La moda sustentable parece ser un negocio redondo. Tanto para el vendedor como para el comprador. Y Mendoza no se queda atrás del fenómeno. En los últimos años se han multiplicado los showrooms y las ferias americanas que cuentan con un público cada vez más amplio y diversificado en sus gustos y estratos sociales.
Arrancó hace unos años pero ahora está consolidado: el boom de los showroom que venden de todo
La industria textil es la segunda después del petróleo más contaminante del planeta. Eso explica en parte el auge de esta tendencia ya instalada en nuestra provincia, con espacios de los más disímiles dedicados a la compra y a la venta de ropa en desuso que es reciclada para darle una nueva vida.
La otra parte es el valor económico de estas prendas, que muchas veces encontramos a mitad de precio que en una tienda tradicional de ropa nueva. Y en el último tiempo se aprecia una marcada elección de este comercio textil “ecofriendly” en las nuevas generaciones, tanto por su conciencia ambiental como por la búsqueda de un diseño original en ropa descartable que exprese el estilo de moda de cada consumidor o consumidora.
Porque detrás de la moda circular hay diseñadores y diseñadoras que intervienen las prendas con su arte, convirtiéndolas en nuevas prendas, en muchos casos totalmente diferentes a su versión original. Es más, en una especie de “golpe comando”, el cliente o la clienta deja que especialistas “ataquen” su propio placard para convertir a nueva esa indumentaria que ya no se ponía o se encontraba en mal estado.
La venta a como dé lugar
Bodegas, restoranes, patios cerveceros, espacios culturales o hasta viveros, gimnasios o el estacionamiento de un supermercado. Cualquier lugar se presta para las ferias americanas. Que las hay de diferentes formatos y con diversas propuestas.
Si bien las ferias americanas surgieron hace varias décadas en el mundo para vender ropa usada, su concepto empieza a reformularse en la actualidad. Hoy estos espacios pueden ofrecer simplemente prendas de otras personas que no están en perfectas condiciones como otras impecables –hasta con etiquetas de origen- o ropa intervenida que le da un valor agregado.
Desde 2019, Lourdes “Lula” Lera organiza Americana Feria en diferentes espacios de Luján de Cuyo. En aquel invierno realizó su primera feria de moda circular en el gimnasio de un amigo. Y el crecimiento se hizo imparable. Solo la pandemia frenó sus ferias mensuales, con lo cual se volcó a las redes sociales para su tienda online.
Ella vende la ropa usada, dejándose una comisión, y cuenta con un showroom en su casa. “Filtro mucho las prendas, me encanta la moda y me gusta que lo que venda de segunda mano esté impecable”, aclara y detalla: “Recibo prendas que están en excelentes condiciones, como nuevas; incluso algunas vienen hasta con etiquetas”.
Las redes sociales –sobre todo, Instagram- son las plataformas más usadas para este tipo de emprendimientos, no sólo para difundir cada feria sino mejor aún para establecer contactos y convocar a “proveedores” de ropa usada para comprar y luego vender.
Aquí la competencia se desdibuja entre los feriantes, al tratarse de una propuesta comercial mancomunada, ya que coinciden las entrevistadas por UNO que “hay cada vez más público y del más diverso, a todas nos va muy bien”. En una feria americana podemos encontrar stands con vestidos de fiesta, otros con ropas de marca, otros de niños o de hombres. Hay familias enteras que instalan sus puestos en estos espacios.
La próxima fecha de Americana Feria será en 23 Ríos, en la previa del Día del Niño, el 5 y 6 de agosto, y contendrá unos 40 stands de moda circular. En ese mismo patio cervecero, pero el 19 y 20 de agosto, estará Flor de Feria, una de las ferias más conocidas de la provincia.
Con Florencia Da Souza al frente, Flor de Feria nació hace casi una década y recibe las prendas en concesión. La propuesta es “un paseo de compras de emprendedores y diseñadores; hacemos una edición por mes, la última la hicimos en la báscula de la Nave Cultural”, nos cuenta Da Souza.
Y sobre la búsqueda de “proveedores” de ropa usada, sostiene: “Antes nos costaba encontrar a estos “proveedores” como le llamamos, ahora tenemos que poner un límite porque no tenemos espacio físico para tanta ropa”. Este incremento se debe, según ella, “porque cada vez más gente entiende que está bueno reciclar, vender algo que todavía tiene posibilidades de ser usado y que está en muy buen estado”.
Todo queda entre amigas o en familia
La idea de cuatro amigas de deshacerse de ropa que ya no usaban, vendiendo esa ropa en sus casas, fue la piedra fundacional de Flor de Feria. Al poco tiempo, los livings quedaron chicos y se trasladaron a jardines de casas más amplias hasta que en el verano del 2015 crearon la feria como paseo itinerante de emprendedores y diseñadores amigos. Hoy Flor de Feria abarca tienda americana, gastronomía, arte, diseño, emprendedurismo, diversión para niños y música en vivo.
Flor de Feria son Gustavo Valdés, Belén Iacopini y Florencia Da Souza. “En cada edición aumentamos considerablemente la cantidad de prendas que vendemos”, afirman quienes en esta temporada invernal incorporaron equipos de sky –desde botas a pantalones, camperas y jardineras para esquiar-, una indumentaria de alto costo que en estas ferias se puede conseguir a precios mucho más económicos.
La historia de Ciclo Vintage es familiar: madre e hija unidas por la pasión de la moda circular. “A mi mamá siempre le gustó la ropa, pero no pudo dedicarse a eso, limpiaba casas y tuvo un almacén. Yo sí, gracias a ella y a mi papá, pude estudiar Diseño de Indumentaria, pero no quería hacer ropa y generar más contaminación”, relata Giuliana “Giuli” Pringles, quien con su mamá Patricia “Patito” Raguza iniciaron hace cuatro años este emprendimiento de autogestión y sustentable.
Al principio su mamá seguía con el almacén en paralelo a este proyecto. “Sacábamos las prendas de nuestra casa y las vendíamos en nuestra casa; de a poco empezamos a invertir en comprar prendas usadas y las restaurábamos; hasta que un día nos animamos a feriar”, rememora Giuliana, a quien como diseñadora le “apasiona intervenir las prendas, agregarle diseño”, y confiesa, “lo mejor es crearlo con mi mamá”.
“Hay toda una costumización en la moda circular, por eso Ciclo Vintage, porque la idea es generar nuevos ciclos de vida a prendas que estaban destinadas al descarte”, explica la diseñadora de indumentaria quien con su propuesta “feriamos durante tres años sin parar, por todos lados, plazas, estacionamientos de supermercados; de lunes a lunes”. Lo que llevó a su mamá a cerrar el almacén y dedicarse ambas de lleno a Ciclo Vintage. Desde hace un año cuentan con su propio espacio, un local ubicado en calle San Juan de Ciudad.
¿Moda circular o feria americana?: todo sirve para reinventar la moda
La moda circular hace referencia al proceso de restauración de indumentaria que tiene como fin no generar más contaminación ambiental, otros emprendimientos tienen el mismo propósito pero utilizan retazos de telas o ropas en desuso para rediseñarlas y ofrecerlas como nuevas.
A Lula de Americana Feria, por ejemplo, le compran sus ropas usadas diseñadoras para luego intervenirlas para crear una prenda nueva, totalmente distinta. Es el caso de Rocío Rodríguez y su emprendimiento TyR, que se dedica a intervenir ropa para darle un diseño rockstar, logrando una prenda original.
Lo hace junto a su amiga, Andrea Chicón. “Hacemos intervención de ropa usada o nueva, la rediseñamos para motociclistas y bandas de rock o Dj de música electrónica. Tenemos ropa muy exclusiva, por eso tenemos que conocer un poco la persona que se va a poner esa ropa para hacerle algo propio a su identidad, a su estilo. La idea es que esa ropa saque lo mejor de esa persona, su rockstar de adentro”, explica Rocío sobre TyR que fundaron estas mujeres de 40 para jugársela por hacer lo que realmente les apasiona.
Ninguna de las dos son diseñadoras, pero se dan mañas con las agujas y los hilos, han aprendido a bordar a mano, pintar y moldear. En Rocío, este mundo viene en sus genes con una mamá que fue modista de alta costura, y el público “motoquero” lo conoce bien ya que tiene un taller de motos.
Ellas, como otras iniciativas de diseño textil, asisten a las ferias de moda circular para llevarse prendas que les puedan servir -enteras o quizás algunas partes- y con ese material generar sus propias ropas originales.
“Nuestras colecciones no se repiten. Ninguna prenda es igual a otra. Tenemos una línea exclusiva de Harley Davidson. No solo a los hombres sino a las mujeres motociclistas les cuesta qué ponerse y es un ambiente de mucho glamour, le meten muchas tachas, brillos, flecos”, describen quienes también intervienen “placares completos de personas que nos buscan”. ¿Cómo es? “Vamos a tu casa, te sacamos todo, te probamos, elegís lo que no estás usando y eso lo intervenimos para que lo vuelvas a usar. Mucha ropa está olvidada en el placard, nosotras le damos una vuelta de rosca o te enseñamos a usarla de otros modos”, detalla Rocío Rodríguez en esta función como asesora de modas.
Lo último que está trabajando TyR es en una cápsula de diseño de mamelucos intervenidos.
En el caso de Ailén Petito, la joven licenciada en Diseño creó hace siete años su marca Shacamar dedicada al teñido artesanal con tintes naturales en ropa usada y al patchwork -reutilización de retazos de telas que unidos generan nuevas prendas-.
“Mis diseños tienen que ver con la sustentabilidad pero no es moda circular”, aclara Ailén, mientras prepara sus colecciones para exhibirlas por primera vez en la famosa feria Puro Diseño, cuya edición 2023 se realizará en septiembre en La Rural de Buenos Aires.
“Surgió en mí una mirada más sustentable y sostenible, buscando no sólo ayudar al planeta sino también tomar conciencia yo como diseñadora, poder transmitirlo a otros diseñadores y a la vez concientizar al consumidor”, aporta Petito, cuyo objetivo con Shacamar es “no sólo hacer algo bonito sino que tenga un sentido”.
Ailén tiene una abuela costurera, le apasiona pintar sobre tela y tiene un estilo abstracto. La mezcla de texturas es su fuerte para darle nueva vida a telas y ropas en desuso. A su vez, la diseñadora también dona aquellos retazos pequeños que ya no puede reutilizar a empresas que le sirven de relleno de almohadones, por ejemplo.
Ponchuzo es una prenda original de Shacamar, un poncho con mangas que termina siendo casi un buzo y con el que Ailén generó una moldería sin descartes, o sea sale de un mismo corte de tela, es simétrico y permite que no queden retazos perdidos en el mundo.
La moda sostenible y sus unidades de negocio
En este ámbito comercial, la moda dispara diferentes unidades de negocio: la organización de ferias, la venta en showroom y la tienda online. A esas tres patas aboca sus días “Lula” Lera con Americana Feria.
La moda circular significa para ella “darle una segunda vida a la ropa, que pasan de mano en mano y puedan seguir siendo disfrutadas, que no se pierdan en la basura o queden encerradas en un placard; que circule, que se resignifique en su carga emotiva, de este modo estamos ayudando al planeta y a nuestro bolsillo también”, considera.
Giuliana Pringles, de Ciclo Vintage, dice que “el concepto moda circular se confunde con feria americana”. Y diferencia con claridad: “En las ferias americanas encontrás ropa con detalles, que le falta botones, que tiene manchas, que no está en perfectas condiciones, y que por eso son prendas súper económicas. En cambio, la moda circular implica una selección rigurosa de prendas que atraviesan varios procesos antes de llegar al perchero; desde el lavado y tintorería hasta la intervención de costura, bordado, con diseño propio, son prendas recicladas que vuelven a tomar nueva vida”.
¿Y por qué elegir la moda circular? Porque, según ella, “hay más conciencia ambiental y también por su bajo precio, son ropas accesibles que tienen valor agregado y son de la misma calidad que lo que podés comprar en una tienda tradicional”. Tal el caso, agrega, “la calidad de las prendas vintage es única, las telas son de otro mundo, están diseñadas y pensadas para que tengan una larga perdurabilidad en el tiempo”.
Por su parte, Flor Da Souza es una de las mendocinas más experimentadas en el tema. Y confirma: “Cada vez es más fuerte la tendencia de la moda circular, de gente que realmente considera que la industria debe parar, y para pararla es justamente no comprando cosas nuevas”. Desde que comenzó con Flor de Feria, “las ferias se multiplicaron, vemos gente que antes era reacia a comprar ropa usada y que hoy le parece súper normal”.











