Un fenómeno agrícola en la Patagonia está empezando a reconfigurar el mapa productivo del sur argentino. Impulsado por capitales chilenos, este proceso representa un cambio profundo en la matriz económica del Valle Inferior del río Negro.
La industria chilena del avellano europeo, que ya ha alcanzado un límite de expansión en sus regiones tradicionales, ha encontrado en la Patagonia argentina un enclave estratégico para continuar su crecimiento.
Chile apuesta por la Patagonia en un cultivo que proyecta millones y crecimiento récord
La llegada de firmas como el Grupo Avexa no responde a un movimiento aislado. Esto se debe a la creciente demanda de la industria chocolatera internacional, que proyecta a Chile y Argentina como actores clave en el suministro de avellano europeo del hemisferio sur. El plan de expansión es ambicioso.
Se prevé pasar de las actuales 500 hectáreas cultivadas en la región a más de 5.000 hectáreas en la próxima década. Este crecimiento no implica solo la expansión agrícola de la patagonia, sino también la instalación de infraestructura de secado, procesamiento y exportación local, lo que podría transformar de manera estructural la economía regional.
Un boom agrícola une a Chile y la Patagonia en un negocio de escala global
En este escenario, la Patagonia comienza a consolidarse como un nuevo nodo agroindustrial orientado a mercados de alto valor como Italia y Alemania. Chile se ha consolidado en las últimas décadas como el segundo productor mundial de avellano europeo, solo por detrás de Turquía.
Este posicionamiento responde a un crecimiento sostenido impulsado desde los años 2000 por empresas como AgriChile, vinculada al grupo Ferrero, uno de los gigantes globales de la industria del chocolate. Desde entonces, el país ha desarrollado un modelo de producción altamente tecnificado, orientado principalmente a la exportación hacia Europa.
Detrás de este desarrollo se combinan factores naturales y productivos que explican su atractivo, entre ellos
- El clima de Viedma ofrece una alta acumulación de horas de frío, condición clave para el desarrollo de variedades de alta calidad como la Tonda di Giffoni.
- La Patagonia ofrece condiciones agroclimáticas que resultan particularmente atractivas para este tipo de cultivo. El avellano europeo requiere entre 800 y 1.200 horas de frío invernal para alcanzar un desarrollo óptimo. En este punto, el Valle Inferior del río Negro se vuelve estratégico
- A esto se suma la seguridad hídrica que brinda el sistema de riego del IDEVI, en un contexto donde el agua se ha vuelto un recurso cada vez más limitado en la zona central de Chile.
- La barrera natural de la Patagonia permite un control más eficiente de plagas y reduce la necesidad de agroquímicos, lo que facilita el cumplimiento de los exigentes estándares de calidad de la Unión Europea.






