La segunda ola de la pandemia de coronavirus ha pegado durísimo en el país, tanto como en Mendoza, especialmente por lo explosividad de los aumentos de casos, donde la curva de cantidad de positivos por día se eleva en forma vertical. En el ya golpeado sistema sanitario se viven horas de tensa incertidumbre, y una enfermera del Hospital Central, el principal del ámbito público de nuestra provincia, cuenta cómo se vive desde adentro esta situación, que ha llevado a tener cifras cercanas a los mil casos (848) en estos días, con cinco fallecidos entre el viernes y el sábado.

Andrea Guajardo, enfermera terapia intensiva del Central dialogó el viernes en el programa Hora Libre, que se emite de lunes a viernes en la siesta (15 a 18) de Radio Nihuil con Javier Dellamagiore y Agustina Fiadino y contó cómo se vive desde adentro esta explosiva continuidad de la pandemia del Covid-19.

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La situación de la salud pública del país y Mendoza no es nueva, y la pandemia ha desnudado esta falencia. "Somos muy pocos enfermeros, la mayoría tiene dos trabajos –el 90%-, y trabajamos con turnos de 8 horas, que generalmente son nueve o diez, y la gente se recarga. Hay cambios de turnos cuando alguno fue recargado, para que se recupere", dijo Andrea.

Respecto a la remuneración que reciben a cambio de tantas horas de sacrificio y exposición permanente con el virus muchas veces mortal, la profesional de la salud detalló los montos: "Estamos cobrando alrededor de $51.000, para el que es empleado de planta, y los enfermeros prestadores, que ahora les han aumentado, y que son el 80%, estaban cobrando unos $25.000, hasta hace unos días. Con el aumento reciben un poco más. Pero estuvieron seis meses sin cobrar, y como venía la segunda ola, decidieron pagarles para que no se fueran".

Comentando cuáles son las responsabilidades de su sector, la enfermera especializada explicó que "nosotros somos los que le damos la alarma del paciente a los médicos, que se pueden apoyar en nosotros y trabajamos como equipo ya que ellos no están encima del enfermo permanentemente. Un médico viene, evalúa, receta y se va a ver a otro paciente".

"Nosotros en UTI (Unidad de Terapia Intensiva) trabajamos así: en una sala –con respirador- puede haber dos camas, debe haber un espacio de 2 o 3 metros entre ambas, y estamos asignados prácticamente un enfermero cada seis pacientes. Somos dos por guardia, y cuando vas llegando al paciente 7 u 8, ya tenés que empezar con el número 1, porque se controlan cada dos horas", agregó Andrea.

La templanza que da la crisis

Respecto a la difícil situación diaria con la que tienen que tratar en su profesión, asociada al dolor y el sufrimiento. Guajardo, destacó cómo la crisis los ha hermanado a los colegas, y dejando de lado egoísmos o especulaciones, se complementan y apoyan entre sí. "Nosotros, los que llevamos más de un año haciendo esto, lo llevamos de otra manera. El compañerismo que se ha despertado entre nosotros, es increíble. Se trabaja en equipo con mucho compromiso. Vos no podés, sigo yo; te agotaste, yo te reemplazo, y así. No la había visto nunca antes esa empatía. No sabíamos que podíamos haber llegado a este nivel de compañerismo", dijo Andrea, conmovida.

"Sé que estamos cobrando mal, que estamos sobreexigidos por el sistema de salud, pero la camaradería, eso de levantarnos el ánimo unos a otros, es hermosa. Todos tenemos familias, queremos ir a abrazarlos, a verlos, pero lo que se vive acá adentro, es algo increíble", continuó describiendo esa camaradería nacida de trabajar en equipo en una situación límite.

Respecto al tema insumos dentro de su ambiente laboral, aclaró: "Acá en el Hospital Central, de insumos básicos para cuidarnos, no nos falta nada. Pueden faltar algunas otras cosas, pero eso básico no. Los barbijos, las máscaras, los blusones y eso, lo tenemos. Nos cuidan muchísimo, ya que nos contralan todo el día de Infectología, que es un equipo bastante importante, y no se cansan de decirnos y chequear como ponernos y sacarnos el equipo, por ejemplo".

Explicando desde su punta de vista, Andrea habló sobre la suba exponencial de casos en esta segunda ola de la pandemia: "Hay un problema con el paciente asintomático, que no sabe que está contagiado, y por ejemplo, viene a la guardia por un dolor de estómago, o de pecho, y sensaciones raras en el cuerpo, que están encubriendo algo. Entonces, el que lo trajo, ya está infectado, al igual que todos con los que estuvo. Cuando llega acá, se lo hisopa, como a todos los que ingresan, y entonces salta el positivo. Pero, ¿a cuántos ya contagió por el camino?"

La pena por el compañero caído

Sobre el doloroso tema de los enfermeros y otros agentes sanitarios contagiados y que hasta perdieron la vida, se expresó: "Sí, hubo muchísimos compañeros que quedaron en el camino. Esa parte fue muy dolorosa. No solamente estamos los enfermeros y los médicos acá. Hay un personal administrativo, de limpieza. Para estos últimos, es más cruda la situación, porque a lo mejor la empresa donde trabajan no les brinda los elementos de protección adecuados muchas veces. Pero esos errores del comienzo (de la pandemia) se van solucionando, hoy estamos más fogueados, pero la gente que quedó en el camino fue algo muy doloroso.

No encontrar en la puerta al señor de seguridad que todos los días me cuidaba la bicicleta, a la administrativa que estaba en la guardia cuando yo trabajaba de noche, fue algo muy doloroso. Esas ausencias marcan y dejan mellas. Pero también nos hacen entrar con más fuerza, con más ganas, y nos posiciona en otro lado No encontrar en la puerta al señor de seguridad que todos los días me cuidaba la bicicleta, a la administrativa que estaba en la guardia cuando yo trabajaba de noche, fue algo muy doloroso. Esas ausencias marcan y dejan mellas. Pero también nos hacen entrar con más fuerza, con más ganas, y nos posiciona en otro lado

"Yo sé que afuera la gente aplaude, nos tiene otra mirada, pero la mirada que tenemos nosotros mismos y para el que tenemos al lado, es muy fuerte", dijo la enfermera, sobre la veteranía que les deja a ella y al personal de la salud en general esta guerra contra el enemigo invisible, el Covid-19.

Consultada sobre la ocupación de camas dentro del hospital donde trabaja, el tema más candente de la situación actual, enumeró que "estamos casi al 100%, pero creo que esta semana van a inaugurar una ampliación, están laburando a mil, y va a haber mínimo unas 20 camas más, con respiradores. El problema es que no hay gente para atender esas 20 camas, no hay más personal", aclaró Andrea.

Finalmente explicó Guajardo sobre esta falencia, tanto del Hospital Central, como de todos los hospitales públicos. "Cómo el año pasado, les hicieron una buena oferta laboral a la gente, vinieron, pero luego se estuvo seis meses sin cobrar, gente con familia a cargo, entonces ellos en enero o febrero, comenzaron a renunciar. Se vino la segunda ola, y mágicamente les empezaron a pagar y volvieron a presentarse. Pero estuvieron muy mal en esos seis meses que no les pagaron; gente que viaja desde Santa Rosa o Lavalle, y que nos les paguen, no es nada bueno. Venían por amor al arte, por así decirlo", finalizó la enfermera.