A la edad de 12 años, Lucía Mariño (27), dejó de consumir carnes para convertirse en vegana. Todavía no había explotado el boom por estos productos y no la pasó para nada bien porque su menú se reducía a un puñado de tartas, verduras y no mucho mas. A los 19, creó el primer alfajor vegano de la Argentina y hoy vende un millón por año.
Con 19 años creó el primer alfajor vegano del país y ahora su pyme llegó a Miami
Durante su adolescencia, y frustrada ante esa dificultad, comenzó a cranear cómo hacer para comer lo que sea con menos alimentos derivados de animales. Si bien "fue durísima aquella etapa", se mantuvo firme en sus convicciones, con la valiosa ayuda de su mamá, María del Carmen.
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Cuando tenía 19 años y estudiaba Bellas Artes en la Universidad de La Plata, hizo un click forzado porque no encontraba qué comer en la ciudad. "¿Por qué no poder veganizar un producto como el alfajor, tan característico en Argentina, pero hacerlo sin ingredientes de origen animal?", se preguntó en aquel momento.
Lo primero que hizo fue preparar algunas tortas, empanadas y tartas que fueron testeadas por familia y amigos. Ante la aprobación, Lucía se animó a vender en las calles de Berazategui, donde vive, y luego en distintas ferias de la zona.
"Así fue como me empecé a dedicar a producir comida vegana, pero no fue nada sencillo", cuenta. Dedicada, comprometida e intuitiva, Lucía sufrió su primera decepción ante la indiferencia en sus inicios como emprendedora, pero no bajó los brazos.
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"Hace diez años la palabra veganismo prácticamente no existía y en las dietéticas tampoco se sabía demasiado del tema. Entonces yo entraba, insistía en lo importante que sería tener un rinconcito con productos veganos... Me tomaba el tiempo para explicar, pero no obtenía el interés deseado".
El momento en que el emprendimiento de Lucía comenzó a crecer
A medida que transcurría el tiempo y Lucía continuaba estudiando, su intención por romper el molde con un producto distinto seguía intacta. "Tenía en claro lo que quería hacer, pero lo veía yo sola y no lograba encontrar el feedback en el otro, entonces decidí en modificar un producto argentino clásico ya instalado como el alfajor".
De esa manera nació Un Rincón Vegano, nombre que inventó por esa denodada búsqueda de contar con algún lugarcito en algún estante, de alguna almacén. De manera repentina e impensada, la suerte jugó a su favor, el desinterés se revirtió y la joven se puso a trabajar con sus padres y su novio de sol a sol.
"Se empezó a ver en más locales el alfajor, la demanda fue escalando, se fue metiendo de a poco en la vida de la gente y a la fecha vende un millón de unidades al año y contamos con 20 sabores". Lo dice y no puede ocultar una sonrisa de satisfacción.
¿Cómo está compuesto el alfajor vegano? "Todo es vegetal, yo no uso huevos, ni lácteos, tampoco soja, ni grasas trans y todo sin colesterol", enumera la hacedora que, por las dudas, lo aclara: "Ser vegano no significa que quiera comer un alfajor de porotos, de ninguna manera. Se trata de comer lo mismo, pero con ingredientes que no tengan que ver con los animales".
Con la fuerza de un cohete, las obligaciones laborales fueron requiriendo cada vez más tiempo y, luego de dos años de cursada, decidió dejar la facultad. "Me costó tomar la decisión, pero entendía que era por la única razón posible, que tenía que ver con mi proyecto de vida. De todas maneras, esos años en Bellas Artes no fueron en vano porque cada envoltorio lo diseño yo y tiene un valor agregado, además de frases que pretendo que lleguen a las personas".
Es que en cada envoltorio hay un mensaje con un dibujo alusivo que enfatiza sobre la protección animal y que apunta contra la caza y el maltrato. "Intento dejar un concepto de concientización para el cliente... Está bueno que el comprador conozca quién está del otro lado", enfatiza.
Un Rincón Vegano se erigió en una realidad. "De las tiendas de Berazategui, Tolosa y alrededores de La Plata, llegaron a la Capital Federal, que resultó un trampolín para el interior del país. Fue todo gracias al boca a boca, que fue impresionante, y nuestro panorama cambió radicalmente", describe Camaño, que trabaja en su fábrica, instalada en la casa familiar.
"Yo estaba segura de lo que ofrecía, pero no había mercado, hasta que empezó a haberlo... Y no sólo la repercusión cambió, sino también lo que se decía sobre el alfajor. Gustaba mucho y tenía el bonus track de ser el primer alfajor vegano de la Argentina. Nosotros seguíamos con nuestro proceso casero y desgastante de bañar el alfajor y envasarlo a mano".
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Cuenta Lucía que ampliaron la fábrica, y sumaron nuevas máquinas nacionales para poder responder a la gran demanda. Ahora, no solo la marca familiar plant-based llega a todas las provincias del país, sino que desde marzo desemparcó en Miami.
"Nos llena de orgullo, porque es el resultado del esfuerzo y la dedicación. Nuestra intención es ir por más, hay nuevos proyectos, como una línea de galletitas, ya que no queremos quedarnos sólo con la producción de alfajores".
La joven testimonia el sacrificio y dedicación: "De lunes a lunes, non-stop", apunta. "Todo lo que ganamos lo invertimos, entendemos que es la fórmula para crecer. Nunca recibimos un subsidio ni ningún tipo de ayuda económica. Es una empresa chiquita, somos cuatro personas que tiramos para el mismo lado y eso ayuda a ser creativos de cara al futuro. Pero ser creativo también cuesta mucho".
Cuando mira hacia atrás, no lo puede creer: "Es increíble el crecimiento que tuvo el emprendimiento, con todos los conflictos económicos que hay, la verdad es que estar en todo el país es un premio a confiar y apostar en un proyecto propio que en su momento fue descartado, rechazado, minimizado, pero gracias a perseverar, hoy estamos en un lugar de privilegio".






