En este mundo convulsionado y atravesado por pantallas, nuevas formas de vínculo y cambios que parecen no dar respiro, hay una sensación que se repite cada vez con más fuerza entre padres, docentes y profesionales: la de no saber bien cómo acompañar a chicos y adolescentes. La distancia entre lo que fue la infancia de los adultos y la de las nuevas generaciones se agranda, y con ella aparecen dudas, temores y, muchas veces, respuestas extremas.
“No es solo un problema de los profesionales. Hay una desorientación generalizada”, explica Naly Durand, presidenta de la Sociedad Psicoanalítica de Mendoza. “Las formas de crecer, de aprender y de vincularse cambian a una velocidad que muchas veces deja a los adultos sin referencias claras. Esto produce incertidumbre, dudas y, en ocasiones, respuestas apresuradas o defensivas frente a lo nuevo”.
El fenómeno no es aislado ni menor. Tiene que ver con transformaciones profundas en la manera en que los chicos se relacionan con el mundo. Hoy, gran parte de sus experiencias están mediadas por la tecnología: redes sociales, plataformas digitales, acceso inmediato a la información. Un escenario completamente distinto al que vivieron generaciones anteriores.
“Los modos de comunicarse, de acceder al conocimiento y de establecer vínculos están profundamente atravesados por lo digital”, señala Durand. “Y eso genera, muchas veces, desconcierto en los adultos, que tienden a percibir estos cambios como problemáticos en sí mismos, sin poder discriminar cuáles son los efectos positivos y negativos de vivir en esta nueva cultura”.
La importancia de la presencia adulta frente a los chicos y las pantallas
Ese desconcierto suele traducirse en dos posiciones opuestas: el control excesivo o la permisividad absoluta. En ambos casos, el vínculo con los chicos puede resentirse. “Lo que vemos es que no es tanto la tecnología en sí el problema, sino la dificultad de los adultos para posicionarse frente a ella”, agrega.
En ese punto aparece una de las ideas que más resuenan entre quienes trabajan con infancias: la importancia de la presencia adulta. No como vigilancia constante, sino como disponibilidad real.
“Hay algo que repetimos mucho y que puede ayudar a pensar: las pantallas no reemplazan a los padres cuando están presentes; los reemplazan cuando están ausentes”, plantea Durand. “Esto implica pensar la función del adulto no en términos de control, sino de presencia psíquica, de estar disponibles para alojar, dar sentido y acompañar lo que les pasa a los chicos”.
La frase abre una reflexión más profunda sobre el lugar de los adultos en un contexto de cambios vertiginosos. Porque, en definitiva, el desafío no es eliminar las pantallas ni demonizarlas.
“El punto no es prohibir ni idealizar, sino enseñar a hacer un uso adecuado”, explica. “Eso supone acompañar, poner límites cuando es necesario, pero también entender que estos dispositivos forman parte del mundo en el que las nuevas generaciones van a vivir. Se trata de ayudar a que construyan una relación más saludable con la tecnología, sin que reemplace el vínculo humano”.
En este escenario, donde las preguntas se multiplican, distintos actores comienzan a coincidir en algo: la necesidad de generar espacios de intercambio. Lugares donde no haya respuestas cerradas, sino posibilidad de pensar en conjunto.
“Por eso decidimos abrir este espacio gratuito y abierto a toda la comunidad”, cuenta Durand. “No queríamos que quedara solo en el ámbito profesional. Convocamos a un abogado, un pediatra, una docente y una psicoanalista porque creemos que estos temas no pueden pensarse desde una sola mirada. Necesitan del cruce, del intercambio, de la conversación con quienes viven estas situaciones todos los días”.
La propuesta es gratuita y abierta a la comunidad
La propuesta toma forma en un conversatorio que se enmarca en el 44° Interregional de Bebés, Niños y Adolescentes de FEPAL, bajo el título “Bebés, niños y adolescentes en transformación. Parentalidades e instituciones interpeladas”. Allí se reúnen especialistas de distintas áreas junto a la comunidad para poner en común inquietudes, experiencias y miradas sobre los desafíos actuales.
La actividad, que se desarrolla en la sede de la Sociedad Psicoanalítica de Mendoza, en Lisandro de la Torre 355, de Ciudad, reúne a referentes como Marcela Valdéz, Ernesto Ponce, Javier López Maida y Cecilia de Rosas, con la coordinación de Naly Durand.
Pero más allá de los nombres, lo que se busca es otra cosa. “Quienes participen no necesitan tener formación previa en psicología”, aclara. “La idea es que sea un espacio accesible, donde se puedan compartir experiencias, preguntas e inquietudes. No vamos a dar recetas ni respuestas cerradas. Queremos abrir preguntas, complejizar la mirada y generar pensamiento”, dijo.
Criar, educar y acompañar a las nuevas generaciones ya no es igual que antes. Y frente a eso, lo que se vuelve necesario es animarse a preguntar.







