En los cementerios más antiguos y tradicionales es habitual encontrar tumbas con símbolos pertenecientes a la masonería. No es una excepción ni un misterio: durante los siglos XIX y comienzos del XX, la masonería fue un espacio clave de sociabilidad, pensamiento político y construcción institucional.
Profesores, médicos, comerciantes, juristas y gobernadores formaron parte de logias que promovían ideas como la educación laica, el progreso científico y la organización republicana del Estado.
En ese contexto, el cementerio de la Ciudad de Mendoza funciona también como un libro abierto. “Las tumbas dan mensajes políticos”, explica el guía Juan Carlos González, quien desde hace años recorre y estudia el lugar. La simbología no está allí solo para honrar a los muertos, sino para contar quiénes fueron, cómo pensaban y qué lugar ocuparon en la sociedad que ayudaron a construir. Obeliscos, cadenas, pisos en damero o escuadras y compases hablan de una cosmovisión, de valores y de una manera de entender la muerte como el fin de una etapa, "Una forma de explicar que el trabajo del hermano sobre la tierra, terminó", explicó González.
Este recorrido propone detenerse en algunas de las tumbas con simbología masónica más visibles del cementerio capitalino, que atraviesan distintas profesiones, oficios y épocas de la historia mendocina.
Tiburcio Benegas y el ángel de la espada flamígera
Tiburcio Benegas fue tres veces gobernador de Mendoza, bodeguero y un precursor en los sistemas de riego. Integró la llamada Generación del ’80 y tuvo un rol central en la modernización productiva de la provincia.
Su tumba concentra una gran cantidad de simbología masónica, lo que da cuenta de un grado elevado dentro de la orden. En el exterior se observan guardas griegas, que simbolizan cadenas: representan la unión entre la vida y la muerte y también la “cadena de unión” que liga a los masones. Según explica el guía, estas guardas marcan además el límite entre el cielo y la tierra. Cuando las cadenas aparecen abiertas, indican que el miembro masón ha fallecido; el más allá es denominado “el Oriente Eterno”.
La tumba presenta también coronas, símbolo de continuidad entre la vida y la muerte, y un obelisco trunco, que en la masonería funeraria indica que la persona murió en su mejor momento. En el interior hay un fresco donde se observa un ángel con espada flamígera, emblema de quien conduce o guía, y una cruz griega -cuatro brazos iguales- significa el equilibrio, la unión de los contrarios, la síntesis universal. Simboliza la conjunción del principio espiritual vertical con el orden material horizontal, además de representar los cuatro puntos cardinales, estaciones y elementos.
En el mismo espacio descansan los restos de su hijo Pedro Benegas, también masón, aunque dedicado a la investigación vitivinícola. Estudió en Francia, introdujo avances para combatir plagas en las vides y fue quien impulsó el uso de los cajones verduleros de madera de álamo. La familia Benegas está emparentada con Alberto “Berti” Benegas Lynch.
El obelisco y las cadenas rotas en la tumba de Pedro Ortiz
Pedro Ortiz fue uno de los cabildantes que más años trabajó para la sociedad mendocina durante el siglo XVIII. Sus restos se cuentan entre los más antiguos del Cementerio de la Ciudad de Mendoza.
En su tumba aparecen cadenas y un obelisco, símbolos recurrentes en la masonería. El obelisco representa un rayo solar, pero también tiene una lectura fálica vinculada a los orígenes de la orden, cuando las logias estaban integradas exclusivamente por varones. Hoy existen logias mixtas y también logias conformadas solo por mujeres.
La tumba de los Villanueva y los característicos tres puntos
Se trata de un mausoleo de ladrillos, de corte inglés, sobrio y austero, como muchas tumbas masónicas. El rasgo distintivo es un símbolo ubicado en la parte superior: los tres puntos, dispuestos en forma triangular.
En la masonería, los tres puntos funcionan como abreviatura de palabras (por ejemplo, “H∴” para Hermano) y al mismo tiempo condensan una tríada de significados: Libertad, Igualdad y Fraternidad, los tres pilares de la orden. También remiten a sabiduría, fuerza y belleza, y al número tres como base simbólica.
Es importante aclarar que Arístides Villanueva, gobernador de Mendoza en 1870, no está enterrado en este mausoleo. Según relató el guía Juan Carlos González, Villanueva se fue muy enojado de la provincia por una disputa vinculada al reconocimiento de su retiro y murió fuera de Mendoza. Fue impulsor de reformas educativas, de la ley de Enseñanza Primaria y del desarrollo agrícola.
Romeo Brunet, el italiano de la pirámide nubia
Romeo Brunet fue un inmigrante italiano del que no se conservan demasiados datos sobre su actividad, pero su tumba resulta inconfundible: sobre ella se levanta una pirámide nubia, un símbolo claramente masónico.
La pirámide, incluso en su versión nubia -más inclinada y aguda-, representa la evolución del ser humano desde la base material hacia la cúspide espiritual. Simboliza la búsqueda de la luz, la sabiduría y la inmortalidad, y la unión entre la tierra y lo divino. Es, además, la misma figura que aparece en el reverso del dólar estadounidense.
En este caso, la elección de una pirámide nubia también responde a una cuestión práctica y estética: ocupa menos espacio y refuerza la sobriedad del conjunto. Brunet fue víctima del terremoto de 1861, una de las tragedias fundacionales de la Mendoza moderna.
Victorino Corvalán, letras griegas y el reloj de arena
Victorino Corvalán tuvo una extensa carrera militar. En 1813 se enroló como oficial del Regimiento de Infantería de Línea de Mendoza, que luego integró el Ejército de los Andes. Participó del Cruce de los Andes y combatió en batallas clave como Chacabuco y Maipú. Fue, incluso, uno de los primeros oficiales en ingresar a Santiago de Chile tras la derrota realista.
Corvalán fue miembro de la Logia Lautaro. En su tumba aparecen varios símbolos masónicos: obelisco, reloj de arena, que representa la finitud del tiempo en el mundo terrenal, y eslabones de cadena, asociados a la fraternidad y la continuidad. En el mismo sepulcro están los restos de su hijo Federico, también político.
El comerciante Luis Lievi, el compás y la escuadra
Luis Lievi fue un francés, dueño de una tonelería. En su nicho aparece uno de los símbolos masónicos más reconocibles: la escuadra y el compás.
La escuadra simboliza la rectitud, la justicia y la acción correcta en el plano material; el compás, en cambio, representa el autocontrol, la sabiduría y el plano espiritual. Juntos enseñan el equilibrio entre materia y espíritu. En clave funeraria, según explica el guía, este símbolo expresa una idea contundente: “la muerte es la justa medida”, es decir, cada persona muere como ha vivido.
Galileo Vitali: una tumba sin símbolos pero reconocido como masón
La tumba de Galileo Vitali no presenta simbología masónica visible, pero sí está documentada su pertenencia a la orden. Vitali fue un estudioso exhaustivo de los cursos de agua de la provincia y autor del libro Hidrología de Mendoza, que aún hoy se consulta.
En 1940 escribió un artículo periodístico alertando sobre la necesidad de cuidar los caudales del zanjón Frías, Maure y el entonces callejón de los Ciruelos. Treinta años después ocurrió el aluvión de 1970, conocido como “el aluvión de las heladeras”, confirmando sus advertencias.
Su tumba no tiene simbología fúnebre asociada con la masonería, pero algunos parientes lo reconocieron como masón.
Conrado Céspedes y el ángel de la libertad
Conrado Céspedes fue juez e historiador. Reunió y sistematizó todas las disposiciones vinculadas al agua en Mendoza, un tema central en la historia provincial.
En su tumba se observan antorchas invertidas, que simbolizan la vida extinguida, cintas de hermandad similares a las del escudo nacional, y los símbolos del alfa y el omega, asociados al principio y al fin. También aparece un ángel femenino, con el pecho descubierto, una clara referencia a la alegoría de "La libertad guiando al pueblo" de la Revolución Francesa.
Antonio Gigli, de profesión docente
Antonio Gigli fue un profesor muy querido del Colegio Nacional. Integró la masonería en Buenos Aires y compartió espacios con Roque Pérez, Gran Maestre de la Masonería Argentina. Su tumba presenta simbología masónica, que da cuenta de su pertenencia a la orden y del prestigio que tuvo en vida, especialmente en el ámbito educativo.
La tumba de Jacinto Álvarez: el símbolo del damero
Jacinto Álvarez fue médico y hermano gemelo de Agustín Álvarez. En su tumba se destaca el piso en damero, también llamado pavimento de mosaico, compuesto por cuadros blancos y negros.
Este símbolo representa la dualidad de la vida: luz y oscuridad, bien y mal, alegría y tristeza, y la necesidad de equilibrio entre fuerzas opuestas. Es el “suelo” sobre el que se desarrollan las iniciaciones masónicas y simboliza también la diversidad humana y la unión más allá de credos o razas.
Jacinto Álvarez realizó aportes médicos para el tratamiento del coqueluche y tuvo un rol destacado durante la epidemia de cólera en Mendoza. Tanto él como su hermano se dedicaron a la política.
La calavera y las tibias de tumba desconocida
En uno de los pasillos laterales del cementerio, justo donde termina el sector de los mauselos y comienza una de las primeras nicheras, hay una tumba sin nombre. Es del tipo "tumba corralito", ya que está rodeada por una reja que era una forma de proteger la última morada del difunto de los animales sueltos, como caballos o vacas.
La reja posee uno de los símbolos masones funerarios característicos: las calaveras y las tibias cruzadas. En la simbología funeraria masónica, simbolizan la mortalidad, la fugacidad de la vida material y el Memento Mori ("recuerda que morirás"). También es utilizada en los ritos de iniciación, para recordarle al hermano que la vida termina y que debe vivir con rectitud.



















