A todos nos ha pasado: pasamos por la puerta de una panadería y ese aroma inconfundible a pan caliente nos obliga a entrar. Pero, ¿qué pasaría si te dijéramos que podés replicar esa misma magia en la cocina de tu casa con una simple receta.
Sin ser un maestro panadero y con ingredientes que seguro tenés en la alacena, todo el mundo puede elaborar su propio pan.
El pan francés es un clásico de la mesa de los argentinos. Ya sea para acompañar un asado, para armar un "sanguchito" de fiambre a media tarde o para untar con manteca y mermelada en el desayuno, su versatilidad no tiene límites.
La clave para lograr esos pancitos idénticos a los de la foto -con ese color dorado perfecto, la pequeña apertura en la parte superior y una miga que parece una nube- está en el amasado y, sobre todo, en un pequeño gran secreto durante el horneado: el vapor.
Animate a meter las manos en la masa con este paso a paso.
Receta de pan francés, ingredientes
Estos son los ingredientes necesarios para hacer aproximadamente una docena de bollitos de pan:
- Harina de trigo 000: 500 gramos (la 000 es ideal porque tiene más gluten y le da mejor estructura al pan, pero si solo tenés 0000, también sirve).
- Agua tibia: 300 ml.
- Levadura fresca: 15 gramos (si usás seca, con 5 gramos o un sobrecito es suficiente).
- Sal fina: 10 gramos (aproximadamente una cucharada al ras).
- Aceite de girasol o de oliva: 1 cucharada sopera (este es el toquecito para que la miga quede más suave y dure más tiempo tierno).
- Azúcar: 1 pizca (ayuda a despertar la levadura y a darle ese tono dorado a la corteza).
Receta de pan francés, ingredientes
- El fermento previo: en un vaso, colocá un chorrito del agua tibia (no caliente, porque quema la levadura), la levadura desgranada, la pizca de azúcar y una cucharada de harina. Revolvé bien y dejalo descansar unos 15 minutos hasta que se forme una espuma en la superficie. Esto nos asegura que la levadura está viva y lista para trabajar.
- La corona y el amasado: en la mesada limpia o en un bol grande, volcá la harina y hacé un hueco en el centro (la clásica corona). Espolvoreá la sal por los bordes exteriores para que no toque directamente la levadura al principio. En el centro, agregá la cucharada de aceite y el fermento que preparamos en el paso anterior. Comenzá a integrar de adentro hacia afuera, agregando el resto del agua tibia de a poco. Una vez que se forme el bollo, bajalo a la mesada y amasá con ganas durante unos 10 a 15 minutos. Vas a notar que la masa pasa de ser pegajosa a volverse lisa, suave y elástica.
- El primer descanso: colocá el bollo en un bol apenas aceitado, tapalo con un repasador limpio o papel film, y dejalo descansar en un lugar cálido de la casa hasta que duplique su tamaño (entre 45 minutos y 1 hora, dependiendo de la temperatura ambiente).
- El armado de los pancitos: una vez leudada, volcá la masa en la mesada y aplastala suavemente con los dedos para quitarle el gas (desgasificar). Cortá porciones de unos 60 a 70 gramos cada una. Para darles la forma de la foto, estirá cada bollito con las manos o un palote formando un pequeño óvalo, y luego enrollalo sobre sí mismo apretando un poco, como si armaras un pionono pequeño. Pellizcá las uniones para que no se abran y colocalos en una asadera apenas aceitada, con el cierre hacia abajo.
- El segundo leudado y el corte: tapá la asadera y dejalos descansar por otros 30 a 40 minutos para que vuelvan a inflarse. Justo antes de meterlos al horno, con un cuchillo bien afilado (o una hojita de afeitar limpia), hacele un corte longitudinal y rápido en el centro a cada pancito. Esto permite que el pan se expanda correctamente en el horno y quede con ese aspecto profesional.
El secreto del horneado de la receta
Precalentá el horno a 200°C (horno fuerte). Acá viene el truco de panadería: en el piso del horno, colocá un jarrito o una fuente pequeña de metal con agua hirviendo. Esto generará vapor durante los primeros minutos de cocción, lo que retrasa la formación de la costra y permite que el pan crezca al máximo, dejándolo crujiente por fuera pero brillante. Horneá los pancitos durante 15 a 20 minutos, o hasta que los veas con ese dorado irresistible.
Dejalos entibiar sobre una rejilla para que no transpiren en la base y ¡listo! Ya tenés la excusa perfecta para poner la pava y disfrutar del mejor pan francés, hecho con tus propias manos.






