A dos meses de la llegada de los primeros cascos de oxígeno que compró Mendoza, desde la Asociación Mendocina de Terapia Intensiva evaluaron su eficacia como pobre ya que, según señalaron, se trata de un artefacto de uso complejo que ha demostrado escasa evidencia de su utilidad.

En septiembre, la ocupación de camas en las UTI del Gran Mendoza ya superaba el 80%. Fue en ese momento, que el gobierno de Rodolfo Suarez anunciaba la compra de 500 cascos de oxígeno que serían distribuidos en diferentes hospitales de la provincia. Su valor ronda los 600 dólares por lo que el Estado desembolsó no menos de 300 mil dólares para la compra.

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Lo que se buscaba era evitar que los casos de gravedad intermedia culminarán en cuidados intensivos y se pudieran asistir en sala común con este soporte respiratorio. Sin embargo, en la práctica, esto no ocurrió.

Fernando Kurban, médico especialista en terapia intensiva y presidente de la Asociación Mendocina de Terapia Intensiva, dijo a radio Nihuil que las evidencia sobre la efectividad de estos aparatos a nivel mundial y local son escasas. También aclaró que estas consideraciones se sostenían incluso antes de la pandemia de coronavirus y que, durante este evento, su desempeño tampoco fue positivo.

"Se adquirieron con la intensión de mejorar las condiciones de confort de los pacientes con neumonía por Covid-19. Pero la verdad es que estos cascos parala administración de oxígeno tiene una escasa evidencia mundial sobre su eficiencia. Los terapistas están más acostumbrados a usar estas escafandras en el contexto de una terapia intensiva y conectados a un respirador porque, de esta forma, no solo se administra oxígeno sino que también presión positiva para ayudarle al paciente en el trabajo respiratorio. Esto en sala común no se da porque solo se administra oxígeno con los cascos", indicó el profesional.

Sobre los otros factores en los que se esperaba que este procedimiento diera mejores resultados, Kurban señaló que, si bien, hay persona que se siente más cómodos con los cascos que con la tradicional máscara, en la mayoría de los casos hay una sensación de encierro.

Y sumó que para el personal de salud tampoco ha representado cambios positivos ya que se requiere de conocimientos especializados para su manipulación y si la finalidad es ser utilizado en sala común complica aún más la tarea de los intensivistas.