A 20 años del motín vendimial en el penal Boulogne Sur Mer, donde hubo 20 rehenes entre penitenciarios y civiles, uno de los líderes de aquella revuelta recuperó su libertad a los 60 años, luego de su última condena de 21 años.
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Miguel Ángel Barloa, más conocido como El Pulpo Barloa, salió del penal con libertad asistida y regresó a la casa de su pareja, con quien tiene una hija de 24 años.
La libertad asistida se le otorga a condenados reincidentes, la cual se puede obtener seis meses antes de que se cumpla la fecha, en caso de haber sido condenado bajo la vieja ley, o 3 meses antes, a partir de la Ley Petri.
En este caso, Barloa termina su condena el 19 de mayo de este año.
Amplio prontuario
El Pulpo Barloa pasó casi la mitad de su vida preso, ya que su primera condena fue en 1987 por un homicidio en ocasión de robo. Por este crimen, recuperó su libertad en noviembre 1994, pero en junio de 1995 volvió a caer preso por un robo agravado por el uso de arma de fuego, por lo que en 1996 fue condenado a 9 años.
En junio de 1997 fue trasladado a Buenos Aires, donde fue juzgado y condenado un homicidio, cuya pena terminaba en enero de 2002.
Luego, en 1999 escapó del penal de Mendoza, y fue capturado un mes y medio más tarde, y regresó al penal de Boulogne Sur Mer.
El viernes 3 de marzo de 2000, en vísperas de la Fiesta Nacional de la Vendimia, Barloa fue noticia nuevamente cuando él y otros internos intentaron escapar del penal en el momento en que civiles hacían un festival de folclore dentro del penal.
Uno de los negociadores fue El Pulpo Barloa, quien pedía armas, chalecos antibalas y tres trafics para escapar.
Al ser considerado un preso peligroso con gran manejo de la población carcelaria, fue trasladado al penal de Ezeiza, y también pasó por el penal de Chaco en 2001.
En noviembre de 2002 y en 2007 fue condenado a 6 años por privación ilegítima de la libertad. Al año siguiente fue imputado por un doble homicidio, hasta que en agosto de 2008 tuvo una unificación de pena a 14 años, con cumplimiento en 2013.
En 2011, a poco tiempo de cumplir su última condena, fue trasladado a una colonia penal, donde estaba en fase de confianza y tenía salidas transitorias. Pero a los pocos meses se fugó, cometió otros delitos y una vez más fue atrapado.
Finalmente, en diciembre del 2012 tuvo una nueva unificación de penas, condenado a 21 años con cumplimiento en mayo del 2020.
En 2018 tuvo el beneficio de salidas transitorias, con un régimen de 12 horas cada 21 días, las cuales, en esta oportunidad, cumplió correctamente, además de no registrar sanciones en los últimos años y tener una conducta ejemplar, según lo evaluado por el Servicio penitenciario.
Comenzó a estudiar en la secundaria, y si bien faltó muchas veces, luego rindió y aprobó todas las materias para pasar a tercer año.
Motín vendimial
Fueron 47 horas que Mendoza vivió con extrema tensión por lo que ocurría en el penal de Boulogne Sur Mer, en plena capital mendocina, a la vista de todo el país por la Fiesta Nacional de la Vendimia y por la visita del presidente Fernando De La Rúa.
Todo comenzó alrededor de las 20.30 del viernes 3 de marzo, cuando ya estaba todo listo para que comenzara la Vía Blanca por las calles del centro.
En ese momento, realizaban un festival folclórico en el patio del penal Boulogne Sur Mer, del cual participaban internos y familiares, hasta que el interno Miguel González saltó el muro del pabellón 12 y corrió hacia el patio junto con Miguel Barloa, quien ya había cerrado el portón de las canchas de fútbol para impedir que alguien saliera del lugar.
Los dos tenían armas de fuego, según consta en el expediente. González le disparó dos veces a un penitenciario, pero los proyectiles no salieron. Barloa entró a una de las guardias y disparó dos veces donde estaban los efectivos, mientras que detrás de él ingresó otro interno con chuzas y amenazó de muerte a las personas que estaban allí.
Ya sin posibilidad que nadie saliera del penal, ni siquiera los reos, tomaron como rehenes a 20 personas entre penitenciarios y los que asistían al festival de folclore, entre ellos un nene de 8 años, que bailaba en el evento y era hijo de un interno que también estaba bajo amenazas.
En la revuelta incendiaron gran parte del penal como la cocina, el dormitorio de los penitenciarios, la biblioteca, la enfermería, el taller de carpintería, el de totora, el de electricidad y la imprenta, además de un depósito de mercadería, lo que dejó el 80% del penal en ruinas.
Barloa fue uno de los que negoció con los mediadores de la Policía, y exigía chalecos antibalas, armas de fuego y tres trafics para escapar junto con otros presos, para entregar a los rehenes.
Luego de 47 horas, lograron destrabar el motín, liberaron a los 20 rehenes que estaban encerrados en diferentes pabellones y los 10 cabecillas de la revuelta fueron trasladados al Palacio Policial, como se lo llamaba en aquel momento, hoy conocido como Cetraju (Centro Transitorio de Detención Judicial).




