Suarez o la vuelta del invisible

El invisible. O el "invisibilizado". Así definieron algunos medios porteños al candidato a gobernador de Mendoza por el oficialismo, Rodolfo Suarez. Fue a raíz de que en las últimas horas este político tan singular como recoleto volvió a la vida política tras varias semanas desaparecido.

En las PASO mendocinas realizadas en junio pasado el radical Suarez había triunfado cómodamente sobre el peronismo rejuntado bajo la batuta kirchnerista de Anabel Fernández Sagasti. Todo sugería que el camino a la gobernación iba a ser un paseo. Y que en septiembre Suarez iba a acceder con seguridad al Sillón de San Martín.

Podía entonces darse el gusto de perderse de vista por unas semanas, en su caso quizás justificado en parte por la dolorosa muerte de un familiar. Si hasta se permitió pegar un comentado faltazo al acto que Macri presidió al inaugurar un nuevo tramo de la ruta 40 entre San Carlos y Malargüe.

Pero vino el terremoto. El 11-A. Que ratificó que en política no se puede confiar en la bondad de ningún santo y que, sí o sí, hay que prenderles velas.

¿Te comés una factura?

El regreso entonces fue a boca de jarro. Suarez pasó facturas a troche y moche por el desastre político que las PASO nacionales significaron para el oficialismo. No dudó en espetar que ya en mayo pasado el gobernador Alfredo Cornejo había advertido de las menguadas chances de que el presidente Macri fuera reelecto, algo que él compartía plenamente.

En aquel mes Cornejo y Suarez habían propuesto que la candidata a presidenta de Cambiemos fuera la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, por entonces la figura política con mejor imagen del país, según nos machacaban esos excelsos cultores de la chantocracia nacional llamados encuestadores.

Tomate tu tiempo

En la Argentina (y mucho más en un año electoral) los tiempos políticos no concuerdan con la lógica cronológica. En una semana pueden pasar sucesos que nadie pensaba y que harán saltar por los aires todas las previsiones.

Así, el remezón del domingo podrá pronto parecer viejo porque la catarata de novedades inesperadas suele no cesar. El viernes pasado esa cosa amorfa y peligrosa llamada "el mercado" se dejó tentar por los cantos de sirena de los gurúes del sondeo que aseguraban que el presidente Macri le iba a hacer pata ancha a Alberto y Cristina o que iba a perder por muy poco.

De un día para otro todos los índices económicos mejoraron. Y se festejó por anticipado la "segura" reelección de Macri en primera o segunda vuelta.

Pasó lo que pasó y ahora Cornejo anda desesperado para apuntalar a su candidato a gobernador. Y a sí mismo, ya que una peronista desconocida, Marisa Uceda, cabeza de lista de los diputados nacionales, le ganó por un punto al actual gobernador mendocino.

Hay terror de que la ola peronista, esa con la que Los Fernández le sacaron 15 puntos de ventaja a Macri y con la que Axel Kicillof barrió del estrellato a una hoy casi inexistente María Eugenia Vidal, pueda llegar a estas costas.

Cornejo no aceptará así como así perder el terreno que tanto le costó construir. Seguramente tomará distancia de la figura de Macri porque hay que salvar la provincia.

Pero como es, además, el jefe nacional de los radicales, tendrá que fogonear a diario para imponer la idea de un pacto político con la oposición para salvar nada menos que al país que nos contiene de otra de esas corridas financieras que destruyen empleos y mandan a la pobreza a millones de seres. El "invisible" Suarez, en tanto, tiene ante sí a un potro encabritado. Cuenta con poco más de un mes para demostrar que es un domador.

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