Pese al esfuerzo de viajar todos los días desde su casa en San Martín hasta el espacio cultural Julio Le Parc, donde el equipo de Vestuario trabaja para la Fiesta de la Vendimia, María del Carmen Arancibia, de 75 años, asegura que cada año espera este evento con alegría y ansiedad. "Es lo que me mantiene viva", confiesa a Diario UNO.
Jubilada como maestra de corte y confección, está acostumbrada a los viajes diarios: durante años trabajó en la escuela N° 6026 Escultor Mateo Alonso, donde capacitaba a futuras costureras. Todos los días recorría 160 kilómetros de ida y luego de vuelta en colectivo y regresaba a su casa casi de madrugada. Otras veces iba a dedo, aún en medio de la nieve y el clima hostil de esa zona.
"Porque cuando terminaba mi tarea en ese centro de capacitación, me cambiaba el guardapolvo y me iba a la secundaria nocturna", recuerda.
Siempre junto a la máquina en el plantel de Vestuario
Esa experiencia le sirvió para ser seleccionada en el plantel de la fiesta más importante de Mendoza, donde se desempeña en el sector de máquinas rectas.
A las 6.20 en punto, María del Carmen sale de su casa en San Martín para tomar el micro y llegar a las 8 a Le Parc, donde trabaja hasta las 15. Luego, incluso en estos días, plena ola de calor, vuelve a tomar el colectivo. Jamás llega antes de las 19.30.
Desde el 6 de enero hasta el día de la fiesta, que este año será el sábado 8 de marzo, repite esta rutina con entusiasmo.
"Además de que es un orgullo trabajar para la Vendimia, como jubilada esto me ayuda mucho", admite.
Una modista con trayectoria en San Martín
Pero incluso fuera de la Vendimia, María del Carmen no se queda de brazos cruzados. En San Martín es una modista reconocida por su prolijidad y trayectoria.
"Amo lo que hago y la Vendimia es muy especial. Entré al plantel en 2012 y sigo con el mismo entusiasmo. Eso sí, durante la pandemia me aparté", cuenta.
Viuda y madre de Sabrina, de 28 años, asegura que nunca le enseñó a su hija ni siquiera a enhebrar una aguja. "Estudia Odontología. Nunca quise que siguiera mis pasos", dice con convicción.
En Le Parc, María del Carmen destaca la formación de grupos humanos maravillosos. Y aunque su experiencia es vasta, prefiere la humildad. "Cumplo, hago lo que me piden y punto. Eso sí, siempre doy lo mejor", subraya.
La alegría del ensayo final
El ensayo final, que es casi la fiesta central, es el momento que más disfruta. "Siempre estoy viendo los resultados y es hermoso. Otros años estuve pendiente en el escenario con los hilos, las agujas y el elástico, pero ya no. Ahora prefiero disfrutar de otra manera", explica. Tan compenetrada trabaja que asegura no sentir nervios.
"Lo disfruto", repite. Y concluye: "La Vendimia es una fiesta nuestra, autóctona, mendocina, y es muy emocionante que me sigan convocando". Se despide apurada: es la hora de entrar al taller. Allí, nadie se distrae ni un minuto. Todos siguen dando lo mejor.








