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Andrés Barba y sus fantasmas: "Vivimos en un mundo cada vez más espectral. Las redes son un mundo de espectros total"

Novelista, ensayista, traductor, guionista y fotógrafo español. Es Andrés Barba, autor de República Luminosa y El Último Día de la Vida Anterior, dos novelas muy recomendables

Para Andrés Barba (Madrid, 1975), la infancia es un mundo misterioso digno de ser explorado hasta las últimas consecuencias.

Nada más desafiante para un escritor, como él, que ya ocupa un sitial de preferencia entre los escritores españoles de este tiempo.

Dos novelas, en apariencia muy distinta en su género, lo conducen por el mismo camino hacia aquel tiempo primigenio.

En República luminosa, que le valió el Premio Herralde de Novela, la acción vandálica de un grupo de niños salvajes en pueblo enmarcado por un río caudaloso y la selva, le permite a hacer preguntas incómodas, que casi nadie se formula. ¿Cómo enfrentamos, como entendemos el odio de los niños?, por ejemplo.

En El último día de la vida anterior, su título más reciente, Barba utiliza los recursos de los relatos de fantasmas para entrelazar el destino de dos seres encerrados en su laberinto. Uno de ellos, el espectro, es un niño. Un niño que arrastra la nube de su madre.

A partir de estas dos anécdotas, Barba traza un diagnóstico sobre el estado del mundo: la posverdad y las mañas de la política, el trauma colectivo de la pandemia, la realidad cada vez más espectral en la que estamos inmersos.

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El madrileño Andrés Barba.

El madrileño Andrés Barba.

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Es español, pero vive en Posadas, junto a su pareja, la escritora Carmen M. Cáceres, desde donde habla para el programa La Conversación de Radio Nihuil.

-¿En qué lugar de Posadas vivís, Andrés? ¿Cómo es el paisaje que te rodea, grosso modo?

-Ahora mismo estoy frente al Paraná, literalmente, viendo Encarnación del Paraguay al otro lado, sobre el puente Roque González. Posadas es una ciudad grande; grande para la región, pero chiquita en términos generales en la Argentina. Y estamos rodeados de selva, de ese río maravilloso y de mucha naturaleza.

-Preguntaba porque ese estupendo libro tuyo, República luminosa, se desarrolla, justamente, en un lugar así: un pueblito, San Cristóbal, ubicado entre la selva y un río caudaloso, donde hace muchísimo calor y cobra relevancia la impronta de los pueblos originarios.

-Sí, claro. El paisaje de República luminosa es obviamente el paisaje de Misiones, de toda esta región en general.

-Y ese paisaje tiene bastante protagonismo, ¿no?

-Sí, en República luminosa el paisaje es un personaje más; uno de los personajes más importantes porque, en buena medida, si el paisaje en el que vivimos siempre nos determina, hay cierto tipo de paisajes que marcan el carácter de una manera más fuerte, más rotunda como, por ejemplo, la temperatura que tenemos aquí casi todo el año.

-Por supuesto. En la novela hay una escena que te introduce mucho en el lugar. Se organiza una batida en la selva y todos los participantes reciben instrucciones para sobrevivir a la mordedura de una pitón, una cascabel o una yarará. ¿Están todas esas serpientes cerca de donde vivís vos!

-Sí. Aquí hay serpientes muy peligrosas. De hecho, muchas veces, cuando hay carreras populares, porque a veces se hacen media maratones, que son maravillosas porque cruzas por toda la selva, siempre hay, cada tantos corredores, un corredor médico con antídotos por si a alguien le pica alguna barbaridad de estas. Y tienes que firmar cláusulas de responsabilidad y cosas así, porque la selva es jodida.

-Además, vos contás que cada una de las víboras tiene un antídoto distinto.

-Sí. Una de las cosas que te dicen aquí siempre es que cuando te pica algo, lo primero que tienes que hacer es matar al bicho inmediatamente y llevártelo contigo, porque tan importante es ir pronto a la guardia como llevar el que te ha picado.

-A tu título más reciente, El último día de la vida anterior, casi todo el mundo lo ubica como un clásico libro de fantasmas, tipo Henry James, a quien vos has traducido. Pero tu historia tiene una vuelta. ¿Podríamos dejarlo como un relato de fantasmas, finalmente?

-En realidad todo es literatura de género en el sentido de que respeta un poco las leyes básicas de la literatura de fantasmas.

-¿Qué tipo de reglas?

-Una persona, que es foránea, llega a un lugar, que es casi siempre una casa, un portal, un portal cósmico de alguna forma, donde se cruza con otra persona que pertenece a otra dimensión. Y entre esas dos personas se establece un pacto de ayuda, lo cual acaba obviamente con la solución de un problema que estaba ahí, que uno de los dos personajes tenía en cada una de sus dimensiones.

-O sea, sos respetuoso del canon básico del género.

-Claro, esas son las reglas básicas de la literatura de fantasmas y, en ese sentido, este libro las respeta porque hay una mujer, que es una agente inmobiliaria que va a vender una casa y, en el primer día, cuando la está arreglando para enseñársela a los clientes, ve a un niño ahí.

-Que no es cualquier niño.

-Es un niño espectral. Entonces entre ellos se establece un vínculo. Y esa relación entre los dos es un poco el tema de la novela.

-El ida y vuelta entre ambos personajes es la clave.

-En realidad, lo importante de los libros de fantasmas es que una persona, sin saberlo, está necesitando a otra muy particular; y que el vínculo que se establece entre esos dos personajes no es aleatorio, sino que está un poco marcado por el destino.

-La fortaleza del vínculo, pues.

-Solo esa persona en concreto podía ayudar a esa otra persona en concreto. Porque, al final, eso decía Dickens: toda la literatura de fantasmas es una literatura de redención. Hay alguien que redime; alguien está condenado o atrapado en un lugar y es redimido por otra persona que no es aleatoria, que había sido elegida para esa redención.

-En el azar maravilloso de las redes, apareció en estos días una cita de John Forbes Nash, el matemático estadounidense que ganó el premio Nobel en el' 94, que bien puede explicar el sentido de tu libro. Dice: "Lo que distingue lo real de lo irreal está en el corazón".

-Bueno, Nash era esquizofrénico, si no recuerdo mal. O sea, tenía visiones, veía personas que no existían en la realidad. Hay una película basada en él, Una mente maravillosa. Por eso, una de las cosas que siempre aparece en la literatura de género de fantasmas es la cuestión permanente de qué es real y qué no es real, una pregunta que nosotros nos hacemos constantemente.

-Sí, no hay manera de zafar.

-Nos preguntamos: esto que siento, ¿es de verdad o es de mentira? ¿Esta persona realmente me ha ofendido o ha sido una figuración mía? ¿Esta persona está enamorada de mí o yo de ella o me lo estoy inventando? Todos estamos viviendo permanentemente en un mundo de especulaciones fantasmales, en realidad. Porque toda ficción es como una especie de proyección fantasmal.

-Pasa a ser parte de nuestra condición.

-Como que los espectros forman parte de nuestra vida natural. Por eso nos gusta leer novelas de fantasmas, no porque veamos fantasmas todos los días, sino porque nuestro mundo es muy fantasmal.

El ültimo Día de la Vida Anterior de Andrés Barba.jpg

-Como complemento de esto que estamos hablando, en tu otra novela, República luminosa, se dice que "muchas veces obedecemos a la moralidad circundante solo porque la realidad es menos verosímil que las creencias adoptadas". Es decir, hay veces, incluso, que las creencias propias son más fuertes que la realidad, ¿no?

-Creo que en este mundo de lo posverdadero es bastante notorio eso: cómo preferimos creer algo que hemos leído en un blog o en una página de dudosa referencia en internet a lo que estamos viendo con nuestros propios ojos y tocando con nuestras manos.

-¿Por qué eso?

-Es que hemos llegado a un punto de desconcierto tan fuerte sobre lo que es la verdad, que casi desconfiamos más de nuestros sentidos que de los estímulos externos, que de lo que recibimos por canales dudosos.

-¿Qué consecuencias acarrea para nosotros?

-Sin duda, la verdad y lo verdadero va a ser el tema del siglo XXI, en donde nos estamos jugando todo. La propia política, los propios políticos ya han descubierto que la verdad y la política están totalmente disociadas; y que un político puede decir y prometer cualquier cosa y luego hacer cualquier otra y no hay repercusiones reales.

-Un estado de cosas preocupante, verificado en el día a día.

-Hay un divorcio entre política y verdad o entre sociedad y verdad, que va a determinar totalmente lo que va a ser el siglo próximo en términos generales, sociológicos, sentimentales, antropológicos, políticos, que está ya instalado aquí. Tenemos que ver cómo lo gestionamos.

-Hay algo más grave todavía en materia de comunicación y es que la posverdad y las teorías conspirativas son infinitamente más atractivas que la cruda verdad, que a veces es muy anodina, ¿no?

-Sí. En realidad, hay un libro muy importante para mí que se llama El juego (The Game), de Alessandro Baricco, donde dice que lo factual ha dado paso a lo viral; que ya, en realidad, lo factual, la verdad factual, la verdad de los hechos, no importa. En realidad, ya no importa si algo ha ocurrido o no ha ocurrido, lo que importa es lo potencialmente viral que puede ser.

-Con las consecuencias que eso implica, ¿no?

-Lo viral ha ocupado el lugar de lo factual y eso es una cosa peligrosísima porque en realidad solo tomaremos por cierto lo que sea viral y lo que no sea viral nos parecerá sospechoso.

-Volviendo a tu novela, si uno habla de un relato de fantasmas, todo el mundo, haya leído o no, sabe de qué se trata. Pero vos utilizás una palabra que es fundamental para entender una clave esencial de la trama: bucle. ¿Por qué no le explicás al público general cómo funciona el bucle dentro de tu narración?

-Lo que ocurre en esta novela, justo al principio, es que cuando esta agente inmobiliaria entra en la casa ve un bucle de sí misma; es decir, una imagen repetida de sí misma, física también, haciendo lo que hizo el día anterior. Y es una imagen que se repite una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. O sea, básicamente, ella se está viendo a sí misma repetir un gesto.

-Tipo El día de la marmota, digamos.

-Sí, pero en este caso, en vez de ser cómica, es totalmente siniestra, espectral. Es fantasmal porque, primero, verte a ti mismo desde fuera ya es algo espectral. Cuando uno tiene ocasión de verse a sí mismo desde fuera siempre se resulta como un extraño, en un punto.

-Claro, pero no es solo eso.

-No. Porque si te ves a ti mismo desde fuera y encima viendo lo mismo una y otra vez, cada vez esa imagen que era, en principio, banal, se vuelve cada vez más siniestra. Esa imagen, que luego tiene una importancia en el libro, está relacionada en realidad con algo que es muy importante en la literatura de fantasmas, que es la presencia del trauma. Siempre ha habido un trauma inicial que ha provocado la condena de uno de los personajes. Y es un trauma que tiene que ser resuelto.

-¿Cómo fuiste a parar en el bucle?

-Ahí sí me ayudó mucho, para desarrollar el tema del bucle, nuestra experiencia compartida de la pandemia.

-¿Por qué? ¿Cómo te pegó la pandemia, en este sentido?

-Porque en la pandemia todos nos convertimos, de alguna forma, en el fantasma de nuestra propia casa. De repente, todas nuestras casas eran casas encantadas con un fantasma adentro, cuyo fantasma éramos nosotros. Nuestra vida real, que era la vida del exterior, de repente parecía inverosímil, mentira, falsa.

-¿Fantasmas de qué tipo éramos?

-Esa vida de fantasmas que teníamos no lograba ser verdadera del todo. Nos mirábamos en el espejo y no sabíamos quién era esa persona. Tuvimos una fuerte experiencia de disociación colectiva, pero colectiva a nivel mundial, que en algún punto está sublimada también en la escritura de este libro.

-¿En qué se traduce esa disociación?

-Básicamente, cuando uno se disocia, es que está tratando de eludir un problema que no puede resolver. El trauma consiste en revisitar una y otra vez algo que uno ha hecho o algo que a uno le ha ocurrido y que ya no puede arreglar, porque ya ha ocurrido o ya se ha hecho.

-¿Cómo se sale de ahí, si es que se sale?

-Nuestra manera de quedar atrapados ahí es como orbitar alrededor de eso y revisitarlo una y otra vez. La palabra que dijimos y no tuvimos que haber dicho, aquello horripilante que nos ocurrió y podría no habernos ocurrido, en fin. Y quedamos atrapados en esa órbita de fichas, hasta que no viene otro agente o un tercero y nos saca de esa órbita, que sería un poco como la redención, en ese sentido. Pero, bueno, digamos que nuestra experiencia en la pandemia fue una novela de fantasmas colectiva.

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"Todas nuestras casas eran casas encantadas con un fantasma adentro, cuyo fantasma éramos nosotros", define Barba sobre la pandemia.

"Todas nuestras casas eran casas encantadas con un fantasma adentro, cuyo fantasma éramos nosotros", define Barba sobre la pandemia.

-Un oyente de este programa, que es muy buen lector y músico, encantado con la entrevista, pregunta: ¿un bucle sería un loop?

-Claro, sí. Un bucle es un loop. Es cualquier fórmula que revisita todos los mismos elementos que ha producido. Lo que ocurre es que cada vuelta que se revisita, cada vuelta del loop, cada vuelta del bucle, reformula el bucle.

-¿Lo reformula cómo?

-Es decir, no es lo mismo recordar por primera vez el primer beso que te diste con tu novia, que recordarlo por vigésimoquinta vez, que recordarlo cuando tu novia se ha muerto, que recordarlo cuando ha nacido tu nieta, en fin. Cada revisitación de ese evento lo modifica. Eso es algo que Proust entendió muy bien cuando escribió En busca del tiempo perdido.

-¿Qué desveló Proust?

-Se dio cuenta de que, en realidad, lo importante no son tanto los eventos que han compuesto nuestra vida como nuestra relación en la memoria con esos eventos; y cómo nuestra memoria modifica los propios eventos. Es decir, no es lo mismo un episodio recordado en ciertas formulaciones que otro recordado de otra forma.

-¿Cuál sería la conclusión?

-Que básicamente inventamos nuestro pasado. Esa es un poco la conclusión del bucle. Al revisitarlo de una y otra vez lo modificamos.

-Otra buena lectora y librera, Jaquelina, dice: ¿es también lo que se llama un déjà vu esto que estamos analizando?

-Claro. El déjà vu es una de las cosas más fascinantes que existe. Bergson, que fue uno de los filósofos que más ha pensado el concepto de tiempo y que además está muy vinculado a la obra de Proust, tiene una teoría que a mí me parece muy fascinante y es que el déjà vu es como una especie de cortocircuito cerebral.

-¿Cómo se entiende esto?

-No es tanto que tú hayas vivido algo como que tu cerebro tiene como un cortocircuito y se solapa la formación de la memoria con la percepción de la realidad. Es decir, estás asistiendo literalmente a cómo tu cerebro crea un recuerdo; pero estás asistiendo en el mismo momento en el que el recuerdo se está produciendo.

-Una cuestión simultánea.

-No es que hayas estado, es que tu cerebro se está equivocando, entre comillas. Eso sería un poco formular la manera en la que toda proyección es una recreación. Incluso el cerebro cuando está formulando algo lo está solapando, está subrayando la realidad de alguna manera.

-Además de todo esto, ¿sería lícito ubicar a la mujer del bucle, que ve su propia imagen, en la rica tradición del doppelgänger?

-Por supuesto que sí. Obviamente hay una larguísima tradición del doppelgänger, del doble, en la literaria fantástica, que me fascina mucho, por cierto, y que he leído con avidez, siempre, durante toda mi vida lectora.

-¿Y cómo funciona en tu novela?

-Aquí aparece bajo una condición bastante extraña en donde el doble es, al mismo tiempo, un bucle, una repetición doble, en el sentido de que es la repetición de una persona que la ha generado. Pero también es una repetición porque está generando automáticamente una y otra vez la misma escena. Y en ese sentido es bastante recurrente en su ser un doble.

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-Por esas coincidencias que nos regala el azar poético, hace un par de sábados hablamos con Luis López Carrasco, ganador del Premio Herralde, igual que vos. Y en su novela, El desierto blanco, termina también encontrando fantasmas en la casona familiar del protagonista.

-Y ahora, justo hace unos días, sacó Margarita García Robalyo un libro que se llama La encomienda, que también es un libro de fantasmas.

-¿A qué atribuís estas coincidencias? ¿Simple azar?

-Yo creo que no es casual. Creo que hay algo en nuestro tiempo que precisamente quizás tenga que ver con la posverdad o con nuestro distanciamiento de lo real. Estamos como encantados, en el sentido de que hay una cierta tendencia a la fantasmología. Vivimos en un mundo cada vez más espectral. Las propias redes sociales son espectrales.

-¿Por qué?

-Porque las redes sociales son proyecciones fantasmáticas que hacemos de nosotros mismos y con las que nos inventamos un personaje de nosotros mismos para dialogar con otras personas. Las redes son un mundo de espectros total, si lo piensas.

-Y ni hablar de la inteligencia artificial. Vamos a terminar hablando todos con ella, con un fantasma universal.

-Claro. Y ahora es muy fascinante cómo la propia inteligencia artificial está haciendo sus propios productos, está teniendo sus propios hijos bizarros con los que empezaremos a dialogar. El problema es que ya no sabemos si estamos dialogando con una máquina o con un ser humano. No sabemos si la interacción es con un humano o no.

-Para entender la relación fantasmática de la mujer y el niño hay que entender la vida y el tiempo interno de tu protagonista, que describís de una manera exquisita. Es una agente inmobiliaria de treinta y seis años, que no tiene hijos y vive en una relación de pareja un poco anodina.

-Ella es una mujer deprimida, en un punto. La depresión, nuevamente, es algo tan propio de nuestro tiempo. Somos la generación más medicada de la historia de la humanidad y la generación más disociada. La depresión es una forma de disociación también.

-¿Cómo te marca la depresión?

-Es no poder establecer una conexión sentimental con la realidad. De repente uno ha quedado mirándola detrás de un vidrio o algo así. Eso también es una experiencia espectral. Y en esa experiencia espectral, donde uno parece que está contemplando su propia vida detrás de un vidrio, todos los elementos que componen esa vida pierden su nombre y se convierten en su función.

-Exacto. Su pareja se define, solamente, como “el hombre con el que vive”.

-Por eso en la novela su pareja es el hombre con el que vive, la amiga es la amiga de la infancia. En fin, todo el mundo está reducido a su función porque ni siquiera tienen nombre los personajes. Ningún personaje tiene nombre.

-El papá peluquero también es muy importante.

-Sí. Fíjate que la peluquería también es otro oficio espectral. Nos hace relacionarnos con una imagen fantasmática, con un deseo inalcanzable de belleza. El propio cortar el pelo, es cortar una materia humana, si lo piensas.

-Vos tenés hijos, ¿no?

-Sí, tengo dos.

-¿De qué edad?

-El mayor tiene seis y la menor tiene dos.

-Preguntaba porque tu libro República luminosa es muy impactante pues te lleva, inevitablemente, a reflexionar cuestiones sobre la infancia que uno no suele tener en cuenta. Te preguntás, por ejemplo, ¿cómo odian los niños? ¿Cómo nos odian a nosotros, a los adultos? Por momentos, la historia sobre unos niños salvajes y los propios hijos resulta conmovedora.

-Es un libro, como dices tú, sobre un montón de cosas. La infancia está tan idealizada y embellecida por nuestra cultura; necesitamos con tanta desesperación que haya un lugar hermoso en la vida, que hemos decidido que sea la infancia. Vivimos en una negación constante de todo lo que pone en compromiso nuestra ficción de una infancia maravillosa e idílica.

-¿De qué manera reaccionamos ante eso?

-Negamos la violencia, la fealdad, la maldad de los niños, la violencia ejercida por los niños, en fin, todas esas cosas que forman parte natural de la infancia, como de cualquier otra edad, y que a veces tienen un papel importantísimo, como la violencia, por ejemplo, en este caso.

-Para darle un marco histórico o sociológico a la situación de los niños salvajes que deambulan por las calles del pueblo de San Cristóbal, hacés un repaso de casos muy sonados de la historia relacionados con este asunto. Es un temazo, que empieza con el mito de Rómulo y Remo, criados por la loba.

-Sí, hay mucha literatura, desde Mowgli en adelante. Ha habido muchos niños, históricamente, que han sido educados por animales, es decir, recogidos o amparados por ellos; y se han convertido en niños semisalvajes, semianimales, semihumanos, en un punto.

-Una rica tradición, es cierto.

-Hay como una gran fascinación desde la Ilustración, precisamente, desde los enciclopedistas franceses, por el tema de la educación; de cómo la educación nos modifica, para mejor o para peor, obviamente, y cómo una educación ejecutada por un animal puede llegar a poner al hombre en otro concepto de civilización distinta. Por eso esas criaturas criadas por animales nos resultan tan fascinantes.

-Nos abre a otra dimensión humana.

-En ese sentido, además, se combina con otra cosa mucho más fascinante todavía, que es el anarquismo utópico como corriente política y, sobre todo, un personaje, que a mí me parece uno de los más maravillosos de la literatura universal, que es Peter Pan.

-¿Por qué te fascina Peter Pan?

-Porque es, básicamente, un anarquista infantil. Un niño que se niega a formar parte de la sociedad de los adultos, que instaura su propia sociedad infantil; y esa sociedad infantil tiene unas leyes completamente ajenas a las de la civilización de los adultos; distintas y a veces opuestas.

-Y nosotros, los adultos, ¿qué?

-En ese sentido, el miedo pánico que sentimos los adultos civilizados occidentales, llámalo como quieras, frente a la posibilidad de un mundo diseñado por una mente infantil, es muy elocuente porque pone de manifiesto lo frágil, la precariedad del mundo que creemos tan sólido.

-Da que pensar si otro niño salvaje no sería Tarzán.

-Claro. Tarzán sería como el equivalente de un hombre educado por animales. Lo interesante de los mitos de hombres o de niños salvajes es que, por un lado, son menos que un hombre y, por otro lado, son más que un hombre.

-¿En qué sentido esto?

-En el sentido de que son menos que un hombre porque parecen embrutecidos, pero son más que un hombre porque su conexión con la naturaleza ha sido restaurada; ha sido restaurada a un nivel al que nosotros jamás podríamos llegar. Por eso nuestra relación con ellos es ambivalente: de superioridad y de inferioridad a la vez.

-A partir de tus niños salvajes aparece algo muy potente y es que ellos crean como un nuevo lenguaje, como una nueva civilización.

-Porque cuando algo nace, lo primero que necesita es un lenguaje nuevo. Es una experiencia muy común. Cada vez que uno se enamora de alguien necesita ponerle un nombre diferente, un nombre que nadie le ha puesto a esa persona. Hay una necesidad de nombrar nuevamente algo que ha sido mal nombrado hasta ahora.

-Es una clave que rodea la existencia de todos ellos.

-Cuando esos niños instauran una civilización paralela a los de la ciudad de San Cristóbal, lo primero que necesitan es crear una lengua. Es una lengua que crean jugando inicialmente, pero que, finalmente, es su lengua. Y no hace falta explicar hasta qué punto nuestra percepción de la vida y del mundo está determinada y modificada por la lengua que utilizamos para describirlo.

-Renombramos el mundo. Muy bueno.

-Es decir, cuando utilizamos una lengua mágica para describir el mundo, el mundo se vuelve mágico. Cuando utilizamos una lengua escéptica para hablar del mundo, el mundo se vuelve escéptico. El mundo adquiere las cualidades de la lengua que utilizamos para nombrarlo.

-Retomando el tema del odio en los niños, tu relato nos hace reflexionar sobre lo que ocurre en nuestras propias casas cuando nuestros hijos se plantan de frente con ganas de liquidarnos, ¿no?

-Sí, sí. Y aparte hay una cosa muy linda del odio de los niños y es que están sumergidos en él. Están totalizados por sus sentimientos, colonizados. Como si de repente un sentimiento se hubiera apoderado de ellos por completo.

-¿Y qué hacemos ante esa circunstancia?

-Para hacer salir a un niño de su odio, lo peor que puedes hacer es decirle que le quieres. Lo primero que tienes que hacer es conectarte con su odio para poder ayudarle a salir de ahí. Pero si tú no te conectas con su odio, no le vas a hacer salir nunca.

-Bien pensado. Una respuesta atinada.

-Es que los niños lo primero que necesitan es una sensación de que su interlocutor es empático porque, si no, nada, chau.

-Sin ánimos de spoilear, uno termina con esto entendiendo la problemática del niño fantasma en su ida y vuelta con la madre.

-Exactamente. Hay una cosa que a mí me pasaba cuando era niño y era que, si odiaba demasiado a mis padres, me daba miedo pensar lo que les podía ocurrir a continuación. Es decir, sentía que mi odio era tan fuerte que podía generar consecuencias perversas.

-Tremendo eso, porque después del odio te asalta la culpa.

-Recuerdo una vez que estaba odiando muy fuerte a mi madre, tanto que, como mis padres se habían ido al cine, me dio miedo de que el cine se prendiera fuego de mi odio. ¡Que mi odio prendiera fuego el cine entero y matara a toda esa gente! De repente, como que me asusté de mi poder (risas).

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