La carta que volvió al remitente, 42 años después

“La Plata, sábado 2 de abril de 1977… Queridos míos”. La carta empieza así. Está en un museo ahora, a 1.000 kilómetros de donde fue escrita, 42 años después. La está leyendo la mujer de quien la escribió, que viajó 13.000 kilómetros para poder repasar entre lágrimas cada palabra, cada oración.

La carta la escribió Rubén Alberto Rizzi. Era estudiante de Filosofía en Mendoza y un día, poco después del golpe militar del 24 de marzo de 1976, fue detenido cuando fue a gestionar un certificado de buena conducta en el mismísimo D2. 

Estuvo detenido en el nefasto y salvaje D2 durante un tiempo. A diferencia de muchos otros, tuvo la fortuna de ser “blanqueado” y después trasladado a una cárcel de La Plata. Desde allí escribió esta carta a su familia, a sus afectos.

Después lo volvieron a traer a Mendoza y en 1979 lo dejaron en libertad . Logró viajar a Europa y consiguió asilo en Suecia. Hoy aún vive en Estocolmo.

Allá estudió, se recibió de técnico en Informática y trabajó un tiempo en ese rubro, pero finalmente terminó siendo chofer de micros y se jubiló con la mínima. No fue simple su vida.

 Embed      

La carta, por esas increíbles cosas que tiene la vida a veces, terminó en San Martín, entre los archivos del Museo Las Bóvedas. Fue conservada y, por una serie de casualidades, la noticia de su existencia llegó a oídos de sus destinatarios y también de su remitente.

 Embed      

Patricia Munzi, la compañera de Rubén Rizzi en estos últimos 10 años pero amiga de él desde hace muchos años más, viajó de Estocolmo a San Martín, para leer esa carta, refrescar esos recuerdos.“Es una emoción muy grande”, dijo, mientras relataba quién era ese hombre desconocido que, como preso político, le escribía a sus afectos.

Luego Diario UNO logró entablar contacto con Rubén. Desde Estocolmo, hizo una breve repaso de aquellos años.

“Nací en Mendoza ciudad, el 12 diciembre de 1954. Estudié en el CUC, ahí en calle San Martín al lado de lo que era Agua y Energía. Después, un par de años en la Facultad de Filosofía. Fui alumno de grandes como Arturo Andrés Roig y Enrique Dussel, allá por 1974 y 1975”, recordó.

Rubén militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) por aquellos años. “Caí preso el 21 de octubre de 1976, en la ciudad de Mendoza”, dice. "Fui a pedir un certificado de buena conducta en el D2. Caí como un chorlito. Mi caso causaba gracia, tanto entre represores como entre presos, ya que fui bautizado como ´el extraño caso del certificado de buena conducta´. Una cosa especial de la cultura carcelaria, al menos entre nosotros, era el humor negro. Estuve un par de meses en el D2 y, después, en la cárcel de Boulogne sur Mer. En diciembre del 76 nos trasladaron a la U9, de la Plata, el segundo que hicieron a ese lugar desde Mendoza”, cuenta.

Recuerda “estuve ahí (en la U) de La Plata) todo el año 77, hasta que me trasladaron nuevamente a Mendoza hasta principios del 79, cuando me volvieron a llevar a La Plata. El 16 de octubre de 1979 me dieron la libertad. Salí de la U9 junto a otros dos presos, uno de ellos mendocino, que ya conocía de mi estadía en el ´hotel estatal´”.

Cuenta que, apenas recuperada la libertad, “nos fuimos a Once, en Buenos Aires, y de ahí en micro a Mendoza”, y agrega que “como me controlaban semanalmente los militares, decidí irme de Argentina. Fue alrededor de diciembre de 1979”.

Primero fue a Brasil “y de ahí a Suecia, amparado por el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, dependiente de la ONU)”.

Cómo llegó la carta al museo aún no está muy claro. Quedó guardada durante años entre otros documentos, hasta que fue descubierta en un ordenamiento profundo. Finalmente, por una serie de contactos a través de Internet, la noticia de su recuperación llegó a Estocolmo.

La historia de Rubén Rizzi era desconocida, hasta ahora. Por ser un preso político “blanqueado”, no era un desaparecido. Ahora, después de 42 años, la historia está completa.