Alumnos de escuela rural tienen transporte otra vez y volverán a clases

Los cuarenta alumnos de la escuela rural de El Central que se habían quedado sin poder asistir a clases por falta de transporte, regresarán a clases después de que la Municipalidad de San Martín decidiera cubrir el costo de contratación de una combi, hasta tanto la DGE (Dirección General de Escuelas) destina fondos para hacerlo. Así lo confirmaron los padres que se reunieron en la mañana de este miércoles con el intendente.


“Esta mañana los padres y la dirección de la escuela nos reunimos con el delegado de la Regional Este de la DGE, Hugo Martín, que ha tenido una excelente predisposición al diálogo, pero que no ha logrado que dieran respuestas en Mendoza. Luego, fuimos al municipio, acompañados por Sergio Berrocal, y el intendente, que ya estaba al tanto por la repercusión que tuvo en los medios, nos ofreció una trafic, que va a hacer el recorrido hasta que el problema sea solucionado por la DGE”, dijo Gustavo Bassin, director de la escuela 4-252, Puesto Viejo, de El Central.

El intendente Jorge Giménez dijo que “esta mañana vino grupo de padres, con el director y el supervisor, y hemos decidido nosotros dar respuesta a esta necesidad, entretanto la DGE le da una solución definitiva”.

Luego agregó que “no se puede decir que hay recorte, que no hay presupuesto. Estos son chicos de la zona más complicada, la zona rural, que son los que más hay que cuidar. Al menos ese es el concepto de Estado que yo tengo”.

La escuela 4-252 Puesto Viejo, de El Central, casi en el límite con Lavalle, tiene una matrícula de 105 alumnos. Una combi, pagada por la DGE, cubría las necesidades de la escuela hasta hace unos años, pero la matrícula aumentó y se necesitaba trasladar desde sus casas a la escuela a 40 alumnos más.

Ante la falta de respuesta de la DGE, los padres contrataron un servicio particular, pero que no estaba habilitado para trasladar estudiantes y el jueves de la semana pasada fue secuestrado por personal del EMOP (Ente de la Movilidad Provincial).

Los alumnos quedaron si transporte y, por lo tanto, sin posibilidad de llegar a la escuela. Finalmente ahora, mientras se sigue insistiendo a la DGE, la comuna cubrió el costo.

Muy lejos y con mucha historia

Es difícil imaginar que este lugar perdido al norte del departamento mendocino de San Martín, tenga tanta relación con la Prusia Oriental de la segunda mitad del 1800. Que su historia, la de este distrito de El Central, esté tan atada a inmigrantes polacos judíos, al esfuerzo y la tragedia.

El origen de todo es Julio Nicolaevich Marienhoff, un hombre nacido en 1861, recibido de ingeniero en la Universidad de San Petersburgo y que luego emigró a Bélgica, pese a que su padre deseaba que fuera el heredero de una fábrica de cerveza que tenían en Rusia.

En 1893 Marienhoff recibió una propuesta inusual. El gobierno argentino del presidente Luis Sáenz Peña le ofertó realizar un estudio en una región para él desconocida que se llamaba Cuyo. Querían analizar el cultivo en esa zona y también le proponían que se encargara de instalar una destilería de maíz en una ciudad llamada La Plata.

Viajó a la Argentina. Trabajó en Cuyo recorriendo todo Mendoza, hizo un proyecto de riego de las tierras y también estuvo en La Plata, construyendo la destilería encargada, en la localidad de Villa Elisa.

El ingeniero tenía planeado concluir su trabajo y regresar a Europa. Le había gustado el país, aunque no pensaba que su destino estuviera escrito ahí.

Pero los hombres no deciden su destino con la razón, sino con los sentimientos y fue así como cierto día, en el andén y mientras esperaba el tren que lo llevara de la Capital Federal a La Plata, conoció a una muchacha rusa, joven y bonita. Era Sofía Pavlovsky, una muchacha que vivía en Mendoza, en un lugar casi desolado del este provincial. Y los planes de Marienhoff cambiaron.

En un estudio de Elba Muler de Fidel se cuenta que Mendoza, desde la segunda mitad de 1800, tenía un gran interés en que se radicaran inmigrantes en la provincia.

“Las autoridades provinciales decidieron fomentar la inmigración, mediante una Comisión de Inmigración, establecida en 1874 la que creó un Asilo de Inmigrantes y una Oficina de Conchavo.”, cuenta Muler de Fidel.

“La comisión, propició la iniciativa para la promulgación de una ley, aprobada el 17 de marzo de 1884, por la que se creó una agencia de inmigración en Buenos Aires, con la obligación de remitir los inmigrantes pedidos por la Provincia. Inmigrantes que debían ser aptos y prácticos para el trabajo agrícola, especialmente cultivo de vid y su industrialización, además de poseer condiciones morales y saludables. La agencia recibió un peso, moneda nacional, por cada inmigrante enviado, hombres de 15 y 45 años y mujeres de 13 a 40 años. Esta ley fue punto de partida para el arribo de extranjeros a la provincia, que fue una de las que absorbió mayor número de inmigrantes”, sostiene la historiadora.

Marienhoff regresó a Mendoza ya con ánimo de instalarse. Era 1900 y compró una gran cantidad de hectáreas en el Este, cerca de donde vivía la familia Pavlovsky. Esas hectáreas son ahora El Central, que todavía tiene un canal y un área que llevan el nombre del ingeniero, aunque muy pocos saben quién fue y cuál es su historia.

Una colonia

Julio Nicolaevich Marienhoff no quería ser un terrateniente. En cambio soñaba con que ese lugar tan alejado de Prusia fuera una colonia.

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Donó tierras para la estación ferroviaria. Construyó casas y una escuela y mandó a tarer de Europa a su hermano Luis y la esposa de éste, Frida Don Abarbanel. Claro, también vinieron los hijos de ese matrimonio (Wladi, María, Luisa (Liubov) y Tamara Rebeca) y los suegros de su hermano, Alejandro Don Abarbanel y Sara Catalina Zamansky.

Además, aunque hay poco documento escrito sobre esto, se cuenta que Marienhoff rescató de la organización mafiosa Zwi Migdal a varias mujeres y les dio tierras en su propiedad, construyéndoles casas a cada una y también les encontró marido.

Julio Nicolaevich Marienhoff construyó una enorme casa para él y su mujer y tuvieron 7 hijos: Lydia, Sergio, Miguel, Nelly, Vladimiro, Alexis e Irma.

Alrededor de la casa diseñó un parque, con plantas que hizo traer del Jardín Botánico de Buenos Aires. Había allí bancos de plaza, glorietas y un gran establo, donde se guardaban los carruajes.

El fin del esplendor

Marienhoff invirtió en El Central (que aún no llevaba ese nombre) casi todo lo que había ganado con su trabajo en la Argentina y en Bélgica y es probable que también haya recibido ayuda de su familia desde Europa.

Pero pese a la voluntad y el esfuerzo de este hombre, la vida en ese lugar no fue fácil. Elba Muler de Fidel cuenta que “lamentablemente la experiencia agrícola no tuvo éxito (…) Se sabe que hubo problemas con el agua, que hicieron imposible la vida en el lugar. Al respecto, a través de varios artículos publicados en octubre y noviembre de 1908, ese fue un año en que hubo sólo dos nevadas en la Cordillera y los agricultores de San Martín y Luján hacían llegar sus protestas, debido a la mala distribución del agua en el transcurso de varios meses”.

La historiadora agrega que “ante las penalidades que acarreaba la falta del vital elemento, los colonos comenzaron a dejar las tierras y caminando se dirigieron hacia los centros poblados. Algunos fueron a Rodeo del Medio (Maipú), otros a Godoy Cruz y otros a Ciudad de Mendoza, donde trabajaron como toneleros, panaderos o peones de bodega”.

El final

Pese a las dificultades, Marienhoff y su familia permanecieron en la zona. El ingeniero no se resignaba. Pero la tarde del viernes 17 de diciembre de 1920, a eso de las 15, iba a ocurrir una tragedia. Un violento terremoto derrumbó por completo la gran casona, el establo y otras instalaciones. Tres de los siete hijos del matrimonio murieron.

Wladimiro (14) y Alexis (12), fallecieron junto a otros niños con los que jugaban en el establo. El mayor, Sergio (19), murió dentro de la casa cuando ayudaba a escapar a otro hermano, Miguel (17), quien salvó su vida.

Marienhoff quedó profundamente afectado por la muerte de sus hijos y cuentan que nunca recuperó su ánimo. La familia se radicó un tiempo en Buenos Aires, tratando de olvidar lo que había pasado, pero no sirvió de nada. Julio Nicolaevich Marienhoff murió en la ciudad de Mendoza el 9 de abril de 1932

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