A esta altura, Exequiel Contigliani, que transporta vino desde Mendoza hasta los puertos de San Antonio y Valparaíso, en Chile, conoce muy bien el "mundillo" de los camioneros. Las interminables esperas en las aduanas, los cierres del paso Cristo Redentor, los aludes y los accidentes lo han convertido en un experto en el arte de la paciencia.
"El que nació para manejar en la ruta sabe que todo esto viene con el combo", dice Exequiel en diálogo con Diario UNO. "La espera sería lo de menos si las condiciones fueran adecuadas. Nosotros muchas veces sufrimos burocracia, maltrato y falta de higiene en todas las instalaciones".
Desde Chile, mientras acumula siete horas de espera en cercanías de la Aduana argentina, asegura que la clave para sobrellevar estas situaciones está en la comunidad que se genera entre los camioneros.
Con 36 años y una vasta experiencia en las rutas, Exequiel acumuló anécdotas inolvidables. "El tiempo de espera agudiza el ingenio y, por supuesto, genera amistades. Muchas veces estamos más de 24 horas varados y entonces surge de todo. Y cuando digo de todo, es literal", cuenta entre risas.
El ingenio al servicio de la espera
Los camioneros experimentados no dejan nada librado al azar. En cada cabina, junto al mate y los insumos para cocinar, no pueden faltar los naipes, la pelota de fútbol y la parrilla portátil. "Destilería es el lugar típico del asado y de las charlas interminables", revela Exequiel. "Se hablan muchos temas triviales y también cosas personales. Depende de cada grupo".
Pero el tiempo muerto no solo se llena con charlas. A veces, la espera es tan extensa que algunos camioneros han aprendido a organizarse mejor.
"He dejado el camión cerrado y resguardado en la fila cuando sabía que tenía muchas horas de espera por delante. Llamaba a mi madre o a mi primo para que me buscaran y así podía ir a casa a bañarme y descansar hasta que mis compañeros me avisaban que empezaba a moverse la fila", recuerda Exequiel.
Y si hay algo que nunca falta es el fútbol. "El invierno pasado éramos 10 jugadores con la pelota a la vera de la ruta", cuenta entre carcajadas.
Un corte de camino puede convertirse en una improvisada cancha de fútbol. “Esas cosas hacen que la espera sea más llevadera", asegura.
Entre la burocracia y la desconfianza en las rutas
Pero no todo es camaradería y buenos momentos. La burocracia sigue siendo uno de los mayores problemas para los camioneros. "Cuando no es una cosa, es otra. Siempre falta un papel, siempre todo va lento. Es increíble pensar que a esta altura de la tecnología no exista un método más eficiente para los trámites", critica.
Horacio Montenegro, otro camionero que transporta contenedores con distintas cargas a San Antonio y Valparaíso, coincide en que la paciencia es una de las mayores virtudes de su oficio. "El clima, los aludes, la nieve, no lo podemos manejar, pero sí la manera en que afrontamos las largas horas de espera", reflexiona.
Además, la inseguridad ha cambiado muchas costumbres en la ruta. "Antes era común ver gente haciendo dedo y cruzando la frontera a pie, pero la desconfianza creció mucho. Hoy es difícil arriesgarse a levantar a alguien en la ruta", señala Horacio.
Para Juan Tejada, otro camionero con gran experiencia, el descanso es una gran alternativa para "matar" el tiempo. "Y dialogar, siempre dialogar entre compañeros, pero tratando de no tocar el tema de las demoras porque puede llevar a discusiones", dice, mientras asegura que los naipes siempre están en la gaveta.
Pese a todas las dificultades, los camioneros coinciden en que han aprendido a sobrellevar las esperas con humor, ingenio y, sobre todo, con la “tranquilidad” de que en la ruta nunca están solos.
"Hay que ponerle buena cara porque con protestar no ganamos nada", concluye Horacio, mientras se prepara para otra larga jornada de espera en la ruta. En el paso Cristo Redentor señalaron que este miércoles aún esperaba una larga fila de camiones en la ruta para cruzar la frontera.









