Los perros solo viven el presente, develan los estudios sobre el significado del comportamiento de las mascotas. Es decir, el rango de recuerdo de un perro a corto plazo es muy breve, razón por la que todo lo que no esté frente a él deja de existir momentáneamente. Pero, ¿cuánto tardaría en olvidarte para siempre?
Cabe destacar que tu perro no dispone de voluntad ni de fuerza mental para navegar por sus recuerdos e indagar o profundizar en ideas que no estén presentes, aunque sean cuestiones, personas o hechos con los que haya interactuado en las últimas horas.
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Ahora bien, aunque no estés en casa, tu perro puede acordarse de vos. Por ejemplo, lo hará cuando huela una prenda con tu olor. Instantáneamente, se traslada a tu tono de voz aun sin oírte, percibe lo protegido que se siente a tu lado, la sensación de hogar que le das y el concepto de familia/líder que sos para él.
Sin embargo, la mecha que detona ese recuerdo no es voluntaria, sino que se activa tras haber olido casualmente una de tus prendas. Y tampoco está claro que te recuerde como individuo, sino como un concepto sensitivo: alegría, seguridad, saciedad, juego... todo en la medida en la que existís para él.
¿Tu perro será capaz de reconocerte toda la vida?
Según diversos experimentos y estudios, los perros son capaces de reaccionar positivamente cuando se reencuentran con animales con los que han convivido y, de forma muy especial cuando lo hacen con sus antiguos dueños.
Entocnes, si fuiste dueño de un perro durante largo tiempo y por desventuras de la vida dejaste de convivir con él, aunque pasen los años, seguirá alegrándose al verte. Esto también ocurre con cuidadores esporádicos o amigos con los que pasen algún tiempo.
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¿Tu perro te recordará para siempre?
Sí lo hará. Pero será cada vez que olfatee algo relacionado con las vivencias que han tenido juntos, cuando volverá a su mente la percepción simbólica asociada a vos. Por ejemplo, tu perfume, tu crema de manos, el aroma de la casa, el parque por el que caminaban juntos...
Sin embargo hay muchos casos en los que los perros se han comportado de forma depresiva al fallecer su dueño, y han permanecido impasibles a la espera del regreso del ser querido que ya nunca volverá. Esto, que tiene una apariencia social muy humana, en el fondo es una traslación de lo que nosotros queremos ver.
Cuando el dueño de un perro fallece, el vínculo del perro con su rutina se trunca de forma radical. Si sigue viviendo en la misma casa olfateará las pertenencias del dueño pero no le encontrará, lo que generará una contradicción, algo así como una conducta previsible que no se acaba de completar: oler, pero no concluir en la persona que habitualmente generaba ese olor.
Además, la ruptura de rutinas al fallecer un dueño se hacen evidentes. Los perros no son animales de la casa (como los gatos) sino que pertenecen asociados a un líder, ellos nunca pierden de vista dónde está su humano de referencia, analizan los sonidos que describe en todo momento y hacen un seguimiento contínuo de cada uno de sus ritmos: sonoros, físicos y olfativos.
Cuando esos ritmos se truncan y desaparecen el perro puede quedar desorientado en algo que parece un shock, pero no es una cuestión personalista. Debe digerir (reaprender) que existen estímulos sensoriales (olores) y costumbres que dejan de ser coherentes, quien ahora es su nuevo humano de referencia tiene otra forma de actuar, otro olor y otro tono para referirse a él.




