En una remota región montañosa del sur de China se encuentra una de las construcciones científica más impresionantes jamás construidas por la humanidad. Oculto entre las colinas de la provincia de Guizhou, el radiotelescopio FAST se ha convertido en una de las herramientas más avanzadas para explorar los misterios del universo.
Esta construcción es un símbolo del creciente liderazgo científico del gigante asiático que desafía el poder de Estados Unidos. Conocido oficialmente como Five-hundred-meter Aperture Spherical Telescope, FAST destaca por una característica difícil de ignorar: su gigantesco reflector de 500 metros de diámetro.
China construye el radiotelescopio más grande del mundo y tres veces más sensible que cualquier otro
La construcción comenzó en 2011 y requirió una inversión multimillonaria, además de años de planificación. Los ingenieros de China aprovecharon una enorme depresión natural en el terreno para instalar la colosal estructura, reduciendo así parte de los desafíos técnicos asociados a un proyecto de semejante escala. Finalmente, en 2016, FAST inició sus operaciones científicas y rápidamente comenzó a producir resultados sorprendentes.
A diferencia de los telescopios ópticos tradicionales, que observan la luz visible emitida por estrellas y galaxias, los radiotelescopios detectan ondas de radio provenientes del espacio. Estas señales permiten estudiar fenómenos que muchas veces permanecen ocultos para otros instrumentos, desde nubes de gas interestelar hasta los restos de explosiones estelares. A finales de mayo de 2026, los operadores confirmaron que ya ha identificado más de 1,000 nuevos púlsares desde que comenzó sus operaciones, consolidándose como la herramienta más eficaz del mundo para este fin.
¿De qué sirve esta mega construcción de China?
Para dimensionar el tamaño de esta construcción, basta imaginar una estructura equivalente a unos 30 campos de fútbol reunidos en una sola superficie. La extraordinaria sensibilidad de FAST le permite captar señales extremadamente débiles que recorrieron millones e incluso miles de millones de años luz antes de llegar a la Tierra. Gracias a ello, los científicos han identificado cientos de nuevos púlsares, estrellas de neutrones que giran a velocidades vertiginosas y emiten pulsos regulares de radiación.
También participa en investigaciones sobre las misteriosas ráfagas rápidas de radio, breves destellos energéticos cuya naturaleza sigue siendo uno de los grandes enigmas de la astronomía moderna. Para garantizar observaciones precisas, las autoridades de China establecieron una amplia zona de protección alrededor del observatorio, limitando las emisiones de radio que podrían interferir con los delicados equipos de detección. Este entorno silencioso convierte a FAST en una especie de gigantesco oído cósmico, atento a las señales más lejanas del universo.






