Grita, salta, levanta los brazos. Parece que hubiera hecho el gol de la victoria en tiempo de descuento en la final del mundial. “¡No pensaba ganar!, vine a participar, a divertirme, a pasarla bien con mis compañeros”, dice.
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Se llama Michel Albino Subia, tiene 26 años y ha dejado en Bolivia a su mujer, Nelly Pantoja Ríos, y a su hija Victoria, de 4 años. “Pronto podré verlas”, dice.
Su nombre quedará en la historia. El sábado se consagró como el ganador del Primer Concurso Sudamericano de Poda de la Vid y su sorpresa, su emoción, está justificada: Está en Mendoza hace 4 meses, aprendió a podar hace tres y compitió con hombres que han podado siempre, toda la vida.
Ha ganado una tijera dorada, además de otros premios. Compitió contra otros 89 obreros de la viña, incluso contra Jonathan Agüero (27), que el año pasado obtuvo el premio nacional.
El concurso lo organiza desde hace 8 años la empresa internacional Bahco y este fue el primero sudamericano, ya que participaron representantes de Chile, Perú y Uruguay, que habían ganado los concursos nacionales en sus países. Además hubo representantes de todas las provincias vitivinícolas argentinas.
El concurso se realizó en los viñedos tupungatinos de Andeluna, 90 hileras de espalderos de cabernet, plantas de 20 años que fueron un desafío para los podadores. Eran los que Andeluna había dejado sin podar, reservados para la ocasión.
Fue media hora de trabajo intenso, urgente pero prolijo, ya que el jurado no solo analizó la velocidad sino la limpieza y la idoneidad del corte.
Pero, además del concurso y como todos los años, los trabajadores fueron agasajados. Se les sirvió un abundante y variado desayuno, una igual de abundante y variada picada y un almuerzo hecho por la renombrada chef Narda Lepez, regado con vinos de alta gama de la misma bodega.
“Queremos que esto se convierta en una fiesta de la poda, que se conozca esta parte del trabajo de la vid”, dijo Fernando Montenegro, responsable en Argentina de la empresa organizadora Bahco.
Justamente por eso este año, además de los contingentes de podadores, compartieron el evento algunos grupos de turistas que fueron llevados especialmente para que disfruten del lugar, la experiencia de la poda y el agasajo con los obreros.
“Aprendí a podar hace poco y me gustó mucho. Y le metía con todo al trabajo, porque mi familia me espera en Bolivia. Me tocaron mansas heladas y mis compañeros me preguntan por qué me castigué solo, viniendo en este tiempo a Mendoza, pero es trabajo y es bueno”, dice Michel, el ganador.
El hombre vivía en Santa Cruz de Sierra y se dedicaba a la mecánica. No había trabajado nunca en la vid. Pero dice que ha tenido buen maestro y que “si tenés voluntad, te ganás el plato de comida en cualquier lado”.
Cuenta que gana entre 650 y 750 pesos diarios y que su objetivo era mandar dinero a su familia, “pero el peso argentino está desvalorizado y todavía no he podido mandar nada. Ahora espero poder traer a mi mujer y mi hija”.
Trabaja para Norton y asegura que ya tiene trabajo asegurado en los viñedos. Que así sea.



