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Yo me vacuno, ¿tú te vacunas?

La pérdida de credibilidad en el gobierno se proyecta a la desconfianza sobre la vacuna rusa en parte de la población

Por lo que dan a conocer las autoridades, la vacuna llegará en breve por estos lares. El gobierno nacional está empeñado en promover la vacuna Sputnik 5, más que a cualquier otra, con visita de funcionarios hasta la tierra de Putin incluida. Tanto que Alberto Fernández se aventuró a decir que estará disponible para fines de diciembre.

La cobertura prevista es para 10 millones de personas, anticipó Fernández. Unos días antes había hablado de 25 millones, mientras el ministro Ginés González García la redujo a 12 millones y medio, y la asesora de Salud, Cecilia Nicolini, quien también viajó con la delegación a Rusia, la elevó a 50 millones. A veces se refieren a personas, otras a dosis o esquemas. Detalles, dirían algunos sin reparar demasiado en la confusión de los datos duros que emanan de las propias autoridades.

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Otras idas y vueltas se generó con la obligatoriedad o no de vacunarse. Síntesis: es obligatorio si la persona lo acepta voluntariamente. O sea...

Evidentemente hay un problema de comunicación. En temas demasiados sensibles para la población, si funcionarios y especialistas allegados al gobierno no afinan al detalle el mensaje, se dispara una ola de desconfianza acentuda por la agitación en las redes.

Tampoco ayuda mucho la audacia presidencial de establecer una fecha probable e inminente cuando se sabe que todavía la vacuna está en proceso y aún no ha sido aprobada por los organismos competentes de allá ni de acá.

No obstante, ante el avance riguroso de la ciencia, es improbable que se aplique una vacuna sin la seguridad de que no se pondrá en riesgo a la población. Sin embargo, los temores crecen cuando se instalan hipótesis conspirativas y las fake news están a la orden del día.

Por eso se impone la necesidad de que el discurso oficial sea claro y se aleje de los triunfalismos, como cuando Fernández comparaba la supuesta eficacia de su política frente a las que se aplicaban en Suecia u otras comparaciones por el estilo.

Las frías estadísticas muestran la tremenda realidad: EEUU, uno de los peores ejemplos del mundo, hoy tiene menos muertos de Covid-19 por millón de habitantes que Argentina.

Catastrófico resultado para nuestro país que se empeñó en cerrar la economía y prolongar la cuarentena indefinidamente sin reparar en otras secuelas. Ahora comienza una fase de distanciamiento social en una porción del territorio, en la que la aplicación de protocolos y la conducta de la población serán cruciales para que la curva de contagios no vuelva a dispararse.

Mientras se cierran las tratativas para asegurarse la cobertura de al menos 10 millones de personas con la vacuna rusa -según la última cifra que dio Fernández-, en forma paralela se ha convenido avanzar con Pfizer y con AstraZeneca (22 millones de dosis compró Argentina, según informó el laboratorio británico). Por otro lado, se negocia con China, y se habilitará la experimentación (cuestionada en España) de la llamada vacuna RUTI.

En fin, al parecer no faltarán dosis de diferentes procedencias para inmunizar, al menos, a las franjas prioritarias de la población. Esa será la mayor apuesta del gobierno de Fernández para lograr neutralizar al virus y mostrar un sistema de salud robustecido. Y, lo que no es menor en un año electoral, recuperar en parte la popularidad perdida como consecuencia de la cuarentena más prolongada del mundo.

El largo camino a la normalidad

Mendoza se alista para el tiempo de vacunación, atento a que la Nación ha prometido que los insumos se distribuirán en forma federal y equitativa. Incluso, la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, afirmó que la aspiración es ampliar la vacunación más allá de los grupos de riesgo, personal de la salud, docentes y policías.

Con la aprobación de la fase de distanciamiento, la Provincia da un paso más hacia la apertura económica y social. La baja en los contagios y en el porcentaje de camas ocupadas de los últimos días le da fuerza al gobierno de Rodolfo Suarez que viene pujando por menores restricciones.

La Provincia necesita normalizar la recaudación, admite el gobernador, y se está trabajando, además, para abrir las puertas al turismo chileno, lo que podría significar una buena fuente de divisas por el cambio favorable a los trasandinos.

En cuanto a las reuniones familiares y sociales, en los hechos ya están sucediendo, sin que pesen controles y sanciones, salvo en los casos escandalosos como el de El Carrizal.Entonces, nada mejor que protocolizar e insistir con las recomendaciones básicas de prevención individual, grupal y colectiva, antes que prohíbir.

El amigo Joe

Alberto Fernández brindó declaraciones conceptuosas sobre el presidente demócrata electo, aunque todavía no sea admitida la derrota por un absurdo y ridículo Donald Trump. El círculo presidencial está esperanzado en que Fernández sea un interlocutor privilegiado de Joe Biden para la región. "Es un cambio de época para América Latina", declaró Fernández. "A priori, habrá una agenda más promisoria", señaló Santiago Cafiero.

Lo cierto es que más allá de las expectativas argentinas al quedar atrás un populista, pero de derecha, se abren perspectivas diferentes para el mundo en asuntos diversos, como la distensión comercial con China, el multilateralismo, el regreso a los Acuerdos de Paris por el Cambio Climático, y por un nuevo trato a los temas relativos a los derechos humanos.

En cuanto a la agenda argentina, además de las relaciones comerciales con los EEUU y las intervenciones de las representaciones nacionales en cuestiones como la de Venezuela, se espera que no haya sorpresas en las tratativas con el FMI. Al respecto, Cafiero advierte que no hay espacio para ajustes; sin embargo, Martín Guzmán empezó a dar señales de austeridad, cuanto menos, en la emisión monetaria y en materia fiscal. Y paralelamente, se avisora un aumento de tarifas.

Algunos datos de la economía y de la situación cambiaria están dando más aliento al equipo económico, que sabe que deberá librar una dura batalla para empezar la recuperación y en la interna política que es reactiva a cualquier atisbo de sanidad macroeconómica, a lo que invariablemente califican de neoliberalismo. Así las cosas, con un gobierno desgastado en el plano económico, en las relaciones políticas, en la lucha contra la pandemia, con una justicia desquiciada, y con escasos niveles de pupularidad, Alberto Fernández sueña con la vacuna que no solo proteja a la población, sino que además sirva de resorte para el despegue de su gestión.