Martes 23 de noviembre de 2004. Mediodía. Carlos Chávez, comisario jefe de la división Homicidios de la Policía de Mendoza, termina de atender una llamada, se guarda el celular en la campera y con el tono estridente de siempre apura a un chofer: "¡Vamos, vamos!".

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A los apurones se calza los anteojos de sol. A los apurones se sube al auto y no alcanza a acomodarse en el asiento que el celular vuelve a sonarle.

Entonces Chavez presiona la tecla verde y contesta con un "¡Hola!" cargado de vehemencia. Los casos de asesinato son lo suyo. Y él sabe como trabajarlos. Pero esta vez la víctima es un comunicador social que trabajó para el gobierno anterior. El caso acaba de sacudir a las altas esferas del poder político. Y al argot periodístico local. Y todo eso para el comisario Carlos Chavez es como un moscardón revoloteando sobre su cabeza llena de canas.

El cuerpo de Alejo Hunau (33) había sido encontrado en su departamento de la calle Pedro Vargas entre Colón y Pedro Molina de Ciudad.

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A pocos metros de la Casa de Gobierno, que tantas veces transitó cuando trabajó para la gestión de Roberto Iglesias, y a unos 400 metros del despacho de Chávez en el Palacio Policial. Justo frente a los tribunales federales y al Poder Judicial.

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A las dos de la tarde, mientras retiraban el cuerpo rumbo al Forense luego de haberse recabado valiosas declaraciones testimoniales, la pesquisa se orientó a dar con la última persona que había estado con Hunau: Diego Arduino (30).

Pruebas materiales sometidas a peritajes científicos determinaron que el sospechoso había fumado y bebido en la escena del crimen. Huellas dactilares levantadas en un vaso y colillas de cigarrillo fueron garantía de ADN útil para incriminarlo.

La autopsia ayudó a determinar que Hunau fue asesinado de un botellazo en la cabeza que le partió el cráneo. El envase de vino tinto también fue prueba calificada en el proceso investigativo.

Arduino admitió que estuvo con Hunau la noche del lunes 22 porque había ido a venderle un perfume, pero se desligó del crimen al decir que a la medianoche ya no estaba ahí. Y esa coartada le sirvió, al menos al comienzo de la investigación, porque la data de la muerte mostró que Hunau había muerto a la madrugada.

Arduino fue detenido en Maipú, donde vivía.

En 2005 fue liberado por decisión de la Segunda Cámara del Crimen, cuyos integrantes dijeron no haber encontrado pruebas de que hubiera sido el asesino. El ADN hallado en la escena no era prueba suficiente, aunque sí había servido para demostrar que Arduino había estado con Hunau. Pero eso no lo convertía en asesino, según ese tribunal.

Silvia Ontivero, la madre de Hunau, recusó al tribunal y en 2006 la Tercera Cámara del Crimen se hizo cargo de la causa. Poco después avaló la detención de Arduino tras merituar las mismas pruebas e indicios.

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En 2007, la Cuarta Cámara del Crimen lo condenó a 16 años de prisión por dos delitos: haber asesinado a Hunau y después haberle hurtado bienes de su propiedad que estaban en el departamento.

Lo defendió el abogado Martín Ríos. Los letrados Oscar Mellado y Estacio Cremaschi asistieron a la familia Hunau y Gabriel Guzzo (hoy fiscal jefe de Homicidios del Ministerio Público) fue fiscal.

Ese tribunal estuvo integrado por los jueces de sentencia Horacio Báez (hoy está retirado), Carlos Manuel Díaz y Jorge Coussirat. Estos últimos siguen en actividad e integran el lote de los usías más longevos de Mendoza.

Díaz preside desde agosto el juicio por los abusos sexuales a menores sordomudos en el Instituto Próvolo de Luján. Coussirat es parte del tribunal suplente. 

Testigo clave y condenada

Un coletazo del caso Hunau fue la sentencia a 3 años de prisión en suspenso por falso testimonio a Patricia Rodríguez, una testigo cuya declaración fue considerada clave para condenar a Arduino.

La primera vez que se presentó en sede judicial, la mujer había dicho que la noche del crimen Arduino llegó a un minimercado de la Quinta Sección, que ella frecuentaba, y en estado de desesperación confesó haber dado muerte a una persona y, además, pidió guardar allí dos elementos que habían sido hurtados de la casa de Hunau.

En la segunda exposición en sede judicial negó su propia versión y cuando le preguntaron por qué había dado la primera versión contestó que fue para complicar al dueño del local, con quien estaba enemistada.

Resultó más creíble la primera declaración porque la noche de la que ella habló había ocurrido un crimen y los elementos mencionó habían sido despojados de la casa de Hunau.