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Arte callejero

Circo de Getulio: mendocino, solidario e independiente

El Circo de Getulio, propuesta independiente y cooperativa de entretenimiento para toda la sociedad, que lleva el color del circo a los barrios, fue distinguido

Por UNO

(Editado por Raúl Adriazola) La imagen romantizada de los circos en la literatura y cinematografía, que tenía un costado oscuro de explotación -humana y animal- ha cambiado y evolucionado con la sociedad moderna, y hasta existen carreras terciarias que enseñan y elevan las artes circenses. En Mendoza existe un ejemplo de autogestión, trabajo comunitario y profundo sentido social de las expresiones de este arte popular, y es el Circo de Getulio, creado en forma cooperativa por un grupo de artistas mendocinos. Por ello, la Cámara de Diputados de la Provincia declaró de interés legislativo “al elenco de artistas itinerantes El Circo de Getulio por su labor sociocultural, educativa y de integración de la población, desarrollada desde hace más de una década en diversas zonas vulnerables de la provincia de Mendoza en el marco de la corriente mundial denominada "nuevo circo"", reza el comunicado de prensa parlamentario.

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El circo fue distinguido por la Legislatura local por hacer accesible un espectáculo artístico sin importar condición social o ubicación geográfica del público.

El circo fue distinguido por la Legislatura local por hacer accesible un espectáculo artístico sin importar condición social o ubicación geográfica del público.

El circo y el teatro fueron las principales atracciones y entretenimiento para la gente desde inicios del siglo pasado XIX. Ya desde los albores del siglo XX, irrumpió con fuerza el cine, y luego, con el advenimiento de la tecnología, y la llegada, primero, de la radio, y luego de la televisión, se metieron de lleno en la vida social argentina. Así mutó el teatro y apareció un subgénero: el radio teatro; y posteriormente el teleteatro. El circo fue quedando relegado de a poco como espectáculo vernáculo, y los pequeños circos itinerantes locales -por lo barrios- fueron muriendo de a poco.

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Según lo declara una resolución de la Cámara de Diputados de Mendoza, aprobada a instancias de un proyecto presentado por el legislador Carlos Sosa (Frente de Todos-PJ) la distinción es para resaltar la vocación de ese activo grupo de artistas circenses cooperativos que –siempre trasladando y montando su propia carpa de colores– comenzó a brindar funciones ininterrumpidamente durante las vacaciones de invierno de julio de 2010 en el parque General San Martín, en la Ciudad de Mendoza.

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El Circo de Getulio es netamente social, ya que le permite el acceso a todo el público, cobrando a la gorra sus actuaciones, lo que le permite a muchas familias disfrutar de esta propuesta de entretenimiento tan popular.

El Circo de Getulio es netamente social, ya que le permite el acceso a todo el público, cobrando a la gorra sus actuaciones, lo que le permite a muchas familias disfrutar de esta propuesta de entretenimiento tan popular.

El circo trashumante y la alegría

Desde aquella primera función hasta ahora, el grupo ha instalado alternadamente su llamativo espacio ambulante en diversos barrios de la provincia con el fin de llevarles diversión y novedosas formas de entretenimiento a niños, adolescentes y adultos que de otro modo no contarían con posibilidades de ser contagiados por la algarabía de payasos, magos, malabaristas, trapecistas, equilibristas, contorsionistas, títeres, actores, bailarines y demás personajes del imaginario colectivo infantil.

De esa manera, sus espectáculos se transforman para los espectadores –en muchos casos, familias enteras– en la única oportunidad de compartir un ambiente circense que traspasa el simple hecho cultural, ya que deviene en un acontecimiento inolvidable que a veces les despierta un interés hasta entonces desconocido a quienes por primera vez asisten a sus funciones.

Incluso algunos asistentes descubren una vocación o se ven atraídos por aprender esas destrezas que quizás con el tiempo puedan significarles una salida laboral, así como un aprendizaje de valores de vida, como el compañerismo, la amistad, la cooperación, la solidaridad, la comprensión, el amor, el cuidado del entorno y el respeto a los animales.

Único circo local con impronta social

Además, la alegre irrupción de esta troupe vino a llenar un vacío de casi medio siglo de espectáculos autóctonos de ese tipo, ya que la falta de grupos circenses locales determinaba que la única chance de divertirse de esa forma consistiera en asistir a los circos del circuito empresario-comercial, habitualmente con entradas difíciles de costear para la mayoría de las economías familiares.

Esas particulares características convirtieron al Circo de Getulio en genuino representante de una corriente artística reconocida en el mundo como “nuevo circo”, siguiendo lineamientos sociales y cuya permanencia en este caso se sustenta a través de la colaboración voluntaria del público (“entrada a la gorra”), el cobro de una entrada económica, auspicios de comerciantes de las zonas visitadas o eventuales apoyos de instituciones tanto gubernamentales como de la sociedad civil.

En este contexto, el circo social llega a los sectores más marginados –con mayor vulnerabilidad y menos posibilidades de acceder libremente al consumo de cultura y entretenimiento– con un despliegue novedoso que en algunas ocasiones empodera a los espectadores para que emprendan sus propios proyectos de superación personal o para desarrollar potencialidades que anidan en cada persona de manera particular.

Primera carpa de circo mendocino independiente

Este grupo de trabajo actoral de pura cepa local comenzó a rodar cuando Leonardo Ibaceta y José Ortiz tuvieron la idea de coser y montar –cada vez que sea necesario– una gran carpa itinerante destinada a albergar múltiples eventos. Y ese ámbito brindó habitualmente espectáculos de circo gracias al trabajo conjunto del mismo Ibaceta, Martín Baigorri y Leonardo Alfaro.

Actualmente está formado por 15 trabajadores y desde su creación han pasado por él más de 150 desempeñando diversas funciones para mantener la carpa en actividad permanente con el fin de cumplir “el deseo y el compromiso de sus integrantes de contribuir al desarrollo de una comunidad más sensible al arte, a sus problemáticas y con predisposición a participar en proyectos de bien común”, según el proyecto original que arrancó hace más de una década.

Ellos aclaran además que llevan adelante “la primera carpa de circo independiente, con enfoque social, artístico y de producción mendocina. Un espacio para la difusión y encuentro con el nuevo circo”. Entre las características de esta corriente mundial se destaca que no usan animales y que los artistas pertenecen a diferentes clases sociales y no a familias de circo, por lo cual provienen de diferentes ramas artísticas (danza, pintura, teatro, música, diseño y demás).

También consignan que –a diferencia de los espectáculos del circo tradicional– pueden presentarse indistintamente en plazas, escuelas, eventos privados, teatros, clubes, al pie de semáforos de tránsito y algunos otros sitios públicos. Es así como con sus destrezas, y en forma independiente, logran brindar un agradable momento, fomentar la producción mendocina, generar espacios de difusión del teatro-circo y cristalizar la integración de la comunidad a través del arte.

Producción a todo pulmón

Sus labores no se limitan solo a montar la carpa y actuar, sino que abarcan todo el abanico de tareas inherentes a esa clase de producción popular e incluso –cuando se dan las condiciones– se extienden al dictado de talleres artísticos de manera gratuita, para estimular a la comunidad a vivenciar actividades culturales. Asimismo, con la consolidación de su propuesta prevén organizar charlas que abarquen aspectos sociales que ayuden a los asistentes a guiarse en el marco de la dinámica realidad actual.

Es así que –en las medidas de sus posibilidades y en coordinación con los referentes zonales– en las presentaciones buscan crear espacios para brindar clases gratuitas de danza, música y circo, charlas para prevenir enfermedades de todo tipo y embarazo precoz, nociones de protección de animales y del ambiente, feria de artesanos y microemprendedores locales.

Todas esa actividades y las que eventualmente se agreguen están dirigidas a todo público y son con acceso libre y gratuito, bajo la premisa original de llevar a los barrios un centro cultural itinerante que puedan disfrutar los vecinos de los distintos departamentos de Mendoza.

El sueño del centro cultural fijo

En coincidencia con la distinción legislativa recibida, el Circo de Getulio se está preparando para dar un paso fundamental en su esforzada trayectoria en busca de la autosustentabilidad: en estos momentos, sus integrantes están limpiando un terreno en el Gran Mendoza para destinarlo a montar una nueva carpa fija que cobijará –además de funciones de circo– diversos eventos y talleres con acceso popular.

Al respecto, Ibaceta –uno de sus mentores– explicó: “La idea es estrenar el primer circo-teatro de Las Heras, a unas 15 cuadras de la Plaza Departamental, que además sería el primero con esas características en Mendoza. Así tendríamos un lugar estable para brindar circo social, pero sin dejar de llevar las otras carpas a los distintos barrios”.

Y no les faltan elementos para concretar su sueño, según aclara: “En todo este tiempo de andar dando vueltas con el circo pudimos adquirir un foodtruck. También construimos tribunas y armamos equipos de luces y sonido. Y pensamos construir baños y hasta un jardín, para que la gente se pueda encontrar con el circo u otro evento, o que alguien pueda trabajar pasando la gorra y dando talleres durante la semana”.