Para decirlo sin vueltas. Auge y caída del conejo Bam es una acabada fábula política protagonizada por animales.
Bam, el conejo, la alegoría orwellina de Andrés Barba: "El miedo es la gran gasolina política de nuestro siglo"
Andrés Barba es un afamado escritor español radicado en la provincia de Misiones. Si libro Auge y caída del conejo Bam es una acabada fábula política protagonizada por animales.
Andrés Barba (Madrid, 1975) apeló a una rica tradición alegórica, cultivada por clásicos como Apuleyo o Esopo, que tuvo su monumento en esta época con Rebelión en la granja.
Hay un matiz interesante, sin embargo, respecto de esto último. Como el propio Barba explica, George Orwell transita por una vía más cercana al policial para explicar el colapso entre comunismo y capitalismo, bajo un contexto internacional signado por la catástrofe.
La historia del conejo Bam, en cambio, regresa a la tradición para exponer los agrietamientos del mundo de hoy como la posverdad y la obsesión por la seguridad. Con los populismos del siglo XXI a la cabeza, que utilizan el miedo como gasolina política.
Todo esto, aunque parezca mentira, mezclando tangencial y azarosamente a Bam con Bad Bunny, el conejo con más cartel de la frenética actualidad.
Fascinantes asuntos, todos estos, para charlar nuevamente con el autor español, desde Posadas, Misiones, donde vive, en el programa La Conversación de Radio Nihuil.
-¿Qué te dio por transformarte en conejo, Andrés, como decís al final del libro?
-(Ríe a carcajadas) Creo que fue en esta especie de mundo pospandémico, donde realmente a todos nos golpeó tanto en la línea de flotación y nos hizo revisar lo que queríamos escribir, de qué teníamos que escribir y de todo.
-El mundo después del covid.
-Fue el momento donde se estaba germinando esta nueva política tan delirante, que ya es nuestro pan de cada día. De repente me pareció que no podía seguir escribiendo con humanos, que tenía que irme hacia otro lugar para poder entender lo que nos estaba ocurriendo (risas). Un poco al modo de lo que le ocurrió a George Orwell cuando en ese mundo de preguerra mundial escribió Rebelión en la granja utilizando animales para explicar su mundo político.
-Ok, pero, por ejemplo, Rebelión en la granja tiene a los cerdos como personajes dominantes junto a otros animales. ¿Por qué, en tu caso, específicamente conejos? ¿Por qué no liebres, sapos o cualquier otro bicho?
-Pues porque el conejo es un animal que representa bastante bien nuestro mundo, ¿no? Digamos, los conejos tienen dos velocidades. La velocidad histérica de la huida y del correr hacia algún lugar; y la velocidad inmóvil, totalmente detenida, del pánico.
-O sea, nosotros también.
-Digamos que funcionamos mentalmente, sentimentalmente, políticamente, en esas dos velocidades: en la velocidad frenética, histérica, de la huida y también en la velocidad estática del terror.
-¿Y qué pasa entre esas dos instancias?
-La velocidad media es donde se produce el pensamiento crítico. Este es un tiempo político donde el pensamiento crítico está casi inhabilitado, precisamente porque no podemos tener la velocidad neutral, la velocidad media. Solo tenemos la velocidad del terror, que es una velocidad inmóvil, y la velocidad del miedo y la velocidad de la agresión, que es la velocidad histérica, frenética. Estamos atrapados en ese on-off, digamos.
-Vos lo decís al principio, en la primera página: "El miedo es la gran invención de los conejos".
-Exacto. Y el miedo es la gran gasolina política de nuestro siglo. Si hay algo que utilizan los políticos, sobre todo la política populista, tanto en Latinoamérica como en el resto del mundo, es eso.
-¿Qué miedo?
-El miedo de las personas. El miedo a la inseguridad, el miedo al otro, el miedo a la agresión, el miedo a la catástrofe económica. Es la única forma, es la gran gasolina del populismo.
-Precisamente, ya en la segunda página, completás el concepto: "Para conocer el miedo de los conejos, es necesario hacerles creer que se les va a hacer un daño y luego no hacérselo, que sientan que una gran tragedia es inminente y luego dejarlos allí presas de la ensoñación". Ahí está toda la mecánica.
-Sí. Porque el miedo es un desactivador del pensamiento también. Si uno tiene miedo no puede pensar. Básicamente de eso se trata la nueva política. La nueva política son estrategias para impedir el pensamiento crítico.
-Expliquemos porqué esto es clave.
-Porque el pensamiento crítico nos pone en un lugar intermedio, equidistante, donde somos capaces de criticar nuestras propias opiniones. Pero la nueva política nos pone en esa especie de pulsión del terror, donde sencillamente lo único que hacemos es votar con el estómago, no con la cabeza. Ni siquiera con el corazón, votamos con el estómago.
-Es lo que analizan los técnicos de marketing electoral. Dicen que es más importante la emoción que la parte racional al transmitir un mensaje.
-Exacto. Bueno, esta novela comienza en una Gran Madriguera donde hay un conejo, Bam, que es quien inicialmente toma conciencia de la individualidad de los conejos y empieza a darles un nombre. Y es como un arco completo, desde el origen de las instituciones de una sociedad, que nace, en el caso de los conejos, en el hecho de ponerles nombre, hasta su decadencia total.
-Sí, el derrumbe es el destino de tu relato.
-En el modo del totalitarismo y la guerra y el miedo y, en última instancia, también, incluso en la pandemia. Por lo tanto, la idea era hacer una historia hiperacelerada de nuestro tiempo, desde el nacimiento de las instituciones y la confianza en ellas, hasta esa especie de descrédito total, porque la nueva política básicamente lo que trata es de vaciar el crédito en las instituciones.
-Hoy el mundo se mueve bajo el vértigo de las redes, en un scrolling infinito. Pero los conejos también tienen su scrolling, porque todo su tiempo se dedican a seguir, paso a paso, milimétricamente, cada cosa que haga o diga Bam, incluso cuando orina.
-Claro. Están completamente imbuidos en una especie de tarea pendiente. El pensamiento requiere de la pausa. Si uno está con esta especie de síndrome de la tarea pendiente, con el que estamos todos, el pensamiento es casi imposible.
-Un signo de los tiempos.
-El totalitarismo del siglo XX era un totalitarismo del corazón, de las pasiones nacionales. El totalitarismo del siglo XXI es un totalitarismo del miedo. Es como que el chakra bajó. Bajó del corazón al chakra menor, debajo del estómago. En el mundo genital, digamos, está el totalitarismo del siglo XXI.
-Extendiendo la mirada a nuestro planeta, quizás sea una paradoja o una coincidencia poética, pero vos, como narrador, te transformás en conejo justo en la época de Bad Bunny, cuando él está en la cumbre del éxito.
-(Ríe) Sí, sí, sí. Justo ahora se está haciendo la versión del libro al inglés y la traductora me dijo: ¿tú te has dado cuenta de que Bam son las iniciales del nombre de Bad Bunny? ¿Eso es deliberado?
-(Risas) Suponemos que no.
-No, no. La verdad es que yo no sé cómo se llama, no tengo ni idea.
-Para tu información, se nombre es Benito Antonio Martínez, así que tu traductora está en lo cierto.
-¡Exacto!
-Dicho esto, probablemente a Bad Bunny no le caería del todo bien que lo identifiquen con el conejo Bam.
-Bueno, Bam es todas las cosas. Bam no es solo el líder totalitario. Bam es inicialmente un proyecto ilusionante. Yo creo que esto también es una cosa importante de la nueva política.
-¿En qué sentido?
-Si nosotros tratamos de identificar a los políticos solo en categorías de bueno, malo, like, dislike, on, off, nos equivocamos siempre, porque casi todo, incluso lo más perverso de esta nueva neopolítica, proviene de algo hermoso, aglutinante y comunitario. Y eso es lo complejo de resolver.
-¿Resolver qué, en definitiva?
-Que los totalitarismos son horripilantes, precisamente porque su germen es hermoso.
-¿Y aplicado a tu conejo?
-Lo que hace que Bam sea un líder tan terrible al final es que, en su origen, fue un líder que unificó a la madriguera, que le dio un proyecto ilusionante. Es un poco parecido a lo que ocurrió con Podemos en España, que nació como un proyecto totalmente horizontal, totalmente barrial, totalmente ilusionante y fue como degradándose poco a poco.
-Nos ha pasado en distintos lugares.
-Por eso fue tan terrible ver su degradación, precisamente porque en su origen había sido una gran esperanza. Eso es lo que ocurre con Bam.
-Vos tenés la desilusión española de Podemos. En Latinoamérica tenemos, entre otros ejemplos, la de la Nicaragua de Somoza. Era hermoso, en su momento, apoyar al movimiento sandinista, inspirado por un sacerdote y poeta, Ernesto Cardenal. Luego vino la degradación.
-¡Sí, claro! Ernesto Cardenal. Hay un emblema de la escolástica de la Alta Edad Media. San Anselmo, creo, decía: "Corruptio optimi pessima". La corrupción de lo mejor es lo peor.
-Formidable.
-¿Qué es lo peor imaginable? Lo peor imaginable es cuando un gran amor se ha degradado, ¿entiendes? No hay nada más doloroso que un gran amor degradado. No hay nada más doloroso que una gran esperanza que se ha venido abajo. Porque uno realmente puso ahí todo. Y cuando eso se quiebra, es difícil recomponerse. Por eso la corrupción de lo mejor es lo peor.
-Es muy significativo el epílogo de tu libro, con las dos páginas de agradecimientos. Ahí manifestás expresamente tu interés por hacer literatura política, pero no contaminada por la ideología. Algo que se agradece, como lector.
-Es que cada vez más la política es ideológica. La literatura política está ideologizada en el sentido de que la gente trata de hacer, a través de la literatura, una justicia que la vida no otorga. Eso no se puede hacer. La literatura no es para eso.
-¿Para qué es?
-La literatura no es para hacer justicia. La literatura es para comprender la realidad. Para eso es la literatura. Para ser críticos y para tratar de entender lo que está en toda su ambigüedad, en todas sus sombras. No para decirle a los demás qué es lo que deberían hacer ni para hacer una justicia que en la vida no sucede en realidad. Y esa es la única literatura política que tiene sentido hacer, para mí.
-Ante cualquier análisis sobre tu libro Auge y caída del conejo Bam lo primero que salta es la comparación con Rebelión en la granja, como decíamos más arriba. ¿Qué te diferencia y en qué coincide lo tuyo con la obra de Orwell?
-Rebelión en la granja lo escribe Orwell en un momento también de gran debacle política en el mundo. Pero lo hace en clave policial. O sea, él lo que hace es utilizar el mundo de la fábula tal y como lo recompuso la Ilustración francesa.
-¿Cómo lo entendemos?
-Es decir, desde el punto de vista pedagógico utiliza la fábula para simplificar en el mundo animal algo que en el mundo político externo era muy complejo de resolver, como esa gran colisión del comunismo marxista contra el capitalismo y esa especie de lucha tectónica brutal que da ese nuevo mundo que parecía ir hacia un gran colapso. Eso es lo que le interesa a Orwell. Como cuando el profesor de matemáticas agarraba la ecuación compleja y la simplificaba con números sencillos para que tú la entendieras.
-Muy didáctico, claro. ¿Y en tu caso?
-Yo no quería hacer eso. Yo quería utilizar un poco la tradición de la fábula con animales, pero más la que utilizaron los clásicos, como Apuleyo, por ejemplo.
-¿En qué se diferencia?
-Está más derivada hacia el mundo de la picaresca. Es decir, utilizar los conceptos que no entendemos y que están en la raíz de nuestro mundo político y llevarlos al mundo de los animales.
-Muy preciso. De eso está plagada la historia.
-Como la posverdad. Digamos, todos estos conflictos que tenemos contra la verdad factual, la verdad sentimental, la obsesión con la seguridad, el miedo al otro como aglutinante de la posverdad, el miedo como gasolina política. En fin, todas esas cosas que yo sentía que eran específicas del populismo del siglo XXI; todo eso trasladarlo a un cuento con animales sin tratar de decir ¡estos son los marxistas, estos son los capitalistas, estos son los buenos, ame usted al caballo, odie usted al cerdo! No, no. Esto es otra cosa.
-Así es. Una fábula "a lo Barba".
-Esto es: sumérjase en este mundo de conejos con el mismo grado de confusión e inseguridad con el que está viviendo su propio mundo político para ver si saca algo en claro (sonríe).
-Es encantador porque en esta gesta agarrás muchos términos que parecen sagrados y los vas pasando por la picadora de carne. Por ejemplo, la verdad, como acabás de decir. Esto vale para nosotros, los periodistas, que nos sentimos los dueños de la verdad. Y en la página 113 afirmás que "lo que hace que algo sea verdad es la repetición y no tanto el hecho, secundario, al fin y al cabo, de que algo haya ocurrido". Brillante.
-Bueno, así es, literalmente. Eso es la verdad en nuestro mundo. Y quien piense que la verdad es otra cosa, se está equivocando. A los hechos me remito.
-Contame un hecho que te haya impactado.
-Hubo un momento que fue definitorio para comprender la verdad de nuestro tiempo. Ocurrió en la primera toma de posesión de Trump. Allí, en la rueda de prensa posterior, la encargada dijo que había habido más concurrencia a esa ceremonia que en la de Obama, cosa que era obviamente mentira porque en las fotos se veía que estaba la mitad de la gente.
-Pero la habrán refutado.
-Cuando le confrontaron y le dijeron que esa no era una verdad, dijo que no era una verdad factual, que era una verdad de otro tipo. Pero lo más alucinante ocurrió durante la propia toma de posesión cuando comenzó a llover y los paraguas comenzaron a abrirse. Y Trump dijo: “No está lloviendo”.
-(Risas) Maravilloso.
-Y en ese momento, bajo la lluvia, cuando el presidente de los Estados Unidos dice no está lloviendo, hubo personas que empezaron a cerrar los paraguas. Ahí dije: estamos en otra dimensión. Estamos en otra dimensión de la verdad política. Ya estamos en otra dimensión, donde lo que ocurre no tiene ningún valor en absoluto. La verdad corre por otros canales.
-Una lección de nuestro tiempo.
-Entonces, si no comprendemos esto, no podremos pensar políticamente el mundo que nos rodea.
-Eso mismo. Otro concepto del que abusamos es la libertad. La usan para sus fines tanto las fuerzas de derecha como de centro, de izquierda o quien se te ocurra. Tus personajes, incluso, dicen que "la raza más obsesionada con la libertad son los conejos". Pero, en la página siguiente, ellos se encuentran admitiendo que "también la aprobamos, la libertad, solo que no sabíamos qué era la libertad".
-Es que el robo político, el robo retórico de la derecha a la izquierda del concepto libertad, es uno de los robos más fascinantes de la política del siglo XXI. Cómo, en, apenas, menos de un cuarto de siglo, una de las palabras clave del pensamiento de izquierda ha sido robada, literalmente. Robada y vaciada de sentido. Totalmente le han dado la vuelta a la palabra libertad. Ha sido espectacular.
-Para peor, a veces se consigue la libertad reclamada. Y ahí empieza otro problema. Tu narrador, Copito, dice que "no era fácil estar a la altura de la libertad, no era fácil dormir en el lecho incómodo de nuestra libertad".
-De hecho, libertad era la palabra clave del movimiento existencialista. Para los existencialistas franceses, la libertad, que era lo que producía la sensación de náusea como decía Sartre, era algo aterrador. Hacerse cargo de la propia libertad es una de las cosas más espeluznantes que puede hacer un ser humano.
-Otra de las disyuntivas que aquejan a la Gran Madriguera.
-Precisamente eso es lo que entienden los conejos: lo que no queremos es la libertad. Lo que queremos es que se nos diga qué hay que hacer. Que alguien tome las decisiones. Porque ser libre es ser responsable. Es tener que hacerse cargo, básicamente.
-Se entiende así, mucho mejor, hacia dónde apunta tu fábula.
-Como decía, creo que es exactamente lo opuesto a una literatura ideologizada. Aquí no hay buenos, no hay malos, a diferencia de la fábula de Orwell, donde sí había buenos y malos. Es una novela totalmente política, al cien por cien, sin buenos y malos.
-Es política, pero también profundamente humanística. Y valen mucho tus arrestos para desmontar mecanismos preestablecidos, como cuando le hacés decir a Copito que "quien ha nacido poderoso es inevitablemente estúpido".
-Exacto. Y es totalmente cierto. Quien ha nacido y vivido rodeado de privilegios, pero me refiero a todos ellos, no solo a los privilegios económicos, sino también, por ejemplo, a privilegios de salud; pues bien, una persona que ha tenido una salud impecable toda la vida es inevitablemente idiota en algún lugar, porque no comprende; hay una fragilidad esencial inherente a los humanos que no comprende. Piensa que es inmortal. Y hay un tipo de sabiduría que solo cruza la enfermedad o la fragilidad.
-Encerrado en su ilusoria omnipotencia...
-A mí me interesaba mucho en este libro el mundo del eslogan político, el mundo de las frases que repiten los políticos y que casi siempre son una pavada.
-Pero solemos creerles.
-Lo que pasa es que tienen la habilidad de catalizar una energía política. Por ejemplo: "Sí, se puede". ¿Sí se puede qué? Sí se puede no es nada. Sí se puede es una boutade. O cualquier otra. Como "tengo un sueño", de Martin Luther King. ¿Qué es tengo un sueño? Una pavada, también, ¿entiendes?
-Totalmente, visto así.
-Te pones a mirar y no hay una sola que se salve. Y sin embargo, todas ellas son capaces de generar una enorme energía. Son como centrales nucleares de la emoción política. "¡Viva la libertad, carajo!". ¿Qué es eso? La frase, no obstante, generó miles y miles y miles de votos. Fue una cosa espeluznante.
-Hay algo peor en tu relato. En determinado momento, al conejo Bam se le ocurre tirarle a su tropa la palabra "más". Solo eso. ¿Más qué? No se sabe. Pero basta y sobra para impulsarlos hacia adelante, hacia cualquier lado.
-Es como la ilusión en el progresismo. El progresismo es una fantasía política que puede resumirse en la premisa de que más adelante será mejor. Es, también, una fantasía que, por ejemplo, rige todo el mundo del pensamiento mágico vinculado con la inteligencia artificial. Más adelante será mejor, más adelante funcionará mejor, más adelante seremos mejores, tendremos más bienestar, etcétera.
-De ilusiones también se vive...
-Es una falacia absoluta porque el mundo de la política nunca funciona en progresión sino en movimientos de retracción y progresión, tanto con respecto a la economía como con respecto a los derechos civiles o las libertades o a lo que sea.
-Lo vemos a cada paso.
-Pues ahora mismo claramente estamos en un momento mundial de regresión a todos los niveles, en libertades, en democracia, en todo. Es una especie de fase regresiva y paródica, además.
-¿Y por qué, entonces, adoptamos esas frases y las repetimos continuamente? ¿Es solo por seguir a un líder, por la globalización, por las redes?
-Lo que habría que analizar ahí es cuál es nuestra relación sentimental con el líder o qué esperamos de él. Ese era otro de los grandes temas del libro que me apetecía tratar.
-¿Cómo lo ves?
-El líder es alguien que nace. Obviamente tiene una trayectoria personal en el sentido de que es alguien ambicioso, que tiene un cierto y relativo hambre de poder, de dominio, de control, etcétera. También tiene una cara idealista, o sea, no es necesariamente un perverso hambriento de poder, sino que tiene una cara idealista con ganas de mejorar la situación en sus términos o lo que sea.
-Lo cual no explica todo.
-Claro. Esa persona tiene también una trayectoria histórica. Y en esa trayectoria, que es su confrontación con el pueblo que tiene delante, ahí se convierte en una categoría vacía, en una especie de ninot, como dicen en España, de muñeco.
-¿Qué tipo de muñeco?
-Un muñeco que asume lo que el pueblo está imponiéndole a él. Queremos que te conviertas en esto, digamos. Está el caso de Milei, por ejemplo. Él tiene unas características y unas condiciones que son equis. Es un economista, le falta litio y todo lo que sea. Le vas poniendo contenido. Y, por otro lado, está lo que el pueblo argentino precisaba o necesitaba o catalizaba a través de esa persona. Entonces en la combinación de estos dos elementos nace el líder.
-Muy esclarecedor.
-El líder tiene una parte de historia personal, pero tiene una parte de asumir un destino que es ajeno a él, que el pueblo le impone. Y generalmente ese destino también implica su propia destrucción.
-¿Por qué?
-Porque la trayectoria natural del líder es acabar siendo sacrificado en la plaza. En la plaza del mismo pueblo que lo encumbró.
-Hay ejemplos históricos de eso.
-Eso es lo fascinante del líder. Es una figura muy particular. No importa que sea de izquierda o de derecha. Si tú analizas todas las trayectorias de los líderes políticos, hay un momento en el que adquieren conciencia de lo que el pueblo quiere de ellos. Y ahí hay una confrontación como siempre muy atrayente.
-¿Te surge alguno en particular?
-Un caso, nada más. Obama. Ya había sido elegido el candidato demócrata y él estaba planteándose presentarse a las elecciones. Y cuando está preparando un poco la retórica de su campaña, tiene una duda. No sabe si hacerlo como el candidato negro o si presentarse como el candidato sin más.
-En forma más neutra.
-Es decir, no sabe si convertir su negritud en capital político o no. Y entonces Obama decide no hacerlo. Decide no hacer de candidato negro, sino sencillamente ser un hombre negro que es candidato a presidente. Entonces, no tematizar su condición de hombre negro fue lo que provocó que ganara las elecciones.
-¿Tenía opción?
-Negro era. No había forma de que no fuera negro. Lo que sí puedes hacer es capitalizar políticamente esa condición o no. Toda su comunidad decía: che, tío, tú eres nuestro candidato negro. ¿Por qué no dices que eres un candidato negro? Porque no lo soy. Por lo tanto, su afiliación al mundo blanco le costó también muchos enemigos raciales a Obama. Sin embargo, cuando estaba siendo candidato y aún no era presidente, todo el mundo veía solo a un hombre negro que quería ser el presidente de los Estados Unidos.
-Como correspondía.
-Pero cuando fue presidente de los Estados Unidos, lo que veíamos era a un tipo que era el presidente cuya negritud no importaba. Es decir que, de repente, de alguna forma casi mágica, su negritud desapareció como dilema.
-Claro, ahí, cuando se convirtió en el presidente.
-Era un dilema antes de serlo. Pero al convertirse en presidente, ya no lo fue. Sencillamente era negro, como era de Chicago y como era otras cosas más.
-Estupendo para entender el juego de roles.
-Como decía, eso es lo fascinante. Cómo las cualidades del líder, muchas de ellas importantísimas para convertirse en eso, se activan o desactivan dependiendo de lo que el pueblo cataliza en ellos.
-Cabe decir otra cosa, a esta altura. Tu libro es una fábula de conejos, de punta a punta. Pero también es una fábula de topos.
-Exacto (sonríe).
-Y estos pequeños animales, tan queribles, de repente pasan a ser víctimas de un genocidio en puerta. Esto ocurre en el tramo final del libro, cuando se alcanza el clímax y lo más potente de la novela.
-Hay como dices tú un genocidio con los topos. Los topos se convierten un poco en el enemigo.
-Pero sin ninguna razón aparente.
-Eso es lo más importante de esa situación de la novela. Hay un momento en el que las comunidades no son capaces de hacerse cargo de su propia felicidad.
-La felicidad. Otro tema clave de tu historia.
-La felicidad es una cosa estática. Pero el lenguaje de la política es un lenguaje del anhelo.
-¿Cómo funciona eso?
-Si el político ha conseguido lograr lo que pretendía, tiene que generar un nuevo anhelo en el futuro, porque la retórica política solo funciona cuando la gente anhela algo que todavía no tiene. Pero cuando lo tiene, hay una parte de la retórica política que colapsa.
-¿Cómo se gestiona, entonces?
-Es un momento crítico en la trayectoria de cualquier político que ha triunfado, entre comillas, que ha logrado lo que pretendía, porque la comunidad queda un poco en vilo. Y en ese momento, ¿qué es lo que tienen que hacer? Fundamental: encontrar un enemigo.
-Ni más ni menos. El chivo expiatorio.
-Encontrar un enemigo, sea cual sea, es otro de los grandes aglutinantes de la comunidad. En este caso, el enemigo son los pobrecitos topos, como dices tú. Y se genera un auténtico genocidio.
-Pero lo peor es que los topos se transforman en enemigos sin hacer nada. Después los conejos les declaran la guerra y ellos nunca se enteran de que los quieren liquidar. Nunca expresan una postura bélica, salvo para defenderse.
-(Sonríe) Es así. Lo cual responde muy bien un poco a esta especie de incomprensión absoluta entre diferentes dialécticas políticas. En el conflicto de Gaza es una cosa absolutamente patente y notoria. Uno puede estar hablando en suajili y el otro en alemán. Da igual. No se entienden. Incluso, aunque se sienten a una mesa y pareciera que se están entendiendo porque utilizan las mismas palabras, entienden cosas tan distintas que en realidad están teniendo un diálogo de sordos.
-¿Por qué ocurre eso?
-Porque, en realidad, lo único que está haciendo cada uno de ellos es capitalizar políticamente ese conflicto bélico. A no ser que seas la víctima, pues si eres la víctima, sencillamente te mueres.
-Se nos acabó el tiempo de radio. Como siempre, Andrés, es un gran gusto charlar con vos. Lo hemos hecho antes con Vida de Guastavino y Guastavino, luego con El último día de la vida anterior y ahora con tu conejo Bam. Esperamos el próximo libro para retomar el diálogo.
-Claro que sí. Aquí estaremos. Vamos quedando de año en año, en este mismo lugar (ríe).
-¿Y ya tenés alguno que esté en el horno?
-En breve saldrá un pequeño ensayo biográfico sobre el dolor. Se trata del primer caso documentado de alguien que tenía analgesia congénita. No sentía ningún dolor físico. El dolor es un tema que a mí siempre me interesó mucho.
-Saludos, ya que estamos, para Carmen M. Cáceres, “la coneja máxima y sabia”, como la llamás en la última línea. Es tu mujer, escritora también, ¿no?
-Escritora. Y le dieron el Premio Medifé a la mejor novela del año, así que estamos de celebración en casa.





