Ha quedado ratificado que al todavía intendente de Las Heras, Daniel Orozco, no hay con qué darle. Lo recubre el amianto. Nunca se prende fuego y tiene doble resistencia. Ese material, como casi todo en la vida, tiene cosas buenas y una contracara dañina. Pero él, como la nave felliniana, va. Siempre va. Busca, eso sí, que no se le encabrite aún más su destino político, que hoy lo tiene bastante desalineado.
Sorprende la audacia de Daniel Orozco, un político multitarget, presto a hacer lo que los vientos manden
Quien era "radical de toda la vida" ahora es un político dispuesto a ser lo que los vientos manden. Su audacia sorprende. Si perdió con De Marchi, si Cornejo que lo alababa ahora lo detesta, si se está desarmando a pedazos su proyecto comunal en el que no dejará descendencia, pues bien, siempre habrá un Massa para contenerlo o un Milei para ídem.
Su larga y apacible vida como médico de pueblo no hacía prever su sinuosa, y por momentos alocada, existencia política, amplificada por la sociedad política y sentimental que ha burilado con Janina Ortiz, ex novia, actual esposa y secretaria de Gobierno del municipio.
Despechado y reinventado
Quiso ser gobernador de Cambia Mendoza y no le dieron los números ni el pinet para enfrentar a Cornejo en la interna. Despechado, de un día para el otro abandonó a los hijos de Alem y se mandó a nadar en las aguas del territorialismo localista con De Marchi. Fue candidato a vicegobernador de La Unión Mendocina y perdió. Su delfín en el municipio de Las Heras fue derrotado.
Sin embargo él busca reinventarse todos los días ya que su vida política se ha transformado en un infierno casi permanente. Lo acosan denuncias de supuesta corrupción y de desmanejos en el municipio. La Justicia ya lo imputó a él y a su esposa por probables desmanejos de fondos públicos, un plan que, intuye la Fiscalía, fue para desviar dineros municipales.
No es el único rubro al que apunta la Justicia. El menú incluye presuntas tareas de espionaje a funcionarios en "telos", aprietes a empleados, grabaciones ilegales, amenazas y hasta investigaciones por un abuso sexual que se habría intentado cajonear. Si esto no es condimento mexicano, ¿qué es?
Aquel médico apacible
Su vida como médico clínico y gerontólogo venía barnizada de aspectos amables y previsibles. Su actividad política, que aún no cumple una década, empezó de una forma que llamó la atención por lo sensata, pero que pronto empezó a mutar en otra cosa. Pareciera que se dejó moldear rápidamente por ciertas zonas densas del poder.
Cuando en 2015 el finado Viti Fayad y Julio Cobos lo tentaron para que ingresara a la política como jefe comunal, este médico amiguero que había atendido en su consultorio a medio Las Heras, agarró viaje sin dudarlo. En su momento dijo que aceptaba el convite para intentar demostrar que la política no sólo es un andurrial sino un lugar para hacer las cosas bien, para servir al vecino.
Su idea primigenia era cumplir un mandato como intendente, dejar un legado, y volver al estetoscopio y al martillito para medir los reflejos. "Sí, Juan, contámela", solían decir antes las madres cuando sus hijos buscaban cuentearlas.
Orozco siempre fue un hombre de abrazar y palmear. De ir a fiestas y ceremonias con militares, curas, vecinalistas, docentes, deportistas, artistas. Su trato con los viejos le había dado una pátina buenuda que él intentó después replicar en su vida política. Pero sus facetas políticas lo tienen desde hace un tiempo como maleta de loco.
Sin embargo, a pesar de todos los entreveros en los que está envuelto, él no se despeina. Parece no cargar con demasiados rollos existenciales. El mensaje que simula dar es: la vida no me va a pasar por encima.
El factor Janina
Tiene la suerte de que su esposa Janina, a quien él propuso para que lo sucediera en la Intendencia, idea que en su momento la UCR le rechazó in limine por falta de antecedentes de la postulante, es una dama que posee un carácter similar. Son osados, lanzados, dispuestos. Parecen tal para cual.
Escrito está que el sembrador de vientos cosecha tempestades. El tranquilo municipio de la etapa inicial de Orozco, donde todo parecía más ordenado, y donde el intendente se ocupaba de hermosear el departamento, y de levantar la autoestima de sus habitantes para que ningún pituco del Centro y de mala entraña los llamara "lasherindios", ese municipio, decíamos, empezó a cambiar.
De a poco regresó la politiquería, que tanto le habían criticado al peronismo ciurquista, volvió la rosca, se instaló el marketing para imponer la imagen de un Orozco que batía el parche con su deseo de ser gobernador por Cambia Mendoza, y empezaron a conocerse, primero vía chimentos, y después mediante hechos concretos, asuntos que daban mala espina y que hoy ya se ventilan en estrados judiciales.
Esta semana él y su esposa han sido imputados por posible fraude al municipio. Y se adelanta que no será la única medida judicial que le traerá problemas a la pareja. El matrimonio ha sido conminado a no salir del país y a entregar sus pasaportes. Como para socializar las culpas, el intendente dijo que si en el municipio cometió algún error hay que hacer responsables a los que revisan y filtran los papeles que él firma, en particular responsabilizó al Área Legal.
El poder es una droga de las permitidas. Y Orozco no quiere dejarla. El domingo pasado se fue a Buenos Aires al búnker peronista para festejar el triunfo del tigrense Sergio Massa en la primera vuelta de las presidenciales. Que la neutralidad la practiquen De Marchi y Cornejo.
Lo dicho: un osado con chimi.








