Los decepcionados de Macri siguen sin encontrar quién los represente. Hasta en eso "el que te jedi" parece tener suerte.
Lentamente varios indecisos están empezando a verbalizar, aún con temor, lo que antes no querían admitir. Y ya se preguntan: ¿tendremos que optar por el mal menor? Lo cual quiere decir: por alguien que no sea ni peronista ni kirchnerista.
Esta semana la taba ha estado cayendo todos los días para el lado amarillo. Los radicales, principales socios del PRO, decidieron mayoritariamente seguir dentro de la coalición de gobierno. Con exigencias, con críticas a la Casa Rosada y con un Cornejo hecho un fuego, los hijos de Alem lograron, empero, no quebrarse ni doblarse ni escaparse.
Además, el dólar ha estado calmo, los precios de la soja pegaron un salto al igual que el petróleo (bueno para Vaca Muerta) y hubo dos encuestas que volvieron a dar ganador a Macri en un balotaje.
Sin sandalias
Algunos creyeron en estas semanas frenéticas que Roberto Lavagna podría ser el que reencauzara la Argentina por una senda que la alejara de los extremos. Ya no es tan así. El señor de las sandalias con zoquetes ha demostrado tener más empeño para el ego que para el concilio político.
Otros creen que hay que esperar que el peronismo razonable haga sus PASO y demuestre -realmente- su razonabilidad y sensatez republicana. Así sea con Massa, con Urtubey, con Pichetto o con Schiaretti.
Lo que pasa es que ninguno de ellos termina de germinar como el líder claro de ese sector. "El peronismo vuelve a enamorar" solía decir a fines de los ´80 un eslogan del PJ. Pero en esta ocasión todavía no reluce el novio de la muchacha.
Macri ya no tiene que lidiar de forma tan directa con el antagonismo excluyente de Cristina Kirchner. Y, como si el Presidente no tuviera ya bastante traste, el nuevo presidenciable del kirchnerismo, Alberto Fernández, genera desconciertos hasta en la propia tropa.
La malquerida
La "abdicación" presidencial de la ex mandataria, obligada a tal acción por la mala imagen que ella sigue teniendo no sólo en los mercados, sino sobre todo en la clase media, que es la que va volcar el fiel de la balanza, preocupa y mucho a los que iban a "ir por todo".
Por otro lado, se decía hasta hace algunas semanas que las provincias habían hecho muy bien en separarse de la elección nacional porque así se salvarían del ventarrón que iba a correr a Macri del escenario nacional.
Votantes flexibles
Hoy, en cambio, ya hay analistas que opinan que esas provincias van a llegar a octubre habiendo votado quizás al peronismo en sus provincias, pero con la libertad total para elegir otra opción en las presidenciales. Los votantes ya han dado muestras sobradas de esa ductilidad a la hora de poner el voto en la urna.
Es decir que en el escenario de octubre y noviembre podrían votar una opción que no fuera peronista razonable ni kirchnerista light para así hacer un balance entre los políticos que manejen su terruño y los que gestionan la nación.
No obstante, conocedores de los corcoveos que viene pegando semana tras semana la política argentina, sería bueno que Macri no cante ninguna victoria. El traste de hoy puede ser el patadón de mañana.
