A Alberto Fernández y su equipo no le cayó nada bien la difusión de un posible (¿y confirmado?) gabinete de Ministros. "Nadie tiene el Gabinete. Solo leen cadenas de whatsapp de dudosa procedencia", dicen irónicos en el entorno más íntimo del presidente electo. A pesar de las desmentidas, más de la mitad de los mencionados ya se mueven como ministros.
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Los rumores sobre los posibles gabinetes son una noticia en sí misma. No sólo por los nombres que vayan a integrar ese equipo sino por todas las operaciones cruzadas que aparecen. Manejar en la previa una coalición tan compleja como el Frente de Todos es un buen entrenamiento antes de manejar un país tan complejo como el que Macri (y Cristina) le dejaron a Alberto.
Un hombre que trabaja en las sombras y que “suena” para integrar un cargo muy sensible descree que la lista esté 100% cerrada. Por un lado, porque Cristina está en Cuba. Por el otro, porque así como están conformados los nombres se contradice con el espíritu de lo que el propio Alberto había dicho antes de ganar las elecciones. “Si yo tengo que armar el gabinete hoy, voy a armar el gabinete con mis amigos. Si yo gano, voy a poder armar un gabinete con los mejores”, repetía.
Por ahora, los nombres que trascienden hablan más de “amigos” que de “los mejores” y la foto que queda con este gabinete es la de una división “política” del poder. Es decir, un reparto entre el albertismo puro (equipos técnicos del Grupo Callao), el kirchnerismo, los gobernadores, algo al progresismo, a Massa, algo a la CGT.
Esa lógica de construcción de poder, muy cercana al peronismo clásico, no es la forma de construcción de equipos de Alberto Fernández. "El espíritu es ampliar. Alberto nunca armó los gabinetes pensando en el ‘adentro’ sino en el afuera”, dice este asesor que trabajó en su momento la idea de la transversalidad y que integraría el gabinete. “Adentro” es la política; afuera, la sociedad.
Quienes conocen desde hace mucho tiempo a Alberto Fernández elogian su capacidad para leer la realidad y adaptarse a las demandas sociales. En ese sentido, repite a quienes lo escuchan, que hay que ampliar las bases sociales lo más posible.
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La mesa contra el hambre
Una muestra de eso se vio en la convocatoria contra el hambre que hizo el viernes pasado, donde se vieron figuras tan diversas como Marcelo Tinelli y Narda Lepes; referentes de movimientos sociales como Gustavo Vera o Isaac Rudnik, sindicalistas como Héctor Daer y Roberto Baradel; o titulares de cámaras empresarias.
El espíritu que busca Alberto para el inicio de su gestión sería el que se inauguró en 2003, cuando Kirchner (que era un gobernador peronista aliado al duhaldismo) sorprendió atrayendo a progresistas al espacio y empezó a construir poder por fuera del PJ. Ese gabinete incluyó a exFrepaso como Rafael Bielsa o Daniel Filmus; a socialistas como Jorge Rivas y a peronistas “independientes” como Gustavo Béliz.
En 2007 se incluyeron figuras nuevas como Martín Lousteau, Graciela Ocaña, Juan Carlos Tedesco, Florencio Randazzo y Lino Barañao. Todos esos gabinetes, dicen en su entorno, los diseñó Alberto Fernández.
También fue Alberto el encargado de acercar (¿cooptar?) dirigentes de otros espacios políticos. Fue el promotor de la “transversalidad” (trayendo al kirchnerismo a dirigentes progresistas no peronistas) y de la Concertación (la alianza con el radicalismo K, que llevó a Cobos a la vicepresidencia).
El juego de la garrocha
Esa “amplitud” también se va a ver en esta etapa. Algunos se sumaron antes de las elecciones (Pino Solanas, Victoria Donda, Matías Lammens…). A otros los esperan una vez ganadas las elecciones. Hubo sondeos directos o indirectos a algunos críticos del macrismo. Las líneas están permanentemente abiertas con Emilio Monzó. También, dicen cerca de Alberto, les gustaría poder atraer al espacio a Ricardo Alfonsín. Casualmente (o no) en su discurso contra el hambre Alberto citó a Alfonsín padre.
Ricardo Alfonsín desmiente el acercamiento y dice que solo estaría dispuesto a aceptar un cargo "independiente", de los que casi no existen: la Auditoría General va directo para la oposición y Macri pondrá a uno suyo. La oficina Anticorrupción es un órgano del Ejecutivo y está demasiado atado al Presidente. Ricardo no dará el salto, pero eso sí: si el macrismo se sigue cerrando, Ricardo está dispuesto a plantarle una interna en 2021. Pero nunca (por ahora) para ir al peronismo.
También el albertismo mira con simpatía a Daniel Lipovetzky, un hombre que fue marginado a último momento de las principales listas del oficialismo y que cada vez plantea más sus diferencias con Juntos por el Cambio. Lipovetzky, por ahora, no parece muy interesado en dar el salto.
Hay otros dirigentes del PRO peronismo evaluando alternativas. El calculo que hacen es llamativo: aquellos que dieron el salto al kirchnerismo en algún momento de su historia crecieron políticamente, sea al interior del espacio (Sabbatella, Heller, Moreau…) o dando un portazo al retirarse (Cobos, Lousteau, Ocaña…). En todos los casos, el kirchnerismo no fue tan mal pagador como se cree.
Alberto está desplegando la estrategia del primer kirchnerismo; el que llegó de la mano de Duhalde pero sorprendió aliándose al progresismo y a la bandera de los derechos humanos. El fue el ideólogo de todo eso. Sumar a todos a la mesa de decisiones para contener de la mejor manera posible las demandas sociales insatisfechas. Ese es el modelo del que habla con los suyos. El viernes lo dijo explícitamente: “Cambiar la política de la imposición por la política del consenso”.
Mientras el Frente de Todos intenta esbozar un esquema para los primeros días de gestión, el Gobierno de Macri en retirada intenta instalar la idea de que hay un cogobierno entre el presidente entrante y el saliente. El espacio de Alberto Fernández intenta despegarse. No quiere quedar atado en nada a decisiones de las que –dicen- no tiene nada que ver.
El niño que lo sabe todo
Las señales de apertura de Alberto Fernández contrastan con las de la provincia de Buenos Aires. Fuentes del Frente de Todos provincial se quejan de lo cerrado que está Axel Kicillof, siempre abroquelado con su grupo de dirigentes más cercanos.
Los intendentes del PJ se sienten desplazados del equipo de gobierno y lo hacen saber. En los últimos días hubo una cumbre entre Fernando Espinoza y Martín Insaurralde, dos dirigentes históricamente enfrentados por el liderazgo de tercera (y poderosa) sección electoral.
Discutieron acerca de cómo posicionarse para lo que –suponen- va a ser la marginación por parte de Axel Kicillof de los principales lugares en su gobierno. Creen que el aporte que hicieron a la victoria es mayor que el premio que tendrán al final del camino.
Ni siquiera, para terminar de conformar su equipo pidió el consejo de quien mejor conoce la provincia de Buenos Aires por haber estado 8 años al frente de la gobernación. Aunque en el entorno de Scioli dicen que entre ellos hay una excelente relación, reconocen que no hubo mayores intercambios sobre la futura gestión.
Aunque casi no vivió en la provincia, Kicillof no parece estar buscando el consejo de los que patean la provincia hace años. No lo necesita, parece, “El niño que lo sabe todo”.
Fuente: A.24.com
Pablo WinokurEditor de política de A24.com@pablowino



