Fue los ojos, los oídos y la voz de Mauricio Macri, pero en días más quedará a la intemperie y sin poder ver, oir o decir por boca de su jefe. Le caerán como moscas al dulce para pasarle facturas. Ya están golpeando sus puertas.
Marcos Peña siempre descreyó o desconfió de las formas y esencias tradicionales de la política. El venía a fijar otras estrategias. Mucha web, nuevas tecnologías, trolls. Detestaba, por ejemplo, la "trenza".
¿Y qué es la "trenza" si no una trabajosa forma política de ir armando y desarmando, de pactar, de convencer, de seguirle la flexibilidad a la realidad? La política es plasticidad.
Sin embargo, quienes deben cumplir papeles jodidos, como el de un jefe de Gabinete presidencial, suelen confundir ese puesto con el de un gendarme político.
Y de allí que se vayan encerrando cada vez más en el resguardo de las "mesas chicas" donde nadie los contradice. O apelando a un florido espiche conceptual. En ese sentido Peña siempre ha oficiado "de pico de oro".
Detestado y envidiado
No estamos diciendo que ese cargo no requiera de una fortaleza y de dones muy especiales. Claro que sí. Te la debo estar en ese puesto.
Afirmamos por el contrario, que por la importancia de la función, por el hecho de tener que ser los ojos, oídos y boca de un superior, pocos o muchos lo terminarán detestando. O, secretamente, envidiando.
En más de una ocasión tanto Marcos Peña como quienes fueron sus dos laderos más importantes, Quintana y Lopetegui, se pavonearon poniendo a Macri como escudo para contrarrestar cualquier crítica a su gestión de triunvirato.
Ojos y oídos bien cerrados
Marcos Peña es uno de los culpables de que Mauricio Macri haya tenido que admitir, tras las PASO del 11 de agosto, que no habían sabido escuchar a la gente, sobre todo a la clase media, y que además habían perdido parte del contacto con la calle, con los sinsabores de una ciudadanía que no estuvo resguardada como esperaba.
Hasta el día anterior a ese "tortazo", como el propio Macri definió a las PASO, Marcos Peña y el gurú Jaime Durán Barba, le seguían planteando a su jefe mundos pletóricos de futuro para Cambiemos. En 2017 cuando Cambiemos ganó las elecciones legislativas, Marcos Peña creyó que había "terminado el mito de que solo el peronismo podía gobernar".
Siempre unidos
Marcos Peña dijo hace un tiempo que no iba a buscar un cargo electivo porque quería mantener la relación actual con Macri. Siempre se jactó de tener una sincronización mental que les permite actuar sabiendo casi de memoria qué piensa o hará el otro.
La "remontada" de votos hasta el 40% le ha significado a Macri asegurarse el puesto de jefe de la oposición al nuevo gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Peña asegura que estará a su lado actuando "de memoria".
Pero primero con los que deberá esforzarse en esa lucha será con los otros jugadores de Cambiemos que también quieren lucirse como opositores. Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, por un lado. Y, por el otro, la armada radical que conforman Alfredo Cornejo, Gerardo Morales y Mario Negri. Ellos amontonan facturas a cobrar.
Todos estos lo enfrentarán a Marcos Peña de otra manera. En el llano, los códigos políticos suelen ser menos jerárquicos y más ásperos.




