Nueva Zelanda

Abren una cueva que estuvo sellada durante un millón de años, y el descubrimiento los deja perplejos

Un asombroso descubrimiento en una cueva de Nueva Zelanda expone restos de una nueva especie de ave y ranas que no cambiaron en eras

Un grupo de científicos halló restos fósiles invaluables en la Isla Norte. El extraordinario descubrimiento ocurrió en un entorno natural que permaneció cerrado de forma hermética por un millón de años.

Los expertos examinaron el suelo de aquel espacio subterráneo cerca de Waitomo, donde yacían restos de animales antiguos atrapados bajo capas de ceniza volcánica de gran antigüedad.

Detalles del descubrimiento

Los huesos se conservaron entre dos erupciones enormes, fechadas por los vulcanólogos del país. La capa superior de ceniza selló el depósito hace un millón de años, lo que facilitó establecer una línea de tiempo sumamente precisa para analizar la evolución de la fauna de Nueva Zelanda.

El análisis de los sedimentos arrojó sorpresas evolutivas sobre los antiguos habitantes de la zona. Varias especies de ranas nativas del género Leiopelma aparecieron en el lugar de los hechos. Los científicos comprobaron que estos sapos morfológicamente idénticos a los actuales no sufrieron alteraciones físicas notables a lo largo de un millón de años

El descubrimiento incluyó los fósiles de un pariente lejano del kakapo.

El descubrimiento incluyó los fósiles de un pariente lejano del kakapo.

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Evolución

Las aves mostraron un panorama opuesto al de los anfibios con transformaciones drásticas. El equipo identificó doce tipos de aves mediante el estudio de veintiún huesos recuperados del suelo. Más de la mitad de estos animales desapareció del registro fósil posterior, lo que demostró una sustitución de especies previa a la llegada del ser humano.

Entre los hallazgos destacaron los restos de una nueva especie emparentada con el kakapo, un loro pesado que carece de la capacidad de volar. Dicho animal extinto poseía extremidades inferiores distintas, lo que sugiere una menor habilidad para escalar los árboles.

Los investigadores llamaron a este ejemplar Strigops insulaborealis tras constatar marcas de mordeduras de insectos en sus alas fosilizadas.

Las erupciones volcánicas destructivas y los ciclos climáticos extremos explicaron estas extinciones masivas del pasado lejano. La acumulación de metros de material piroclástico destruyó los bosques densos y fragmentó las poblaciones de aves terrestres vulnerables.

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