El jueves 8 de febrero de 2001 hacía muchísimo calor en Maipú pero Hortensia, vecina del barrio Buenos Vecinos, decidió que nada le impediría mirar el capítulo estreno de El sodero de mi vida, simpática y ligera historia de amor entre los personajes de Andrea Del Boca y Dady Brieva.
La mujer apagó el televisor una hora después y sacó una silla al patio. Y este calor que no afloja, pensó, secándose el sudor que le corría por el cuello. Aquella noche el silencio era tan profundo que la mujer creyó que se había quedado sorda. Estaba todo tan quieto que tuvo miedo de que la tierra temblara. Ni un perro ladraba. Hasta que ese silencio fue quebrado súbitamente por un grito desgarrador, un grito de madre, de madre despojada, un grito mezclado con llanto. Como un aullido. ¿Dónde estás Brian?, clamaba, cerca de allí, Elizabeth Barros, la madre de un bebé llamado Brian Irusta.
Brian fue visto por última vez ese día de verano. Tenía un año y medio y desapareció como por arte de magia. Abracadabra. No estaba por aquí ni por allá. Ni en la vereda de la casa del barrio Buenos Vecinos junto al hermano, como antes de desaparecer, ni en la cocina. Tampoco en las piezas ni en el patio. Ni en los vecinos y tampoco en el cauce del canal Pescara, luego minuciosamente recorrido por tomeros, especialistas y policías.
Sus juguetes, tirados por ahí, esquivados por desesperados pies adultos que iban y venían, eran la síntesis perfecta de la desolación.
¿Dónde estás Brian?, se preguntaron mil veces funcionarios policiales y judiciales. Y la búsqueda se potenció a través de Missing Children, institución dedicada a buscar chicos perdidos. O robados. O asesinados. O vendidos. O raptados.
Todas estas hipótesis calzaron a la perfección para el caso Brian Irusta en algún momento de su largo derrotero. Aquel bebé sería hoy un muchacho de 19 años. Dónde está sigue siendo el misterio.
Reencuentro
Diario UNO había entrevistado a la madre el 19 de abril de 2001 en los tribunales provinciales, en ese momento expectantes por la condena a Marily García por el asesinato de los padres envenenados con un plaguicida. Esta semana volvió a hablar con ella en Maipú, a la salida de un local comercial, camino de la casa, la misma donde Brian fue visto por última vez.




