Historia de vida

De empresario gastronómico a convertir chapas en objetos de arte

Fernando Montalto, emprendedor y organizador de eventos, se abrió paso en el mundo del arte. En pandemia, sus trabajos en metal fueron furor de ventas por internet

De niño, a Fernando Montalto (46) le gustaba ir a visitar el taller de cerámica de una amiga de su mamá, en la que sin darse cuenta y jugando, empezó a moldear dinosaurios. Sus obras fueron tan minuciosas y con tantos detalles, que rápidamente se hicieron famosas entre los asistentes al taller y así empezó a venderlas. Esas pequeñas obras de arte marcaron una historia de vida signada por la creatividad y la versatilidad para transformar el barro en un medio de vida.

Cuando creció, dejó de lado lo artístico para desarrollar la veta de empresario gastronómico y de eventos, que heredó de su padre, y se armó su propia empresa de organización de eventos. Sin embargo, paralelamente volvió a sentir que su inclinación artística lo interpelaba, y en la pandemia, imposibilitado de llevar adelante su trabajo habitual, se dedicó plenamente a trabajar el metal, una actividad que ya había explorado en años anteriores.

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Se unió al taller de metalurgia de su hermano, y decidió aprovechar todos los retazos de chapas que quedaban de los trabajos industriales. Así comenzó a fabricar enormes espejos, rejas ornamentales y algunos objetos funcionales, transformados a la luz de lo artístico.

Actualmente, los objetos decorativos y artesanales que Fernando fabrica, son un éxito de ventas en uno de los más conocidos portales de compras online. Esta es su historia.

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El cambio permanente

Las condiciones para la administración de negocios, Fernando las heredó de su padre, que toda la vida se dedicó a la hotelería y a la gastronomía.

A él el negocio familiar comenzó a gustarle desde la adolescencia, cuando en la temporada de verano el hotel familiar se llenaba de sus amigos que pasaban allí las vacaciones.

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De más grande, y ya buscando una salida laboral para su vida, comenzó a hacer relaciones públicas en boliches y pubs. Su gran talento lo llevó más allá de la cordillera, y se dedicó muchos años a ser RRPP de los conocidos boliches chilenos Kamikaze.

Sin embargo, y tal como él lo explica "un día me cansé de llenar de plata los boliches de los demás, y empecé con mis propios emprendimientos".

Ya entrenado en este rubro, Montalto concretó varias ideas que resultaron conceptos innovadores en la organización de eventos. Una de ellas fue el alquiler de barras de bar para fiestas, pero también comenzó a alquilar propiedades para realizar reuniones o fiestas. Llegó a tener cuatro casas, en distintos lugares del Gran Mendoza.

"Algunas noches tenía que organizar 2, 3 y hasta 4 fiestas, me iba realmente muy bien".

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Pero al mismo tiempo, también hubo problemas y debió abrevar en otras áreas. Una de ellas fue la gastronomía.

"Descubrí que tenía mucho talento y facilidad para hacer sushi, y me puse a fabricarlo yo. Después de un tiempo, me fue tan bien que decidí abrir un restaurante". Fernando abrió ese y otros restaurantes. y llegó un momento en que los frentes abiertos eran muchos, como también los problemas y preocupaciones que le generaban.

Pero la peor parte de la crisis llegó en el 2016, año en el que una serie de complicaciones lo obligaron a reinventarse casi desde cero y fue entonces que decidió explotar sus condiciones artísticas.

El arte salva

Cuando se quedó sin ninguna de sus empresas, Fernando decidió investigar qué nuevos emprendimientos realizar, porque su mente inquieta no lo dejaba descansar. Entre muchas posibilidades, se puso a estudiar cómo aprovechar el pantógrafo, una máquina que uno de sus hermanos que se dedica a la metalurgia posee en su taller y que se utiliza para realizar cortes de metal, pero a nivel industrial.

Sin embargo, él investigó cómo utilizarla para poder fabricar objetos decorativos con los retazos de las chapas que sobraban de las obras, y al ver que la intención "iba muy en serio" y no era tan solo un juego o un hobby de Fernando, su hermano adaptó la máquina para realizar cortes más pequeños y precisos.

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"Empecé fabricando algunas piezas pequeñas que sirvieran como regalos empresariales, pero después me di cuenta de que me gustaba mucho y que quería realizar otro tipo de objetos, que tuvieran una utilidad práctica, pero que fueran decorativos"

Así nacieron primero algunos cuadros, después rejas ornamentales, y más tarde espejos de grandes dimensiones. Estos últimos, durante el año y medio de pandemia, han sido furor de ventas en el portal de comercio online más conocido de la Argentina.

"La verdad es que vendimos muchísimo, tal es así que la empresa me eligió para destacar mi historia, porque no hay nadie que realice este tipo de trabajo artesanal, en las dimensiones que lo hago yo".

Actualmente, continúa con los emprendimientos gastronómicos, pero ha logrado sacar lo mejor de los retazos de chapa que sobran en el taller.

Esta cualidad para reinventarse, lo lleva a querer concretar nuevas ideas y a no tenerle miedo al cambio permanente.

"Nunca pienso en perder, sino en reconstruirme, y esto es algo que me gustaría enseñarles a mis hijas"