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Ejemplo de vida

Una abuela mendocina cursa el secundario en un CENS y es escolta provincial

Iris Facca integra el cuerpo de bandera del CENS 3-464, ubicado en Godoy Cruz. Se define como una alumna aplicada y lamenta la deserción escolar en su curso, sobre todo de los jóvenes

Para hacer la escuela primaria su papá la trasladaba en zulky desde el campo en Junín adonde vivían hasta la ciudad de San Martín, todo en el Este mendocino. De descendencia italiana, ya de grande se puso a estudiar el idioma, mientras mantenía su hogar y sus tres hijos. “He sobrevivido a tantas… imagínate, nací en plena Guerra Mundial”, suelta Iris Facca, quien el 23 de octubre cumplió 81 años e integra el cuerpo de bandera del CENS 3-464 de Godoy Cruz, adonde está a punto de terminar el Secundario.

Fue despidiendo la pandemia, a fines del 2021, cuando Iris Facca pasó por la puerta del colegio, cercano a la casa donde hoy vive. Y como un impulso irrefrenable, sin habérselo propuesto antes ni buscar saldar cuentas en su vida, decidió inscribirse. Ingresó al año siguiente y su trayectoria académica ha sido impecable. “Nunca me fue mal en un examen ni he faltado a clases, excepto por alguna que otra enfermedad”, remarca la mujer, luciendo una sonrisa radiante que hace juego con su cabello rubio y tes blanca.

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“Salimos a caminar con una vecina todos los días. Y un día pasé por la puerta del CENS, cerquita de donde vivo ahora. Siempre pasaba por ahí. Pero ese día como que lo vi al lugar, leí que estaban las inscripciones abiertas. Estábamos saliendo de la pandemia. Y fue algo repentino que me dije: ‘Me voy a inscribir’. Y así fue”, relata la abuela de 8 nietos y bisabuela de 4 (uno en camino). Lo hace intentando no quebrar su voz, al recordar que durante el confinamiento por Covid del 2020 perdió a su hijo varón y también a su yerno y a su cuñada.

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Iris salió segunda escolta provincial en el CENS 3-464 de calle Montes de Oca de Godoy Cruz.

Iris salió segunda escolta provincial en el CENS 3-464 de calle Montes de Oca de Godoy Cruz.

“Dicen que hay que hablar con Dios, entonces yo le preguntaba por qué se llevaba a esta gente joven y me dejaba a mí. Y era para cumplir una misión, quizás sea esta del Secundario que estoy cumpliendo”, reflexiona Iris, mientras hace un pequeño silencio para después pedir disculpas por secarse sus tímidas lágrimas.

No puede asegurar cuál fue su promedio que la llevó a obtener la segunda escolta provincial, pero indica que “91 o algo así”.

Estudia en solitario y es amante de los libros

Aunque le cueste definirse, Iris dice que es una alumna aplicada, que de chiquita le encanta leer –“lo heredé de mi padre, mi madre no sabía leer pero escribía”, suelta con nostalgia- y que en el CENS aprende cosas que le sirven para su vida cotidiana. Muy sociable, en la escuela ha hecho hermosas relaciones, sobre todo con los docentes porque “van todos jovencitos y no me dan mucha bolilla, yo me siento siempre solita adelante”, confiesa. Ella, la más grande del curso, la “abuela” para sus compañeros y la “mamá” para varios de sus profesores.

Siempre estudié sola, si me ha ido mal es por mí, y si me ha ido bien, también” “Siempre estudié sola, si me ha ido mal es por mí, y si me ha ido bien, también”, expresa quien ahora va y viene caminando al colegio. Se ríe también cuando repasa algunas clases de historia de este ciclo lectivo en las que ella aportaba datos desde su propia experiencia de vida al profesor de turno.

“Y, sí, muchos eventos históricos los he vivido en carne propia, pero mis profesores -primero Federico Frávega y después Ariel Sevilla- me enseñaron mucho, por ejemplo, a hacer la línea del tiempo, soy la única que lo aprendí bien”, declara Iris, casada con un mecánico italiano que escapó de la postguerra del ’45 buscando un mejor destino en Argentina, más precisamente en el Este mendocino.

Iris tiene a sus dos hijas viviendo en San Martín, ciudad que visita al menos un fin de semana al mes para reencontrarse con su familia. “Mis nietos y mis hijas me apoyan desde el primer día, me preguntan cómo me va yendo con los exámenes y esas cosas”, comenta y agrega que también tiene “un hijo del corazón” que es chileno.

En cuanto a las materias curriculares, como buena amante de la lectura, a ella le interesan mucho las ciencias sociales, la literatura y la historia. Aunque hay algo que le despertó la curiosidad el Secundario, y fue el tema del reciclaje. “Hicimos varios trabajos sobre el cuidado del medio ambiente y eso es lo que más me gusta, he aprendido a reciclar y ahora lo hago de forma habitual”, sostiene.

La educación como base para forjar un futuro mejor

Este descubrimiento sobre el mundo de la ecología, entre otros, hace que Iris Facca insista durante toda la charla en un tema central: la educación como forma de acceder al conocimiento y ser libre. “Me da mucha lástima que los chicos abandonen el Secundario, en mi curso empezamos más de 20 el año pasado y este año empezamos dos el segundo año, se sumaron más y ahora para el último año no sé si llegaremos a ser cinco o seis”, afirma con pesar.

“No sé por qué se van, cuando tenemos todo en la escuela; tenemos profesores que nos guían, que nos acompañan y nos tienen una paciencia, son muy buenos, es un clima de estudio y de trabajo tan lindo”, dice y lamenta esa deserción escolar que ella ve se da sobre todo en los jóvenes. “Lo que pasa que quieren el pescado listo, no quieren aprender a pescar”, remite al proverbio chino.

“La educación, la cultura, eso es lo que vale para la vida; la lectura es fundamental para que sepan pensar, discernir; ¿adónde creen que van a aprender si no es en una clase, en la escuela?”, manifiesta y reconoce que sus compañeros de estudio “no me dan mucho pie para que los aconseje, se creen que las saben todas”.

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Iris Facca despliega su abanico de certificados y diplomas de estudio, tanto del Secundario como de idiomas.

Iris Facca despliega su abanico de certificados y diplomas de estudio, tanto del Secundario como de idiomas.

Hay materias que, confiesa Iris, “me han venido como anillo al dedo”, y especifica una sobre elementos jurídicos que le hizo abrir los ojos ante una situación particular suya. “Había ido a un abogado hace unos años y no me dijo lo que me enteré ahora en la escuela, con el profesor que me alertó”, confirma.

Hablando de la curiosidad que nace espontáneamente en Iris, nos cuenta que “me encanta saber, por ejemplo, que significado tiene el caballito de la Ferrari, o qué elementos integran el motor de un auto; pero sobre todo me gusta investigar por qué tal o cual cosa se llama como se llama”, y aprovecha para preguntarnos: “¿Por qué se le dice pionono al pionono?”.

Su amor por Italia

Iris Facca comparte descendencia vasca e italiana. Sin embargo, la sangre “tana” es la que más le tira. De hecho, agradece a Dios haber podido viajar dos veces en su vida a Italia, haber recorrido varias de sus regiones y, lo que es más gratificante para ella, haber podido estudiar el idioma.

Orgullosa muestra todos sus certificados de italiano, otorgados por la Asociación Dante Alighieri. “Me encanta hablar y escribir en italiano, me encantaban las fiestas de Pascuas y navidades de mi historia familiar bien italiana, nos juntábamos todos y terminábamos bailando”, rememora esa alegría que no borra el paso del tiempo.

“Mi marido me hablaba en italiano también, siempre tuve ese dialecto de Sicilia por él, hasta que un día me puse a estudiar el idioma, él ya había fallecido”, acota quien tiene la doble ciudadanía.

Después del título Secundario, ¿qué viene?

Su bibliorato está meticulosamente ordenado, podría desbordar de hojas sueltas pero no; Iris acomoda todo en su lugar y lo trata con mucho cuidado. “Lo guardo así de este costado para que no se rompa”, aclara sobre el compresor de hojas cuya palanca de apertura pide un receso escolar.

No quiere resultar descortés, pero prefiere manipular ella misma la carpeta para evitar cualquier eventualidad. “Yo no entiendo cómo una compañera mía lleva cuatro hojitas en un folio y nada más. Acá tengo todo, y todas las materias bien completas, tenés que ser ordenada para el estudio como para la vida”, sostiene.

El año que viene cursará el tercer y último año de Secundario. Y lo encarará “como encaré los otros dos, con entusiasmo y responsabilidad”.

No sabe qué le deparará la vida después de obtener el título. Sin embargo, de algo está segura: “Continuaré aprendiendo más y más, no me voy a quedar quieta”, concluye y -como buena cocinera- nos anuncia que para esta Navidad se animará a hacer una torta galesa.

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