Hace 22 años la aeronáutica argentina se vestía de luto con el peor accidente de su historia. El McDonnell Douglas DC-9-32 del vuelo 2553 de la empresa Austral (matrícula LV-WEG) se estrelló cerca de la localidad uruguaya de Fray Bentos y murieron todos los pasajeros y tripulantes, por lo que fueron 74 las víctimas.
En el lugar del impacto quedó un cráter de más de cinco metros de profundidad. El avión cubría la ruta Posadas-Aeroparque (Buenos Aires), y el accidente se produjo debido a la falla de un tubo pitot -mide la velocidad del aire- que se había congelado.
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El accidente fue técnicamente investigado por la Comisión Investigadora de Accidentes Aéreos (Ciada) del Uruguay y penalmente por la justicia argentina. La Ciada finalizó su informe en 1999, concluyendo que el accidente se produjo como consecuencia directa de la decisión de copiloto de extender los slats a excesiva velocidad y altura, lo que produjo su rotura y la pérdida de control de la nave.
La tripulación del fatídico vuelo estaba integrada por el comandante Jorge Cécere, que tenía como copiloto a Horacio Núñez, y el resto de la tripulación la componían: Susana Trotta (comisaria de a bordo), Bibiana Rumachella (primera auxiliar) y Fernando Álvarez (segundo auxiliar).
Las razones del accidente
Muchas factores negativos se sumaron para desencadenar la tragedia: falta de mantenimiento de la nave (22 meses, cuando el reglamento indica que debe hacerse cada 12); la única radioayuda (VOR) en la ruta era la de Gualeguaychú, y estaba fuera de servicio desde hacía meses y finalmente el vuelo se topó con un tormenta de la que no fueron advertidos y que tuvo mucho que ver con el desenlace.
Al comenzar sobre la provincia de Entre Ríos el descenso, en medio de una gran tormenta, el comandante advirtió una pérdida de la velocidad, que no era tal, si no una falla del pitot congelado, y comenzó a aumentar la potencia. El copiloto accionó los slats (alerones suplementarios que dan mayor sustentación en baja velocidad) cuando leyeron que la velocidad había bajado a 219 nudos, pero la velocidad real, cercana a la velocidad del sonido, arrancó estos alerones y el avión se precipitó a tierra cayendo en barrena.
A las 22.10, el avión que había despegado a las 21.18 se estrelló contra la tierra a una velocidad cercana a la de la barrera del sonido, destrozando la nave y matando a todo los integrantes del vuelo: 69 pasajeros y 5 tripulantes.
Un foquito lo hubiera evitado
El mecánico Oscar Bazzani, que revisó el avión previo al despegue, escribió un libro titulado Austral 2553, Una Tragedia Anunciada. Allí señala que el DC 9 estaba mal habilitado por negligencia de la empresa y la autoridad aeronáutica, en ese entonces estaba en poder de la Fuerza Aérea. "Desde 1978, por un accidente similar de un Boeing en los Estados Unidos, todos los aviones deben tener una luz que indica si el calefactor del pitot anda o no. Si esa luz hubiera existido, el comandante Cécere, que ese día había volado a Posadas dos veces en el mismo avión sin problemas, hubiera advertido que los controles de velocidad lo estaban engañando." afirma Bazzani, quien perdió su empleo y atravesó una gran crisis en su vida debido al accidente
El expediente judicial tuvo idas y vueltas y finalmente, a punto prescribir la causa, el 26 de marzo pasado comenzó el juicio oral. Los 35 acusados se negaron a declarar por el momento y el proceso se encuentra actualmente en la etapa de declaración de testigos.




