Pandemia

Coronavirus: una de las figuras de El Siete está viviendo una pesadilla varado en Brasil

El periodista y conductor de El Siete, Rody Gravina, es uno de los tantos argentinos que decidió vacacionar en el exterior y hoy se encuentra varado, en su caso en Brasil por la pandemia de coronavirus.

Te puede interesar:Coronavirus: cuáles son las excepciones que permite el decreto que ordena la cuarentena total

El comunicador viajó el domingo, antes de las restricciones impuestas por el Gobierno nacional, con la idea de descansar en una playa ubicada en un pueblo muy chico de ese país.

"Anoche (por el jueves) comenzaron a aconsejar no salir de casa, el miércoles me cancelaron el vuelo y Cancillería no me contesta", manifestó el conductor en diálogo con Diario UNO.

"Estoy encerrado en un departamento. Entiendo la situación de Cancillería que debe estar desbordada pero hay mucha desesperación de este lado. La estoy pasando mal", manifestó el periodista, quien no ve la hora de regresar a su hogar en Mendoza.

Para ilustrar lo que vive, Rody Gravina escribió el siguiente texto sobre el coronavirus, una pandemia que "sólo sonaba en películas de ciencia ficción". En sus palabras, queda claro que tiene una mezcla de sentimientos por encontrarse a miles de kilómetros de distancia de su tierra y de sus afectos.

UN SUEÑO CONVERTIDO EN PESADILLA

La palabra pandemia solo sonaba en películas de ciencia ficción. Un virus que convertía a la humanidad en zombis comedores de cerebros y aislaba a uno pequeño puñado de hombre y mujeres que escapaban de estos mutantes que contagiaban a mordiscones.

Esto los aislaba, los obligaba a cambiar por completo el ritmos de sus vidas y nos dejaban en claro que de ellos dependía la continuidad de la especie o
su posible extinción.

Pero la realidad supera la ficción (frase nunca dicha), hoy el coronavirus  nos obliga a aislarnos, a cambiar radicalmente nuestros hábitos, a mirarnos desde otro lugar, a pensar que no tenemos escapatoria porque no hay un solo rincón en el planeta donde escondernos, no tenemos un solo rincón
donde no nos alcance el virus que llegó para instalarse ungido como rey.

Tampoco sabemos si las condiciones del planeta marte o la luna le permite propagarse en el cosmos. Tal vez el secreto no esté en buscar un escondite en el universo si no en expandir el universo de nuestra mente de nuestro corazón de ampliar nuestro horizonte sin la necesidad de pararnos mirando al infinito y que el infinito sea nuestro real horizonte. Fácil es decirlo pero se complica cuando el enemigo acecha invisible, silencioso y letal.

Me toca mirar a la distancia lo que sucede en mi país y en mi pago chico (Mendoza). Intento mantenerme sereno y respirar profundo y que la paciencia no se vaya al demonio pero la lejanía me ahoga, me hace sentir fuera de la lucha y no puedo evitar que se corran las lágrimas y que el aislamiento se convierta en ansiedad y en la necesidad de estar cerca,
realmente cerca.

La palabra desesperación se va acercando y las respuestas que no llegan comienzan a enojarme. Estas eran mis vacaciones soñadas, en un pueblo
brasileño, pintoresco y despreocupado, con playas vírgenes desprovistas de personas. Mis vacaciones soñadas llenas de paz y silencios. Mis vacaciones
soñadas para relacionarme con otras culturas.

Mi descanso para retomar energía. Mis vacaciones soñadas que se volvieron una pesadilla. La pesadilla de vuelos cancelados, de quedarme varado y sin respuestas, la pesadilla de ansiar mi país, mi idioma, mi gente, mi cultura, mi pequeño departamento, mi trabajo, mi pequeño-enorme mundo.

Temas relacionados: