La evidencia es estridente. Pero la dirigencia política de la Argentina sigue sin reacción. Hace una década que el empleo privado está estancado. ¿No es acaso una de las claves para el crecimiento del país? Las naciones que generan riqueza no tienen dudas. Estados Unidos acaba de advertirnos en estos días que seguimos sin tener un plan económico que incluya la generación de nuevos empleos.
Pregunta de la semana: por qué el empleo privado lleva 10 años estancado

La salida del país de todas las sucursales de Falabella, el gigante chileno del retail, fue un potente golpe para la credibilidad económica argentina.
La administración de Joe Biden no lo dice al voleo. Lo afirma porque la Argentina le ha rogado a la Casa Blanca que haga valer su influencia ante el FMI y el Club de París para que nos refinancien y estiren los plazos de pago. ¿Por qué se van a involucrar en ayudarnos si el Gobierno insiste en no tener un plan económico para mostrar?
Nuestra relación con el mundo se basa en pedir, pedir, y no dar casi nada a cambio. Queremos 20 años de plazo, que nos bajen los intereses y que además en esa calesita nos aseguren que nos va a tocar la sortija. Ya somos una caricatura del deudor crónico. Por eso cuando aparece Biden y nos reclama que pongamos algo a cambio, que mostremos un plan, nos hacemos los enojados porque somos una nación soberana.
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"Nuestro plan es el Presupuesto", contesta el ministro Martín Guzmán. Nones, le responden afuera. Cuando se habla de un plan económico se hace referencia a una propuesta seria que se extienda en el tiempo, por lo menos en el mediano plazo.
No jodan, che
Nuestros acreedores suelen tener la costumbre de estar atentos a las señales políticas, Por ejemplo, afuera ya saben claramente que hay una especie de búnker económico paralelo. Funciona en la gobernación bonaerense, se reúne los lunes bajo la conducción de Axel Kicillof, y allí se sugiere lo que debe "ser posta" en materia económica, lo cual incluye, con frecuencia, diferenciarse del relato económico "oficial" que en los días previos nos haya propuesto Guzmán. Si eso no es ruido político, qué es.
Las empresas chilenas que se fueron de la Argentina lo dijeron con claridad: "Ustedes tienen una política anti empresas muy manifiesta y dañina". Pese a ello seguimos escuchando relatos de políticos nacionales (las más aguerridas ahora son funcionarias) que parecen querer dinamitan la relación con el sector privado.
En la reciente visita al país del presidente de España, Pedro Sánchez, algunos empresarios ibéricos con intereses en la Argentina denunciaron haber sufrido "maltratos y ataques" por parte de funcionarios.
Es la macro, man
Los gringos suelen pedirnos "un marco sólido de política económica". Eso aquí suena a chino básico. En la Argentina hace 10 años que la cantidad de empleos privados está congelada en los 6 millones. Podemos entender que ese parate haya ocurrido en el segundo gobierno nacional y popular de Cristina Kirchner cuando en el cristinismo anunciaban que iban a "ir por todo", una idea que se da de patadas con la concepción democrática republicana.
Pero tampoco el liberal Macri logró generar más empleo privado. Nos cansamos de esperar los "brotes verdes" de las inversiones. Nunca arribaron a puerto. Macri no logró mejorar la macroeconomía, es decir la economía global del país, ni aventar la incertidumbre sobre las reglas que se manejan en esta Argentina que día a día desconcierta un poco más al mundo.
Vayan sólo dos ejemplos de problemas macroeconómicos de la Argentina. Uno: somos un país que no puede generar los dólares suficientes para garantizar el pago de sus deudas. Dos: desde hace más de medio siglo no podemos dominar la inflación, ese mal que, como la fiebre en las enfermedades, es el síntoma que nos advierte de que hay grandes inestabilidades en la ecuación económica que maneja el país. "Es la inflación, chabón" lo traduciría un ciudadano de a pie.
Ese yuyo
Como suele suceder cada año, otra vez ha sido la exportación de soja, "ese yuyo que no genera trabajo" según la singular interpretación que dio Cristina durante "la guerra del campo", la que ha permitido, con las retenciones que pagan sus productores, aportarle algo de "alimento" a las reservas en dólares del país y tener un respiro en pandemia.
Pero al mismo tiempo que debería celebrar ese suspiro, el Gobierno aparece prohibiendo la exportación de carnes bajo el argumento de que esa traba hará que en el mercado interno baje el precio del asado. Uno de los tantos disparates de los que creen que el mercado va a responder a la ley del chicote y no a la de oferta y demanda.
La legisladora kirchnerista Fernanda Vallejos ha llegado a decir que la capacidad del país de exportar alimentos es "como una maldición porque los precios internos son tensionados por la dinámica internacional". En realidad, los precios argentinos de las exportaciones ya están desacoplados debido a las retenciones y otros impuestos que les cobra el Estado. Lo de Vallejos es la perimida idea de que podemos "vivir con lo nuestro" y apartados del mundo, ridícula ensoñación que aún atrapa a alguna militancia peronista.
Lo que somos
Desconfiamos de la actividad privada, de las empresas, decimos que el capitalismo ha fracasado siendo que hasta los regímenes comunistas, con China a la cabeza, saben que no hay otra forma de producir riqueza, Defendemos a las autocracias como Venezuela, Nicaragua o Irán donde se pisotean los derechos humanos y las libertades civiles de manera escandalosa. Tenemos una política exterior errática, Y un doble comando de decisiones políticas y económicas entre el Presidente y la Vicepresidenta.
Los que han decidido irse de la Argentina o tacharnos de cualquier plan de inversiones, dicen lo mismo: hay malas condiciones de competitividad para las empresas, complicaciones para importar, control cambiario, una carga impositiva exasperante, falta de certeza jurídica, controles de precios, un mosaico de imperfecciones que se da de patadas con el libre comercio.
Pero, por sobre todas las cosas, hay una contradicción irresuelta dentro del propio gobierno. Por eso no tenemos plan económico, por eso es que generamos tantos pobres. Falta política. Faltan acuerdos de Estado con la oposición que nos posibiliten arrancar, por ejemplo, con un programa de creación de empleo privado.