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Suarez no es brillante ni un seductor político; es gris, pero...

Suarez no es un seductor con la palabra. Ni alguien que vaya a tener en vilo a las audiencias con su prédica. Pero tiene en cambio el don de la minuciosidad

Rodolfo Suarez es el gris, el opaco, el suizo, el distante, el cascoteado, el poco elocuente, el que le hicieron anular una ley que debía reabrir la minería con características sustentables. Sin embargo, es el mismo que ha aprendido a consolidarse en su estilo de mendocino promedio que mantiene una actitud equidistante y crítica con la Nación. Una relación que intenta ser profesional, política y firme, pero sin irse al pasto.

Suarez no es un hombre brillante, no nos deja con la boca abierta pensando, como suelen hacer los grandes estadistas cuando pontifican. No es un seductor con la palabra ni alguien que vaya a tener en vilo a las audiencias. Tiene en cambio un mérito que en democracia es esencial. Es el don de la minuciosidad. Trabaja de esa forma para lograr resultados.

La minuciosidad es típica de políticos con tendencias realistas. Además es algo que pareciera que moldea cualquier atisbo impulsivo. Y eso, en estos tiempos tan crispados, se nota. El tipo se cuida en lo que hace o dice. Trabaja en política como si fuera una artesanía. A veces, le sale para el traste y vuelve, como las hormigas, a ponerse la hojita en el lomo y a llevar la comida hacia la cueva. No es llorón ni muy adepto a la cofradía del santo reproche, como cantaba Sabina.

Te hago hocicar

La relación con la Casa Rosada no ha sido fácil para el sancarlino Suarez. Diferencias de criterio sobre cómo abordar la pandemia y la economía. Freno al dique Portezuelo del Viento. Misiones oficiales del Presidente a Chile en las que Suarez no es invitado siendo que Mendoza es la provincia más relacionada con ese país. Beneficios fiscales para todas las provincias peronistas del Norte, muchas de ellas barbaramente feudales, en detrimento de Mendoza. Reparto de fondos donde siempre perdemos. Y una especie de mandato no escrito de que a ese mendocino hay que tenerlo con la rienda corta y, si se puede, hacerlo hocicar.

Si tiene que hacer hocicar a alguien, el kirchnerismo lo hace, aunque el elegido sea uno de los suyos. Le pasó a Paco Pérez. ¿Cómo olvidar cuando desde la Casa Rosada se ordenó que en un acto que se transmitía en cadena desde esta provincia, el citado gobernador no fuera enfocado porque no había cumplido con éxito una orden? ¿Cómo no va a pretender ahora sofocar a un gobernador de la oposición y sobre todo de Mendoza donde los números de las encuestas no son favorables a la Casa Rosada.

Suarez ha adquirido entrenamiento en eso de discrepar cuando lo cree conveniente, pero sin romper lanzas, haciéndose escuchar y fijando posiciones, sin asco a negociar y a volver a negociar. A veces en política hay que comerse la lengua si eso sirve para demostrar que se puede ser firme sin necesidad de irse a las manos.

¿Te la bancás?

Cada político tiene su estilo. Si el gobernador fuera Alfredo Cornejo las chispas saltarían a diario. O no. A lo mejor dos tipos de sangre caliente como Cornejo y Alberto Fernández ya hubiesen tenido que aprender a medirse de otra manera. Pero como los compadritos tienen su público, y más en esta biósfera tuitera que nos agobia, muchas veces se exponen de más para no perder su prestigio de ásperos.

Cornejo y Alberto se conocen los piojos. No hay que olvidar que Cornejo fue uno de los principales asesores de Julio Cobos cuando éste se asoció con Néstor Kirchner para ser el candidato a vicepresidente de Cristina Kirchner en 2007. Alberto Fernández era entonces el jefe de Gabinete.

Como diputado nacional y jefe del radicalismo argentino, Cornejo tiene una libertad de palabra de la que, por prudencia institucional, Suarez carece. A la hora de plantarse ante la Rosada el actual mandatario debe hacer filigranas.

El olfato

Pero además, Suarez tiene su match local con el peronismo mendocino. Un PJ que viene desorientado desde hace varios años al punto de que ahora ha quedado bajo la dirección del kirchnerismo, lo cual se le ha puesto difícil a Suarez. Eso no está mal en sí. Es parte del juego político y es muy bueno que quien gobierna se sienta controlado. Lo que ocurre es que a veces se nota demasiado que el PJ provincial sigue un libreto que no es guionado en Mendoza.

El mendocino promedio tiene un olfato muy especial para percibir dichas cosas. No hace grandes militancias ni alharacas con eso, pero todo nos indica que lo tiene muy presente a la hora de votar. Por ejemplo al mendocino le molesta, y mucho, que ciertas decisiones que se deben tomar aquí, como es el armado de las listas para las elecciones, vengan impuestas desde Buenos Aires sin posibilidad de chistar, o que algunos representantes que deberían tener como meta central la defensa de Mendoza por sobre todas las cosas, sean más permeables a los intereses personalistas o de facción de figuras nacionales..

Esas cosas, que Rodolfo Suarez sí parece tener en cuenta, son las que le dan al gobernador ese plafond que le permite "plantar cara", como dicen los españoles, a la hora de ponerse firme sabiendo que tiene un mandato popular que lo obliga a defender los intereses de la provincia, pero también a respetar la institucionalidad nacional sin que la sangre llegue nunca al río.

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