Mayo de 1996. Jorge Godoy y su esposa Graciela Camargo lloran la desaparición de uno de sus hijos, Yoryi Godoy, de 3 años, frente a las cámaras de televisión. "Lo robaron acá, en la playa de este supermercado", enfatiza él y ella lo mira. Desde Guaymallén se desata entonces una búsqueda desesperada porque la vida de un niño estaba en peligro. Autoridades, vecinos, medios de comunicación... todos buscan a Yoryi.

Sin embargo, esas lágrimas eran fingidas. Falsas. Poco después, la sociedad mendocina quedó presa del estupor cuando la Policía descubrió la peor hipótesis: Yoryi Godoy había muerto por una golpiza que le había dado el padre, que varias horas después lo cargó y lo enterró a diez kilómetros de la casa familiar.

Hoy, veinticinco años después

Jorge Godoy tiene 60 años y lleva 25 años preso por haber matado a su propio hijo en la calle Bombal de Guaymallén, en una casa de alquiler.

Está alojado en el pabellón 15 del penal Boulogne Sur Mer cumpliendo la condena que le impuso la Quinta Cámara del Crimen en julio de 1997 al cierre de un juicio de alta atracción pública.

Recién en 2015 comenzó para él lo que se denomina "período de prueba", etapa del cumplimiento de la pena de prisión a partir de la cual los presos con condena puede solicitar beneficios rumbo al cumplimiento escalonado de la pena. Sin embargo, los pedidos que Godoy tramitó fueron rechazados por distintos jueces durante los últimos cinco años.

Todas las gestiones por salidas transitorias le fueron denegadas. La última data de 2016. Nunca más volvió a insistir para que le permitan salir por horas como había pretendido.

En septiembre de 2020 sufrió un nuevo traspié cuando la Justicia le negó otro beneficio: el de la prisión domiciliaria. No estaban dadas las condiciones para que Godoy viviera en semilibertad. Podría huir de un momento para otro, se pensó. Y ningún juez querría cargar con esa cruz pública ni privadamente. Y eso selló su suerte.

En 2031 Godoy podrá tramitar la libertad condicional. Pero nada garantiza que se la otorguen.

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El caso de Jorge Godoy es un claro ejemplo de cuando la Justicia lo decide hace posible que un condenado cumpla hasta el último minuto de la pena de prisión impuesta por un tribunal.

Sin beneficios ni disposiciones que puedan alterar el humor social y que tampoco afecten el desarrollo del proceso.

Ella

Graciela Camargo habló con Diario UNO hace 2 años. De varios temas: de Yoryi, de la tragedia, de sus años en la cárcel y de su nueva vida.

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