El proyecto de reforma de la Ley de Salud Mental suma cambios que, para el director del área en Mendoza, el psiquiatra Manuel Vilapriño, no son menores. Entre ellos, uno aparece como central y poco explicado en el debate público: dejar atrás el término “padecimiento” para hablar de “trastorno”, en línea con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.
Salud mental: diferencia entre padecimiento y trastorno, un cambio clave en el nuevo proyecto de ley
El director de Salud Mental de la provincia mencionó esta como una de las modificaciones que cambiará el abordaje de los problemas de salud mental en el país

Diferencia entre padecimiento y trastorno, clave en el espíritu de la nueva ley.
Foto gentileza elpais.comVilapriño sostiene que ese giro no es solo semántico. Apunta, dice, a ordenar el abordaje clínico. “Cuando no hay diagnóstico, no hay tratamiento indicado”, resume.
Según su mirada, la ley vigente al intentar evitar etiquetas para no estigmatizar, generó el efecto contrario: diagnósticos imprecisos y, en consecuencia, intervenciones inadecuadas.
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Diagnóstico y tratamiento, en el centro del debate
El funcionario plantea la diferencia entre padecimiento y trastorno busca dar un contexto más claro para la práctica médica. Es decir, partir de criterios diagnósticos definidos para decidir cómo intervenir en cada caso.
En esa línea, cuestiona que el enfoque actual, centrado en no “rotular”, haya dejado zonas grises. “Se termina estigmatizando por un diagnóstico equivocado”, explica. Para Vilapriño, el proyecto intenta corregir eso con una mirada más clínica, sin volver a esquemas rígidos del pasado.
Internaciones: más margen y control
Otro punto donde el proyecto de ley introduce matices es el de las internaciones. Hoy, aclara el director de Salud Mental, ya es posible internar a una persona contra su voluntad, pero solo si existe un riesgo inminente para sí o para terceros.
El problema, según describe, es lo que queda afuera: el riesgo potencial. Casos en los que hay ideación suicida, falta de contención familiar o escasa adherencia al tratamiento, pero todavía no un peligro inmediato. “Si no se interviene a tiempo, el cuadro puede agravarse”, advierte.
El proyecto busca ampliar herramientas en ese punto. Daría más respaldo a los profesionales para decidir una internación, en un contexto donde -según Vilapriño- muchos médicos dudan por temor a consecuencias judiciales.
De todos modos, el esquema prevé controles: dentro de las 24 horas, el paciente debe ser evaluado por un equipo interdisciplinario y luego se le notifica a la justicia.
La red de atención de salud mental que funciona en Mendoza
También hay cambios en la organización del sistema. La ley vigente impulsaba el cierre de los hospitales monovalentes de salud mental. El proyecto, en cambio, contempla su continuidad, pero integrados a una red.
En Mendoza, ese modelo ya funciona: los hospitales El Sauce y Carlos Pereyra, junto con el CIPAU (orientado a urgencias en adolescentes, sobre todo por consumo), trabajan articulados con servicios de salud mental en hospitales generales, además del SEC, el grupo GRIS y otros dispositivos públicos.
La idea, según Vilapriño, es sostener esos espacios específicos, pero evitando el aislamiento. Integrarlos a un sistema más amplio, con distintos niveles de atención.
En síntesis, el proyecto -desde la mirada del funcionario- apunta a un punto intermedio: ni la desregulación que, dice, deja a los profesionales sin herramientas, ni el modelo anterior que habilitaba internaciones sin diagnóstico claro. Un equilibrio que todavía está en discusión.