Gabrielli en Radio Nihuil.

Gabrielli la cuenta de milagro. No se dio cuenta con qué le dieron, pudo mantener el equilibrio en su bici y escapó, directamente hacia un hospital donde le dieron 30 puntos. Lo podrían haber matado. ¡Fuerza Andrés! Y fuerza también para todos aquellos que han sufrido hechos menores o peores, que ya no tienen a sus familiares queridos por hechos como este o viven en sus "cárceles" modernas (léase hogares) y con "cuatro ojos" todos los días. 

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