Espacio

Astrónomos no dan crédito: descubren una estrella pequeña acompañada de un planeta gigante

Un equipo de expertos detectó un mundo gaseoso de gran tamaño que orbita alrededor de una enana roja con una masa muy reducida para los modelos actuales.

El hallazgo de un exoplaneta gigante, denominado TOI-6894b, desafía las teorías actuales sobre la formación de objetos en el espacio. Diversos astrónomos identificaron este cuerpo celeste, que posee dimensiones superiores a las de Saturno, a pesar de que su estrella anfitriona cuenta apenas con una quinta parte de la masa del Sol. Esta discrepancia física plantea interrogantes profundos sobre cómo un entorno con tan poco material disponible logró engendrar un planeta de tales proporciones.

La investigación surgió tras un análisis detallado de los datos obtenidos por el satélite TESS. Edward Bryant, investigador del University College London, lideró la búsqueda entre más de 91.000 enanas rojas de baja masa. El uso del Very Large Telescope (VLT) de la ESO permitió confirmar que TOI-6894b transita frente a la estrella más pequeña conocida hasta la fecha que logre albergar un compañero de estas características. La comunidad científica considera que este sistema servirá como una pieza fundamental para comprender los límites de la creación planetaria.

El trabajo de los astrónomos ante un sistema inusual

La teoría estándar de acreción de núcleo presenta dificultades para explicar la existencia de este planeta. En condiciones normales, las estrellas de baja masa poseen discos de gas y polvo demasiado delgados para construir núcleos pesados antes de que el material se disipe en el espacio. Daniel Bayliss, astrofísico de la Universidad de Warwick, señaló que la mayoría de los astros en la galaxia presentan estas características reducidas, lo cual sugiere que el número total de gigantes gaseosos en la Vía Láctea podría ser mucho mayor al estimado previamente.

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Los astrónomos siguen encontrando cuerpos sorprendentes en el espacio profundo.

Los astrónomos siguen encontrando cuerpos sorprendentes en el espacio profundo.

Varios especialistas evalúan alternativas para justificar la presencia del objeto. Una posibilidad reside en un proceso de acreción de núcleo intermedio, mientras que otra hipótesis apunta a una inestabilidad gravitatoria en el disco original que causó un colapso directo de gas y polvo. Ninguno de los escenarios actuales encaja perfectamente con los datos recolectados, lo que mantiene el origen del sistema como un enigma para los astrónomos encargados del estudio.

Una atmósfera de metano

Las mediciones indican que TOI-6894b mantiene una temperatura de equilibrio de unos 420 Kelvin, una cifra relativamente baja para este tipo de cuerpos. Amaury Triaud, de la Universidad de Birmingham, explicó que las condiciones térmicas favorecen una química dominada por el metano, algo poco común en las observaciones de exoplanetas. Existe la posibilidad de detectar amoníaco por primera vez fuera del sistema solar, lo que convierte a este mundo en un laboratorio ideal para estudiar ciclos de carbono y nitrógeno.

El telescopio espacial James Webb ya tiene programadas observaciones para analizar los espectros de luz de este sistema durante el próximo año. Estos exámenes permitirán conocer el balance de gases y la profundidad de las nubes, aportando pruebas sobre su evolución. El equipo de trabajo, que incluye a investigadores de instituciones como la Universidad Adolfo Ibáñez, sostiene que este descubrimiento obliga a reescribir los modelos de formación. La flexibilidad de la naturaleza para crear un planeta gigante en torno a una estrella pequeña demuestra que todavía quedan muchas sorpresas por descubrir en el cosmos.

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