Medio siglo no es poco en cuanto al acumulativo de tiempo. Pero 50 años de servicios desinteresados a la comunidad, es algo inapreciable. La Asociación Bomberos Voluntarios de Guaymallén cumplió cinco décadas de sacrificio y entrega, y lo festejó en su cuartel del Lateral Norte 5710 del Acceso Este, en Villa Nueva, si bien la fecha de cumpleaños fue el pasado 23 de septiembre.
El encargado de prensa y difusión de la actividad del cuerpo de bomberos, representa fielmente el espíritu de voluntario. "Comencé en mi pueblo, muy joven, en Lincoln, provincia de Buenos Aires, y he conocido las tres realidades de los lugares donde he vivido. Primero en un pueblo chico, rural; luego en uno de los cuarteles más grandes del país, en Avellaneda, con sus mil problemas urbanos; y luego acá en Mendoza, con el trajín de los incendios de campos, en viento Zonda, y el clima seco", explicó Franco Pivato, de 47 años.
"Acá se trabaja a pura voluntad. Yo soy un apasionado. Trabajo de chofer en una línea de larga distancia. Cuando me vine a Mendoza mi esposa debe haber pensado que por un tiempo yo no iba a ocupar mi tiempo libre con los bomberos, como en Buenos Aires, pero vengo a alquilar una casita justo enfrente de este cuartel de bomberos", contó risueño Pivato, y agregó: "Esto es algo que se hereda. Mi hijo de cuatro años ya es un apasionado con esto, y viene todos los días. Quiere ser bombero también".
La dotación actual del cuartel es de 48 voluntario. El jefe de la unidad es el oficial bombero Carlos Mutti. Ocho son mujeres. "Las chicas se van sumando y animando, y hoy ya tenemos casi diez trabajando codo a codo con los hombres. Acá es como una gran familia, donde cada uno regala sus tiempos libres. Para pertenecer hay que cumplir un mínimo de 40 horas obligatorias, pero todos brindan muchísimas más que eso, cada uno en la medida de sus posibilidades y compromisos.
Preparando a los futuros bomberos
"Aquí se dan cursos permanentes para preparar nuevos bomberos. En el curso actual tenemos 12 aspirantes. La mayoría son gente mayor, ya que los jóvenes se desalientan muy rápido; primero al no ser pago, luego, por la disciplina que hay que tener: el orden interno; y finalmente por las muchas horas que dura la instrucción", explica el bonaerense, que tiene el grado de Suboficial Ayudante 1º.
Los cursos se dictan miércoles y viernes, desde las 21, y en total puede durar entre 6 u 8 meses, dependiendo de la cantidad de horas que puedan cursar los aspirantes. Terminado el curso, salen como "bombero a prueba", durante un año, y siempre pueden participar de salidas acompañados por un veterano. Luego hay un escalafón de Bomberos, Suboficiales, y Oficiales.
Costos y gastos
El equipamiento del cuerpo, si bien no es nuevo, es óptimo e idóneo para las distintas acciones que emprenden a diario los voluntarios. Tienen un camión-escalera de 32 metros de largo -el más largo de Mendoza-; una unidad de rescate; una autobomba grande; un camión de apoyo hídrico; una ambulancia y dos unidades de trabajo forestal, una de ellos un Unimog.
El cuerpo es 100% voluntario. Sólo reciben un subsidio nacional por parte del Ministerio del Interior, cuyos gastos están tabulados porcentualmente; un canon del 3% de lo que se abona por tasa municipal y una ayuda del gobierno provincial, que paga una ART para el personal, y un monto para el combustible. Todos los gastos deben ser justificados exhaustivamente con sus comprobantes, y hay tres inspecciones anuales por parte de Defensa Civil, quien entrega un certificado de operatividad, que les permite seguir recibiendo los aportes oficiales.
La presencia femenina estuvo representada en la entrevista por la bombera Carolina Flores, que ingresó a la institución en el 2011, y hoy es "la preceptora" de los aspirantes que hacen el curso, y se encarga de hacerles hacer el orden cerrado.
"Siempre soñé con ser bombera. Y cuando una está adentro se da cuenta que no es como lo imaginaba, es mucho más apasionante debido a la acción permanente", describió Carolina.
Este cuerpo tuvo inicialmente su casa en la calle Avellaneda, y nunca, desde entonces, dejó de ayudar a la comunidad, de Guaymallén, y de Mendoza toda.




