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Así vive hoy El Gigante de la Feria, ídolo del boxeo mendocino

Juan Antonio Figueroa pasó de levantar bultos en la Feria de Guaymallén a boxear; el Gigante de la Feria fue campeón argentino

Yo tenía seis o siete años, no más. Y nunca volví a sentir tanto miedo como aquella noche. No era para menos: mi papá y un tío estaban planeando todo. Los escuché decir que se iban a ver al Gigante de la Feria.

Pensé en El increíble Hulk, el hombre verde, revoleando cajones de frutas y verduras por los aires de Guaymallén. Enfurecido y con cientos de hombrecitos tratando de terminar con él.

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Entonces el miedo se volvió terror.

De carne y hueso

El paso de los años me hizo saber que El Gigante de la Feria no era un personaje de ficción ni de historieta al que debiéramos temer. Los años también me enseñaron que en esa época hubo monstruos por doquier.

El Gigante de la Feria era de carne y hueso y tenía nombre y apellido: Juan Antonio Figueroa.

Había nacido un 18 de octubre en San Rafael y se había criado en Tunuyán hasta que en sus años mozos se radicó en la calle La Pampa de Guaymallén. En la casa de un tío. ¡Cerca de la Feria! Así había nacido esa ligazón indestructible, que lo acompañará siempre.

Figueroa llegó a medir casi dos metros de estatura. Pesaba 93 kilos. Tenía brazos y piernas larguísimos y se ganó la vida en el Mercado Cooperativo de Guaymallén (el de la calle Sarmiento) acarreando bolsas de papas, cajones de tomates y zapallos del año desde los camiones hasta los puestos de venta, y desde allí hasta los camiones o camionetas de los compradores. Para verlo entre la multitud solo había que alzar la mirada a lo más alto.

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Figueroa, en la Feria de Guaymallén, el más alto de todos.

Figueroa, en la Feria de Guaymallén, el más alto de todos.

En la década del ´70 Figueroa se había convertido en boxeador. Y a los efectos promocionales, el apelativo de Gigante le calzaba tan justo como sus guantes a la hora de subir al ring de boxeo.

El paso de los años y de las lecturas me llevaron a imaginarlo tan inmenso como a Gulliver, ese personaje gigantón tomado prisionero por seres casi microscópicos.

Y el lanzamiento de otra lectura, mendocina y más reciente en el tiempo –la obra de Rolando López sobre el pugilista Alejandro Lavorante- me hizo acordar de aquella anécdota infantil. Entonces salí a buscar al Gigante de la Feria. Para tenerlo cara a cara.

Piedra libre

Lo encontré en Facebook, donde suele estar hoy gran parte de la humanidad. Fue gracias a una búsqueda indirecta, de gente vinculada al boxeo, porque eso de que vamos dejando huella en las redes también es cierto. También un amigo me asistió con un contacto. Así las cosas, consulta va, consulta viene: ahí estábamos. El y yo. Cada uno del otro lado del celular.

Figueroa tiene 66 años y se jubiló tras 25 años como empleado de la Municipalidad de Guaymallén, adonde prestó servicios en el área Seguridad.

¿A qué se dedica hoy Figueroa?

Estoy trabajando la tierra, acá, en la zona de Kilómetro 8. Un día vino mi hijo, Diego, y me propuso: ¿Querés que trabajemos la tierra? Y, bueno… Yo siempre lo hice, así que me puse. No es mucha tierra pero está bien sembradita. Tenemos rúcula, radicheta, acelgas y puerros. Y ahí vamos pasando el tiempo, para no pensar en cosas que uno no debe pensar…

¿Le toca dar el agua y esas cosas?

Y sí. A la chacra siempre hay que ir bien temprano, aunque ahora, por el frío, voy más tardecito.

Figueroa cuenta que ese hijo lleva parte de la cosecha a compradores que esperan en la Feria de Guaymallén. Y la pregunta se cae de madura…

¿Ha vuelto a la Feria que lo vio brillar y donde fue famoso?

De vez en cuando voy. Lo que pasa es que ya no queda gente de aquella época. Le estoy hablando de entre 1977 y 1982 cuando era un mundo de gente el que me seguía, cuando todos me nombraban.

¿Extraña boxear?

Y, un poco sí. Yo miro mucho boxeo por el canal Space, pero ya no es lo mismo. Me gustaba mucho (el filipino Manny) Pacquiao. Lo he visto a Maravilla (Martínez) volver a pelear a los 45 años pero no sé si estaba en buenas condiciones para hacerlo. Ahora dicen que volvería a pelear contra un japonés.

¿Por qué dejó de boxear aquel Gigante de la Feria?

Porque ya no había rivales. Porque el boxeo cayó. Porque en el estadio Pascual Pérez dejó de haber boxeo…

¿A quién salió así, gigantón?

A mi madre, que era bien alta y de brazos bien largos. Mi papá era morrudo. Le encantaba el boxeo a mi papá pero nunca llegó a verme en el ring.

¿Y quién lo estimuló a pelear en el ring?

Mi tío, que vivía en la calle La Pampa, cerca de la Feria.

"También me decían Gulliver"

Juan Antonio Figueroa recuerda que el apodo Gigante de la Feria nació en las entrañas de ese predio descomunal ubicado en la calle Sarmiento de Guaymallén, siempre repleto de gente que va y viene, de vehículos que van y vienen, de negocios hechos y a punto de hacerse, de compras y ventas de frutas y verduras e insumos para la actividad agrícola pero también de otros bienes y servicios a través de los años. "También me decían Gulliver", evoca.

Figueroa siente que el boxeo argentino comenzó a morir con los cierres del Luna Park y de la Federación de Box en la calle Mitre y con la desaparición física de grandes como Tito Lectoure, Paco Bermúdez y tantos otros.

La conversación termina pero seguirá un rato más tarde, cuando Figueroa evoque algunos recuerdos que le quedaron en la punta de la lengua.

Después mostrará fotos de otras épocas, como una en blanco y negro la que aparece en la típica pose de inicio de combate ¡con el capocómico Jorge Porcel!

O una más reciente, tomada en el club social y deportivo Guaymallén, en la que se destaca por su generosa humanidad de una formación de campeones en la que aparecen Ramón Balbino Soria, Rufino Narváez, Cholo González y Osvaldo Corro.

U otra imagen, de hace poco, con dos de los nietos en brazos. Los mismos brazos que tantas noches alzó en señal de victoria, aunque ahora en otro cuadrilátero. El de la vida.

Desde el ring side

Figueroa hizo 29 peleas

Ganó 20 , quince por KO.

Perdió 8.

Empató 1 combate.

Se entrenó en el gimnasio Luis Ángel Firpo.

Debutó en Tunuyán ganándole al Tigre Millán

Boxeó como amateur y profesional en Mendoza, Buenos Aires, Estados Unidos y Brasil.

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El Gigante de la Feria en una pose clásica del pugilista de los ´70 y ´80.

El Gigante de la Feria en una pose clásica del pugilista de los ´70 y ´80.

El estadio Pascual Pérez de avenida Mitre de Ciudad coreó su nombre durante muchos e inolvidables viernes de boxeo.

En 1982 fue campeón argentino.