Todo comenzó con un sticker y terminó en un debate filosófico de cómo criar niños y niñas, preadolescentes y adolescentes libres de bullying en medio de un aumento exponencial de los discursos de odio entre los adultos, legitimados desde los dirigentes políticos, hasta por los grupos de WhatsApp de papis y mamis de las escuelas.
El disparador, fue un problema personal, por el que corrí a consultar a María Zysman, una referente nacional en temas de bullying, clima escolar, y relaciones entre niños y niñas, padres y madres y docentes.
El problema era mío, pero también es el de cientos de madres y padres que estamos criando niños y niñas, tratando de que sean buenas personas, empáticas, solidarias, colaboradoras, resolutivas, en medio del lodo. ¿De qué lodo estoy hablando? Del de las redes sociales, de “los bardeos” de los grupos de WhatsApp de adultos, de la legitimación del maltrato y de decirle al otro, al que es diferente a mi, algo así como “Che, vos por qué mejor no desaparecés?”.
Este es el discurso que prolifera por todos lados, se mete a nuestras casas a través de las computadoras, de los youtubers, de los videos de Tik Tok, de cualquiera, de todas las redes.
María Zysman colaboró para ordenar un poquito este descalabro discursivo. Y echar luz acerca de lo que podemos hacer para que esta locura mediática no les arruine la cabeza definitivamente a los niños y niñas, porque los adultos ya estamos un poquito desahuciados y la verdad, yo creo que nos lo merecemos.
Los grupos de Whastapp no son para niños
La situación fue así: mi hija de 11 años recibió un “sticker” de ella, hecho por sus compañeritos y reenviado en un grupo de Whatsapp que habían armado entre ellos. Ella lloró y yo inmediatamente recurrí al grupo escolar de WhatsApp para quejarme, pero abrí una puerta a otra dimensión: una puerta a las propuestas más descabelladas, como incriminar a un niño o niña, ponerle nombre y apellido y prácticamente echarlo de la escuela.
Digamos que el problema migró de una cuestión personal a poder determinar qué le decimos a los chicos acerca del bullying, o de la previa del bullying en una realidad en la que “bulinearse” está de moda. Ahí es donde entra la palabra de la experta.
“Que todo comience con un sticker, es una circunstancia que a mí no me parece tan inocente. No podemos decir que todo es bullying, ni minimizar el bullying, ni considerar que son ingenuidades, que en parte sí lo son por la edad que tienen, pero que si uno no le pone ciertas palabras y no habla, esto avanza y puede llegar a situaciones mucho más graves”.
Claramente, mandar un sticker aislado no lo es, pero es agresivo, es violento, dependiendo del vínculo que haya entre los chicos. Es válido cuando es complicidad y cuando se trata de un amigo y de una situación en la que ambos estamos de acuerdo.
Porque si no, puede empezar a transformarse en crueldad. Entonces ya no es la carita graciosa, Es el escrache, es que lo deforman, le hacen cositas, le ponen un mensaje abajo. Y esto se utiliza en un contexto de grupalidad.
Entonces WhatsApp es un espacio que están manejando los chicos antes de tener ciertas cuestiones construidas que deberían tener, que es la formación del grupo en sí.
Este es el problema: los grupos de WhatsApp no son para niños.
Esta es la primera consigna clara que me dejó esta charla: si ya cometimos el error de darles un teléfono en la infancia –ojalá que no, pero es lo que generalmente sucede- frenemos las redes sociales mientras no sepan qué hacer con ellas. El grupito de WhatsApp también es una red social.
La reducción de daños: enseñarles a los chicos a generar contenido de calidad
Está bien, asumamos que ya nos equivocamos. Ya les dimos el teléfono celular, los dejamos seguir a youtubers, les abrimos esa puerta, pero, como lo dijo la especialista, hay que enseñarles a usar estas herramientas tal y como les enseñamos a cruzar la calle solos: mirando hacia ambos lados.
“No está mal una charla. Puede que este tipo de bromas no sea bullying, pero hay que ver previamente qué actitudes van a facilitar que aparezca”
Para no estigmatizar a nadie, lo que hay que hacer es hablar. Poner palabras. Hablar de los grupos de WhatsApp, de los stickers, de los apodos, de las burlas y sobre todo, de que hacer sentir mal a los otros no es bueno, no es bueno entre los niños y niñas y no es bueno entre los adultos, que ya han comenzado a naturalizar el maltrato.
En opinión de María Zysman, cuando todavía son chicos, es el momento de aprovechar al máximo todas las posibilidades. Construir un buen uso de los grupos de WhatsApp.
Frenar la naturalización del odio es clave para evitar el bullying
Este fue uno de los pilares de la charla con María, digamos la verdad: ¿con qué autoridad moral vamos a exigirles a los niños y niñas que no se maltraten, burlen, discriminen entre ellos si no reaccionamos al odio a nivel social?
María, que se dedica justamente a intervenir en escuelas para mejorar las relaciones interpersonales, ve que su trabajo ha entrado en una encrucijada.
De todas maneras, ella asegura que va a reforzar el triple su trabajo, porque está convencida de poder hacer algo bueno, al menos dar herramientas para pensar.
Entonces, ya no pasa solo por un juego, o el sentido de pertenencia a un grupo, sino por los valores que les transmitimos como adultos.
“Si un chico escucha que la plata es lo único que importa en el mundo, que estudiar y trabajar no sirve para nada, es obvio que va a ser un ludópata. Los chicos son víctimas absolutas de lo que estamos viviendo como sociedad”
La resistencia de las familias al discurso de odio
Para no desesperar, porque el panorama no es muy esperanzador que digamos, María hizo hincapié en la resistencia de las familias a los discursos de odio como la base fundamental para que a los chicos les llegue el mensaje de otra manera.
La contracara es la negación. Sacarnos por un rato el problema de encima negándolo.
En resumen, la charla no me dejó tranquila, sino expectante. Hay cuestiones en las que no podemos volver atrás, pero sí podemos cambiar para adelante. Y la principal lección que me dejó todo esto fue que si en mi casa, yo estoy legitimando el odio, no puedo pretender que después mi hijo o hija se comporte como Winnie The Pooh con sus amigos, porque esto no sucederá.
Bajemos el discurso a la realidad. Porque, papis y mamis: los chicos aprenden lo que ven, esto ha sido así desde el origen de los tiempos. Si te bardeás con media humanidad y te parece que transmitirse todo esto en medios virales está bien, entonces esta nota no tuvo sentido. Hasta muy pronto, nos vemos en la calle, porque seguramente en las redes ya nos bloqueamos.
Quién es María Zysman
María Zysman es licenciada en Psicopedagogía (Universidad del Salvador). Posgraduada en Autismo y TGD, y en Déficit de Atención y Dificultades de Aprendizaje (Universidad Favaloro).
Es directora del equipo de diagnóstico, prevención e intervención Libres de Bullying.
Formó parte de la Unidad Sanitaria Nº21 en Bologna, Italia. Capacitadora de equipos directivos y docentes; facilitadora de talleres de prevención de bullying para alumnos, realizados en toda la Argentina y en varios países de la región.
Autora del libro “Bullying. Cómo prevenir e intervenir en situaciones de acoso escolar” Editorial Paidós (2014) y “Ciberbullying, cuando el maltrato viaja en las redes” Editorial Paidós (2017).






